El Papa Benedicto XVI recibió esta semana en audiencia privada a Íngrid Betancourt, quien posteriormente ofreció un valioso testimonio de lo que ha sido su itinerario espiritual, pues hasta febrero del 2002 ella reconoce que era una mujer de poca fe.
Dios fue actuando de manera discreta en su alma a lo largo de los casi 7 años de cautiverio en poder de las Farc, hasta que llegó a descubrir en su vida la presencia y el amor de un Dios misericordioso.
Cito: "Hay muchas personas que están enojadas con Dios y no quieren creer y tantas personas a quienes les da vergüenza creer en Dios. Yo lo único que les puedo decir es que hay alguien que nos oye y nos habla con palabras y que si nosotros entendemos cómo hablarle a Él,
Él nos va a ayudar". Las palabras de Íngrid son una toma de conciencia para el mundo de hoy que cada día se rebela y se aleja más de Dios y construye su propia felicidad al margen de la vida de fe y de la gracia. Que no tengamos que irnos lejos para ver de cerca los milagros que se realizan a cada instante en nuestras vidas.
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