Hace unos dos mil años, el emperador romano Marco Antonio otorgó el título de rey a un extranjero llamado Herodes el Grande que era enemigo irreconciliable del pueblo judío. Ese rey marcó para los judíos un período de terror y tiranía, consideraba como adversario a cualquier persona que sobresaliese por sus cualidades, imaginándolo como un posible rival y por tanto, un adversario. Hizo matar a su esposa Mariamna, a tres de sus hijos y a cualquiera que conspirara contra él.
Cuando ya era viejo y estaba amargado por sus crímenes, llegó a Jerusalén una caravana venida de Oriente que preguntaba por el "rey de los judíos que acababa de nacer", inmediatamente fue presa de una tremenda inquietud porque consideró amenazada la estabilidad de su reino y ordenó que con celeridad fueran muertos todos los niños nacidos en Belén de dos años para abajo.
Esto que hoy nos parece una gran monstruosidad, no solo no ha desaparecido sino que las leyes que lo amparan en muchos países del mundo, permiten seguir matando a miles de criaturas que todavía no han nacido. Ahora se le llama interrupción voluntaria del embarazo pero el resultado es el mismo de siempre: la muerte de un ser inocente e indefenso.
Esta situación está provocando por un lado una menor natalidad y por tanto, una disminución de gente joven y un aumento de gente mayor a la que hay que atender y pagarle la jubilación. La solución que propondrá pronto el actual gobierno de España es legalizar la eutanasia a la que llamarán "muerte digna" para poder también matar a los viejos que ya no pueden producir.
Me parece que va siendo hora de cambiar esa mentalidad de muerte y destrucción, para crear una corriente basada en principios, y en una cultura de vida normal que esté de acuerdo con la naturaleza humana.
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