En sus manos reposaban las medallas que daban crédito a las hazañas en el exterior. Y aunque no se conocían, llegaron juntas a la cita.
Coincidieron en sus trajes: bluyines y camisetas blancas, además de la frescura de sus rostros que decoran con sonrisas. Con 17 años, la gloria deportiva les llegó pronto y aspiran a seguir cosechando trofeos en nombre de Colombia. Fabriana Arias y Melissa Castrillón son dos representantes de una generación que da ejemplo de disciplina y constancia.
Fabriana, patinadora, viene de ganar cuatro títulos en el Mundial de Italia. De cejas tupidas, ojos cafés y cabello castaño y largo, asegura que tiene aplazado su proyecto de estudiar Fisioterapia en la María Cano, pues los compromisos deportivos le han impedido presentar las pruebas del ICFES.
Aunque su especialidad no son las maratones, está dispuesta a oír ofertas para irse a correr al exterior, luego de asistir a su segundo mundial.
Sus inicios sobre las ruedas fueron en el patinaje artístico, cuando tenía cuatro años. Pero un día la llevaron a un torneo en El Retiro que resultó ser de carreras, y le fue tan bien que decidió quedarse en esa especialidad que, aparte de triunfos, viajes y reconocimiento, ya le dio un apartamento gracias al Municipio de Envigado, del que es habitante en el sector de El Salado.
Sus papás Fabián Arias (extaekondoga) y Patricia Pérez, así como su hermano Santiago (12 años), son la motivación de esta joven cuyo esfuerzo hizo que en el himno de Colombia sonara cuatro veces en Italia.
Melissa es menos extrovertida, pero igual de amable. Delgada, de ojos y cabello negro, esta habitante del barrio San Marcos (Envigado) acaba de conseguir en Estambul la segunda medalla de plata en una Olimpiada para el ajedrez colombiano (la primera la logró Teresa Leiva, en 1982). Inclusive y para no arriesgar esta presea, aplazó la posibilidad de obtener la norma de Gran Maestra. “Podía pasar a la otra ronda, pero ponía en riesgo el segundo lugar que era un logro muy grande”.
En su niñez practicó karate, natación y baloncesto, pero el juego ciencia la cautivó. “Es emocionante poner a funcionar la mente todo el tiempo”, dice en alusión a las partidas que tardan 4 y 5 horas.
Cursa el segundo semestre de Administración de Empresas en Eafit, donde está becada. Sus padres, Iván Darío Castrillón y Teresa Gómez, y su hermano Julián (11 años) padecen las ausencias de Melissa cuando se va a los torneos, pero saben que ella lo disfruta. En noviembre se irá para Rusia a la Copa Mundo, donde la espera otro mundo por descubrir.
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