Que a Jorge Luis Borges debieron darle el Nobel, eso es moneda corriente; especular sobre el tema es una costumbre que sabe tener la gente.
Y con esta parodia a la Milonga de Manuel Flores, del escritor argentino, nos metemos como la gente, a especular sobre el asunto, a propósito de la entrega del reconocimiento en Literatura en la madrugada de este jueves.
Aunque los premios, ni siquiera el Nobel, hacen mejor a un escritor y no otorgárselo tampoco lo hace menos bueno.
Al indagar, algunas personas coinciden en decir el nombre de Julio Cortázar, como gran ausente en esta lista que comenzó a elaborarse en 1901. Y como eso tiene que ver con los gustos, otros mencionan (mencionamos) a Truman Capote, el de Música para camaleones —quien hablaba de la diferencia entre escribir y escribir bien; y otra entre escribir bien y el arte verdadero, que él alcanzaba—. Y no pocos califican de "injusticia" no habérselo otorgado a Franz Kafka, tan influyente.
Quienes van más atrás, recuerdan a los rusos León Tolstoi y Antón Chéjov. Por Guerra y Paz, claro, opinan unos; no, por Anna Karenina, en el caso del primero. Por ser el mejor cuentista del mundo, coinciden muchos, en el de Chéjov, quien no tenía tanta vocación como talento: "La medicina es mi esposa legal; la literatura, solo mi amante", solía decir.
Milán Kundera, otro que se va volviendo clásico, no solo por su calidad, sino en esto de ser citado entre quienes recibieron "el desaire" de la academia sueca, acaba de recordarles a los señores académicos que él existe y sigue creando, con su novela La fiesta de la insignificancia.
"Creo que nadie como Joao Guimaraes Rosa —dice Juan Diego Mejía, autor de Era lunes cuando cayó del cielo—. Cada palabra que escribe en El gran sertón muestra un mundo grandísimo". Así son las primeras líneas: —Nonada. Los tiros que usted ha oído han sido no de peleas de hombres, Dios nos asista. Apunté a un árbol, en el corral, en el fondo del barranco. Para estar en forma".
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