<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
Los tubos rotos de Argelia tienen los días contados
  • Los tubos rotos de Argelia tienen los días contados | Los daños en la tubería son frecuentes bajo las calles de Argelia. Las reparaciones implican suspensión en la prestación del servicio y disminución de la presión para los usuarios. FOTO DONALDO ZULUAGA
    Los tubos rotos de Argelia tienen los días contados | Los daños en la tubería son frecuentes bajo las calles de Argelia. Las reparaciones implican suspensión en la prestación del servicio y disminución de la presión para los usuarios. FOTO DONALDO ZULUAGA
Por JOSÉ F. LOAIZA BRAN | Publicado el 17 de agosto de 2013

Con más de 60 años enterrados bajo las faldas de Argelia, en las montañas del Oriente antioqueño, los tubos del acueducto ya no aguantan la presión mínima y dejan escapar el agua, que corre bajo lo que queda de las calles de concreto sin llegar muchas veces hasta las llaves abiertas de las casas.

Un boquete se convierte en un pozo en cualquier esquina del pueblo y aflora entre las piedras el agua que Yorladys Arango y sus hermanos requieren desde que se levantan para el baño y que en la casa hace falta también para hacer de comer y para la limpieza.

Así, desde temprano empieza el desfile de las tres muchachas y el jovencito, cada uno con una olla o un balde en la mano, de ida y vuelta hacia una casa vecina que tenga el servicio de otro entre los siete acueductos que tratan de surtir el pueblo, o que esté más baja en la loma, donde alcance a subir el beneficio del agua, que de todas formas no es potable en un cien por ciento.

Metido en medio del hueco, con botas pantaneras de caucho y sombrero de ala ancha para evitar el sol en la cara, Antonio Pérez, el fontanero de la Empresa de Servicios Públicos de Argelia de María (Espam) busca en el fondo del agua turbia el origen de la corriente. Es el quinto daño que atiende en una semana y aún no está muy convencido de que al arreglarlo, el nivel del tanque de almacenamiento suba siquiera hasta la mitad de su capacidad.

Al cabo de 20 o 30 viajes que dice Yorladys que completan ella y sus hermanos en un día, llenan las canecas grandes y todos los contenedores que puedan para tener agua en la casa. De allí, pasan a montar al fogón y hervir una buena cantidad que sea para tomar.

—No se sabe cuánto pueda demorar el daño —dice Yorladys, que acaba de vaciar una ollada de agua en una caneca azul al final del corredor de cemento liso—. La otra vez que se rompió un tubo, completamos casi un mes sin agua —cuenta.

Los tubos de la red de acueducto, que según el gerente de Espam, Bernardo Giraldo, pueden llegar a unas 300 viviendas del casco urbano, son de asbesto-cemento. Apunta que ya están en desuso hace décadas para este tipo de redes.

Las tuberías que hoy presentan una fragilidad extrema son anteriores a la erección del municipio en 1960, de cuando el poblado era corregimiento de Sonsón.

A finales de julio el ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao, incluyó a Argelia en un listado de ocho municipios antioqueños en los cuales se construirán nuevas redes de acueducto y alcantarillado.

La directora de Agua Potable y Saneamiento Básico de Antioquia, Isabel Cristina Vargas, explica que el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado en Argelia, cuenta con recursos por 1.556 millones de pesos. De este presupuesto, 1.188 millones los aporta la Gobernación, mientras que el municipio pone su parte con 368 millones.

Para comenzar las obras, que en principio tenían como meta el primer semestre de este año espera "que el Ministerio envíe la carta de viabilización". Después serán tres meses en el proceso de contratación por licitación.

Advierte que Argelia es un municipio atípico en la prestación del servicio, con siete acueductos, de los cuales solo el de Espam es legal. Que Cornare ya ha observado irregularidades en la informalidad y ha hecho requerimientos sobre la situación.

Además del acueducto de la Espam, en Argelia operan los de San Tropel, Dos Quebradas, La Cueva del Amor, Las Tomasas, El Roble y La Independencia.

La funcionaria señala que serán 5.910 metros lineales de redes nuevas, desde la bocatoma del acueducto, llegando a la totalidad de los hogares.

"Vamos a garantizar cobertura, calidad y continuidad del servicio durante las 24 horas. Con tratamiento de potabilización y con micromedición del consumo" anuncia.

Además el plan contempla el fortalecimiento de la empresa de servicios públicos, para garantizar que la inversión sea sostenible en el tiempo.

La alcaldesa de la localidad, Flor Dey Granada Valencia, también es optimista frente al plan.

"Este logro significa dos avances importantes en el progreso de Argelia, primero, agua cien por ciento potable para los ciudadanos del casco urbano y segundo, quedan listas las calles para su pavimentación", señala.

Reportes del Hospital San Julián, de Argelia, confirman la reiteración en la población de enfermedad diarreica aguda, así como diversas enfermedades infecciosas asociadas al consumo de agua que en la localidad no cumple con las condiciones sanitarias, incluso hepatitis.


Antonio, el fontanero, lleva apenas unos meses rompiendo las calles a pico y pala persiguiendo cada fuga del agua. También tiene un negocio de fotografía y marquetería. Señala que retomó este oficio, que desempeñara en el pasado cuando el servicio lo prestaba Acuantioquia, de manera provisional y planea volver pronto a su negocio.

—En esto se suda mucho —dice.

En medio de la pendiente por la que suben en contravía los buses que van a Medellín, paralela a la calle del Hospital que es intransitable por completo y que evitan hasta las ambulancias, se detiene un momento y señala un par de casas.

"En estas casas tienen que cerrar la llave del sanitario para que la presión, que llega por chorros, los deje dormir". Sostiene que en una llave que hay a esa altura, que sirve para monitorear la presión, el chorro es apenas una lagrimita.

"Y desde esta casa —dice al llegar a la esquina— empiezan a sufrir porque no sube el agua".

La gente lo saluda con la mano al pasar, le hacen señales —Qué hubo, ¿nada del agua? —pregunta un hombre afuera de su casa.

Unos metros más arriba, camino de la planta de tratamiento y almacenamiento del acueducto, sobre un costal extendido en el suelo se seca café. Hasta allí llega la calle y sigue un camino empedrado, apto para mulas. Se siente el rumor del agua que corre del río.

Para retener de algún modo las piedras que cubren el tubo que conduce el agua, expuesto al paso de las bestias, Antonio construyó una especie de escaleras atravesadas en medio del camino.

El sistema automatizado de tratamiento del agua lo destruyó un rayo hace poco, y aunque el agua es tratada, no es potable al cien por ciento. El servicio se presta durante 16 horas del día.

Rotos, como los que están bajo tierra, los tubos que reciben el agua del río están remendados con parches de costales sintéticos, atados con cuerdas templadas.