Aunque a muchos les estorbe, les atemorice y hasta les dañe el diciembre, la lucha contra la pólvora prácticamente sólo puede darse desde lo cultural, pues policialmente es complejo combatir su uso.
Para empezar, la Ley 670 regula su uso, pero no prohibe su venta en recintos cerrados. En su artículo 7 prohibe totalmente su venta a menores y a personas en estado de embriaguez. También prohibe totalmente la fabricación, manipulación y comercialización de la que contenga fósforo blanco, tipo tote.
Por eso la pólvora, cada fin de año, no deja de sonar. Y por eso anoche, diciembre fue saludado con la tradicional "alborada" y la pólvora se oyó al unísono por todos los rincones del Valle de Aburrá.
"La lucha contra este flagelo es compleja, porque ni siquiera se pueden hacer allanamientos a inmuebles donde esté almacenado", aclaró el capitán Henry Muñoz, oficial de la Policía a cargo del control operativo contra este elemento.
Añade que a los adultos que la estén quemando sólo se les puede decomisar, pero no hay lugar a retención ni a otra sanción, a no ser que afecten a terceras personas.
A los menores sorprendidos estallándola se les decomisa y pueden ser conducidos al Icbf para que los padres acudan a reclamarlos y responder por permitírselos.
"Hay multa económica y hasta les pueden quitar a los niños", recalcó Muñoz.
No empezó ayer
Pero los estallidos no empezaron esta medianoche. Hasta ayer ya al Hospital San Vicente habían llegado tres quemados con este elemento, confirmó el médico pediatra Juan David Muñoz.
Los heridos fueron dos niños y un adulto, ninguno de suma gravedad, pero que al fin y al cabo resultaron afectados en su integridad física.
El galeno recuerda con tristeza que el año pasado un niño perdió tres dedos de una mano porque le estalló un taco que manipulaba.
También recordó a otro que murió porque se tragó tres totes, "estos dañan el hígado y hay que trasplantarlo ligero", recalcó.
Cada año, las chispitas mariposa dejan a muchos niños ciegos o con lesiones en los ojos, "aunque cada vez son menos", admitió Muñoz.
Las heridas con pólvora son graves, "porque produce mucha necrosis, daña el tejido y se pueden infectar muy fácil", sobre todo, cuando la gente atiende ella misma al paciente con pomadas y líquidos por evitar una sanción de la Policía si acuden a un hospital.
El cambio se debe dar desde lo cultural, ya que lo policivo es tan complejo, resalta el capitán Muñoz.
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