Donde antes había monte y rastrojo, ahora hay un parque, con senderos, bancas para sentarse a charlar y árboles gigantes que se mecen y son refugio de aves y ardillas.
Un lugar natural enclavado en una de las zonas más congestionadas: El Poblado. Es el Parque Ambiental La Frontera, un espacio que antes, en lugar de unir comunidades, las separaba, era rastrojo y cargaba un pasado oscuro. La quebrada La Paulita era la barrera. Hoy es la que une.
"Menos mal no hicieron un centro comercial o más apartamentos", dice una visitante del parque, ubicado en la calle 18 sur con la avenida El Poblado, sector El Diamante 2.
Y menos mal, también, el sitio dejó atrás la historia que lo ligaba al extinto Pablo Escobar , pues en el lote había un inmueble del capo y era sitio de reunión con sus aliados. La casa sigue allí, pero ahora es sede de una comunidad terapéutica.
La Frontera, que hace poco terminó de construirse, recuperó para El Poblado otro pulmón verde. En el proceso de ejecución, la comunidad estuvo pendiente y la decisión de lo que se hizo fue concertada en un proceso de duró 5 meses.
Mesa Ambiental
Un papel protagónico lo cumplió la Mesa Ambiental de El Poblado. La primera reunión para decidir qué propuesta ejecutar se realizó en agosto de 2009, recuerda José Fernando Álvarez , líder de la Mesa.
"Se propusieron muchas cosas, un parque infantil, un lugar para eventos culturales o un pequeño Arví y se decidió el parque así como quedó", dice José Fernando, quien se siente satisfecho y pide que Alcaldía y Policía brinden seguridad.
Y es que algunos ya habían tomado el parque, recién terminado, como refugio para el consumo de drogas. "Este lugar es comunitario, para estar en familia y no se lo deben apropiar drogadictos", sostiene el líder. Reconoce que aunque la ley no prohibe la dosis mínima, sugiere que hay lugares públicos no aptos para el consumo.
Y tiene razón. Nada más familiar que La Frontera. La imagen más común que ya se ve los fines de semana es la de familias enteras, niños y adultos, caminando por sus senderos.
En una zona invadida por miles de carros que circulan todo el día, tener un espacio para escuchar el canto de 29 especies de aves y apreciar más de diez clases de mariposas que revolotean por entre los arbustos y jardines, es como haber ganado un patrimonio.
Por eso es la comunidad la que debe apropiárselo, sugiere José Rincón , entomólogo y biólogo residente en El Poblado, quien valora este refugio.
"El parque debe ser lo más natural posible. Está bien sembrar jardines ornamentales, pero hay que conservar la vegetación natural para que las especies sigan en su hábitat".
El espacio está sembrado de guaduas gigantes que forman arcos y proyectan sombras. Antes abundaron eucaliptos. Con los que se talaron se hicieron las bancas donde la gente puede sentarse a escuchar el sonido de la naturaleza. En otro sitio se sembraron plantas aromáticas. El acceso es un camino natural. Pronto habrá un mariposario.
Por ahora está libre, pero se adjudicarán espacios a entes privados para montar cafetería, restaurante y biblioteca. Aún no hay propuestas claras y el proceso tardará meses, dice Simón Molina , subsecretario de Planeación de la Secretaría del Medio Ambiente, la encargada del sitio.
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