No es durante la administración del actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, cuando el organismo ha perdido su prestigio, pero sí cuando se ha hecho más evidente su falta de coherencia con los principios democráticos que dice defender.
No son pocos los casos recientes en los que la OEA ha demostrado su ineficiente operatividad y el poco liderazgo frente a los problemas de gobernabilidad en la región. Basta con recordar el pobre papel que jugó durante los hechos que terminaron con el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras y la pasividad que ha ejercido respecto de los atropellos e insultos de Hugo Chávez.
Y para rematar la faena de desaciertos, a Insulza le dio por decir que con las elecciones del domingo en Nicaragua triunfaron la democracia y la paz. Como si la reelección de Daniel Ortega no se hubiera conseguido torciendo los principios de la propia Constitución nicaragüense. Una lástima.
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