Salvar una vida no tiene precio. Es un hecho, la accidentalidad en la Autopista Sur y la Regional ha bajado de manera considerable con la instalación de cámaras para controlar los límites de velocidad. La medida tiene tantos detractores como defensores, incluso en la campaña política no falta quien pretenda llenarse de votos apoyando a los que prefieren perder la vida en un segundo que un segundo en la vida.
Atendiendo las demandas de algunos ciudadanos conductores se decidió que las calzadas paralelas al río subieran su velocidad a 80 kilómetros por hora. Creemos que la decisión es relativamente sana, pues la aleja de las velocidades de muerte y, al mismo tiempo, la acerca al punto donde en una vía tan congestionada andar sin afanes garantiza la vida.
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