<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
La historia de Estefanía, el amor de Betancur
  • La historia de Estefanía, el amor de Betancur | Estefanía es ciclista aficionada. FOTO RÓBINSON SÁENZ
    La historia de Estefanía, el amor de Betancur | Estefanía es ciclista aficionada. FOTO RÓBINSON SÁENZ
Por JOHN SALDARRIAGA | Publicado el 29 de mayo de 2013

A los 16 años, cuando conoció a Carlos Alberto Betancur Gómez, un escuálido ciclista aficionado, Estefanía Restrepo Villa pensó: "¡yo no me voy a meter con este calentado…".

Con esta frase marcaba su rechazo hacia ese muchacho que, la primera vez que la vio, en el centro recreativo Balandú, de Jardín, dejó a la chica con la que había ido a pasar la tarde en la piscina, por seguirla a ella. El mismo que desde ese momento no le perdió movida por más de tres meses.

Estefanía se sienta a hablar en una silla de la Alcaldía de Jardín. Álvaro Carvajal, el alcalde, dice que admira la relación de Carlos y Estefanía, porque viene desde tiempos en que ambos eran casi unos niños y era imposible saber que él triunfaría.

Estefanía explica ese asunto del "calentado": "Carlos Alberto es un hombre bello, de cara bonita y cabello rubio, y yo creía que si lo aceptaba, comenzaría una vida de sufrimientos, pues muchas mujeres irían tras él". Pelear con medio pueblo. Y ella no estaba dispuesta a tal cosa… Pero sería por la perseverancia de él que ella dio el brazo a torcer.

Y lo describe como un hombre sencillo, que llega un día a las once de la noche a Jardín, después de una ardua temporada ciclística en Europa, y al otro día se levanta a las siete de la mañana y, sin bañarse todavía, con chanclas y despeinado, sale a la calle en el sector Dulces de este municipio del suroeste, a hablar con la dueña de la famosa dulcería que le manda mermeladas al Papa, o al taller de bicicletas del pueblo, donde se ha sentado con todos los ciclistas de la zona desde que era niño, a conversar un rato, como si fuera el mismo muchacho pueblerino de siempre.

Este chico pueblerino, cuenta ella, participa en la clásica Jardín, con el mismo deleite que en el Giro o en la Vuelta a España. "Cuando está en competencia, lo veo por televisión. Sufro cuando se cae. ¿Sabe que se cayó dos veces en el Giro? Pero él es muy valiente: parece que se levantara con más pasión por el ciclismo. Él, definitivamente, nació para eso".

Esta última frase, nació para eso, queda explicada enseguida. De niño, criado en el cerro El Manzanillo, de Ciudad Bolívar, buscaba cualquier excusa para no trabajar en el campo, cogiendo café, por irse a montar en bicicleta. "No puedo coger café, porque me dan uñeros", le decía a su padre, Ignacio, y tomaba la cicla que le regaló su tía y echaba a rodar montaña abajo.

Y él contagió a Estefanía su pasión por la bicicleta. Ella, en el colegio, era voleibolista. Él le regaló una de montaña hace años y desde entonces la ven entrenando en compañía de su amiga Johana Cuervo, en recorridos que pueden ir hasta Andes, la entrada de Hispania o por la vieja ruta a Riosucio, aunque este trayecto no le gusta mucho a "La Ronca", es decir, a Carlos Alberto, porque tiene parajes solitarios y, en caso de alguna caída, se le dificultaría mucho el regreso. De modo que no lo frecuenta.

Los planes y los sueños
Revela que a él le gusta comer de todo. Que más fácil resulta decir qué no le gusta: "el apio". Que el pedalista es tan negociante, que no sabe cómo no la ha vendido a ella. Que tienen planes de llegar a vivir a Sabaneta en un apartamento que aún está en construcción. Que ella viajará este año a los mundiales de ciclismo, en Italia, si le dan la visa, lo cual le gustaría, porque conocería la casa donde él vive. Está ilusionada con tal viaje para celebrar los cumpleaños de ambos: el de ella, el 23 de septiembre; el de él, el 13 de octubre. Que ella estudiará Fisioterapia deportiva a partir del año próximo, en la Universidad María Cano. Que no le agradaría vivir en Europa, porque vería menos a "La Ronca": actualmente, él viene varias veces al año a hacer sus preparaciones y se queda en casa, la del sector Dulces. En cambio, si ella se fuera a vivir al Viejo Continente, habría de trabajar, cómo no, y su trabajo no le permitiría venir a encontrarse con él a su tierra.

Salimos de la Alcaldía. En la calle hay circuitos ciclísticos juveniles en la celebración de los 150 años de Jardín. Una multitud se revuelve de un lado a otro, jueces llaman la atención para que los aficionados no se atraviesen. Estefanía exclama: "¡ahí está doña Piedad, la mamá de Carlos… ¿No la ve? Está al pie de la meta. Es que en el circuito hay un hermanito de Carlos".

Vamos a saludarla. En breve llega Ignacio, el papá del ciclista. Están felices porque la hija, Paola, acaba de ganar el certamen entre las mujeres; le dan ánimo al muchacho que pasa en ese momento en una bicicleta muy grande para su talla, y están confiados en que los dos segundos que le tomó el polaco a Carlos en el Giro, su hijo los pueda descontar en las siguientes etapas, para quedarse con la camiseta de campeón novato.

"Durante el Giro, poco he trabajado en la motorratón -dice Ignacio, refiriéndose a la mototaxi con capota en la que transporta a personas por las calles del municipio turístico-. Se me va la mañana viendo la carrera y me da pereza salir a mediodía".

Estefanía se queda a ver a los competidores. De pronto, su suegro señala con su índice derecho a un niño de unos cinco años que está parado junto al lazo que evita que los espectadores invadan la vía, para decir: "cuando Carlos comenzó a participar en este tipo de circuitos, estaba más chiquito que este muchachito".