Apenas empieza la campaña política y ya están al orden del día las malas palabras, las descalificaciones. Que aquel aquello, que aquella eso...
Por qué no hay algo de sensatez, de respeto. Quisiéramos tesis, argumentos. Nada de descalificaciones vulgares. De pobreza crítica, cero.
Vamos a estar convencidos de que cada cosa que hacen, que dicen, que ejecutan las campañas, son decentes, son verdaderas. No estamos dispuestos a aceptar esta beligerancia radical, dañina, indignante. Por favor, no faltaba sino que en un país de ciegos la verdad sea tuerta.
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