Le dicen a Santos que Angelino es el responsable de su baja en las encuestas y le piden que cambie de fórmula a la vicepresidencia.
La campaña empezó con insinuaciones de la prensa y ahora está en boca de dirigentes políticos que fungen como voceros del Palacio de Nariño. Quieren que antes del 8 de mayo caiga Angelino.
Quizás es Angelino quien tiene menos responsabilidad en la caída de Santos y el ascenso de Antanas Mockus.
La gente está buscando un cambio en las riendas del gobierno, pone ahora el énfasis en la lucha contra la corrupción y la politiquería, está fijando la atención en los temas sociales, está prefiriendo la decencia a la seguridad. Ninguno de estos valores o temas los encarna hasta el momento Santos.
Juan Manuel Santos insiste hasta la saciedad en la continuidad; apela al miedo en sus estrategias publicitarias para resaltar la necesidad de mantener como principal bandera la seguridad; es blanco él mismo de innumerables acusaciones y críticas por acciones u omisiones indebidas en el ejercicio de gobierno; se ha rodeado de buena parte de los caciques políticos acusados una y otra vez de politiquería y corrupción y funda su fortalecimiento en sonsacar viejos dirigentes de las demás toldas partidistas.
A Angelino Garzón se le pueden hacer muchas críticas por su transfuguismo político y su adhesión a fuerzas que en otro tiempo fustigó con ardentía. Se le pueden hacer reclamos por la defensa que hace ahora de un gobierno que ha golpeado sin misericordia el sindicalismo que ayudó a forjar en medio de persecuciones y afrentas de quienes ahora son sus compañeros de campaña.
Pero si alguien representa algún cambio, si alguien representa algo nuevo en la agrupación política que acompaña a Santos, ese es Angelino. Es una persona que, al lado del apoyo a la seguridad democrática, insiste en la necesidad de tender puentes para buscar una negociación con la guerrilla; es un hombre que aún no ha sido vinculado a escándalos de corrupción; es un líder político que proviene de las filas de izquierda y en su discurso denota un gran compromiso social.
Fue eso lo que movió a Santos a llevar a Angelino como fórmula presidencial. Quería marcar terreno frente Uribe y enviar una señal de que intentaría hacer cosas distintas a las del actual gobierno. Pero ha sido una señal muy débil, porque el resto de acciones y propuestas están calcadas de las iniciativas que a lo largo de ocho años ha desarrollado Uribe.
Los males que le están cayendo encima a la campaña del que hasta apenas unas semanas era el seguro presidente de Colombia no se los pueden achacar a quien en realidad representa una de las virtudes de esa fuerza política.
En vez de mirar hacia Angelino, Santos debería intentar un viraje rápido de su campaña. En lugar de hablar una y otra vez de continuidad debería hacer énfasis en las transformaciones.
También poner el ojo en la lucha contra la corrupción y no dedicar sus esfuerzos en aglutinar a su alrededor a toda esa horda de politiqueros que sacian sus ambiciones echando mano de los recursos públicos. Igualmente defender la política de seguridad, pero dejar clara la necesidad de renovar esta política buscando la reconciliación del país.
En esos puntos Angelino podría prestarle un gran servicio. Porque hasta ahora el papel del candidato a la vicepresidencia ha sido tratar de atraer a sectores del mundo social y sindical que difícilmente acamparán en esa campaña y que si lo hacen aportan muy pocos electores.
También debería el candidato Santos frenar en seco la propaganda negra y la guerra sucia que se está tejiendo en su lado para desprestigiar a Mockus. La sospecha de que JJ Rendón, el famoso asesor del Partido de la U en el 2006, está detrás de estas maniobras le hará mucho daño a Santos con el paso del tiempo pero, sobre todo, enturbiará de modo espeluznante la actual campaña política.
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