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Hicieron sentir el equipo otra vez en casa

El público volvió a ser determinante en la victoria de Colombia. Los casi 60.000 hinchas empujaron demasiado y por eso están de fiesta en Brasil.

  • FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ, enviado especial a Brasilia, Brasil
    FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ, enviado especial a Brasilia, Brasil
19 de junio de 2014
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El reloj marcaba las 12:00 de la noche de Brasilia y desde el piso 21 del hotel se escuchaba el coro: “Y ya lo ven, y ya lo ven, somos locales otra vez”.
Los responsables eran los miles de colombianos que se tomaron las calles de la sorprendente Brasilia, donde todo es hermoso e imponente, desde los jardines hasta la Catedral Metropolitana.
 
Llegaron las 6:00 de la mañana y ese coro iba sonando más fuerte y no dejó de sonar. Faltaban dos horas y ya Sergio Restrepo, un envigadeño, hacía parte de la multitud que inyectaba positivismo. Dijo que se ganaba 2-0, no acertó, pero culminó feliz, porque animado por las trovas de los Manguitos fue testigo de la victoria.
 
A las 11:00 de la mañana abrieron las puertas del estadio Mané Garrincha, nombre de una de las tantas leyendas del fútbol brasileño, y el coro sufrió una adaptación. Ya se escuchó “Yo ya lo vi, yo ya lo vi, somos locales en Brasil”.
 
Todos se inventaban algo con la única intención de “animar y hacerles sentir a los muchachos que no están solos en el Mundial”, resaltó de manera efusiva Tomás Domingo Mosquera, un abuelo chocoano que se vino con la caravana paisa.
 
En el estadio la intensidad no bajó, allí las trompetas, la mancha amarilla, los coros, el Himno Nacional otra vez completo y el aroma de café se hizo más evidente. “Vamos a golear 3-1” fue el presagio de Alirio Sánchez, mientras iba rodando el balón ante Costa de Marfil, que con Gervinho asustó mucho y cuando entró Didier Drogbá se vio más peligroso porque Yaya Touré tuvo con quien jugar.
 
“Estamos de locales y tenemos que marcar diferencia”, recalcó el también paisa Francisco José Arbeláez mientras esperaba el 2-0 que se había soñado en la torre de la televisión, el único lugar de donde se puede divisar todo Brasilia, y se pegaba al coro del “sí se puede, sí se puede” que apareció en el segundo tiempo ante la resistencia de los africanos.
 
Cuando el partido iba 2-0, como lo visualizó don Pacho, con los tantos de James Rodríguez (64') y Juan Fernando Quintero (70') la ola hacía temblar el Mané Garrincha, las trompetas ensordecían, el sombrero vueltiao lucía más, el amarillo de las camisetas combinaba con el sol, que fue intimidado por la luna que también quiso ver el buen partido mundialista.
 
Hubo que sufrir y muchos comieron uña por el descuento de Gervinho (73), pero la afición nunca paró de animar y con las rechiflas les hizo imposible la concentración a los marfileños y envalentonó a los colombianos para que se llevaran el merecido triunfo 2-1 que alargó el carnaval de cumbia en Brasil.
 
Porque el “y ya lo ven, y ya lo ven, somos locales otra vez” no dejó de sonar en Brasilia y aún retumba hasta en la imponente Catedral Metropolitana, gracias a que las 60.000 personas no pararon de celebrar, se la pasaron diciendo con orgullo “somos colombianos” y fueron premiadas con un “gracias por ese apoyo” del entrenador José Pekerman y mucho sentimiento de los mismos jugadores que apenas vencieron a Costa de Marfil se la pasaron varios minutos aplaudiendo y mandando besos hacia la tribuna a manera de agradecimiento por hacerlos sentir en casa otra vez.

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