L a comitiva que los esperaba en la puerta era singular. No solo los aguardaban sus mamás, también había un mago, varios arlequines y otros personajes con sombreros de colores.
Tomados de las manos, con sus sudaderas y delantales de cuadritos, emprendieron la marcha hasta sus casas, al lado de sus compañeros de caminata.
Los niños del programa de la Alcaldía Buen Comienzo, que terminaron su jornada al medio día de ayer, bajaron por las calles de La Divisa, algunos dando saltos, sosteniendo unas pancartas, hechas por sus papás, en las que pedían que los dejaran crecer en paz y felices.
Ellos estrenaron ayer en la comuna 13 una nueva estrategia de la Alcaldía, las rutas escolares, para acompañar a los alumnos en sus trayectos hacia los planteles y, luego, a sus hogares.
Primero se harán con voluntarios y funcionarios de la Administración y con los días, se espera que la misma comunidad se sume. La idea es que se sientan protegidos y acompañados.
La semana pasada, cuenta Orlando Guzmán, sicólogo de Buen Comienzo, se había presentado deserción en los centros que atienden a los beneficiados de esta apuesta.
"Porque tienen derecho a crecer sanos, alegres y protegidos", gritaba un arlequín que pedaleaba su monociclo y que les decía adiós a los que comenzaron a salir de sus viviendas al paso de la caravana.
El grupo hizo una pausa, mientras una monita llamada Verónica, le amarraba un zapato a Llin, la mascota de los Juegos Suramericanos, que también estaba en el lugar. "Muy rico que vengan con nosotros, sobretodo, este pollito que está muy bonito".
Lo que dicen los habitantes
A medida que avanzaban, fueron dejando las pancartas exhibidas en los antejardines. Los buses que pasaban también recibieron una calcomanía con un mensaje que invitaba a respetar los derechos de los niños.
"Súper rico para fomentar la paz y para que nuestros hijos se diviertan", afirmó Viviana Espinal, que iba con sus dos niñas.
Así, van motivados a estudiar, complementó Suany Montoya, "y nosotras más tranquilas". Ella y Mariana, con sus dos trenzas, llegaron a su calle, cerca de la cancha.
"¡Chaooo, ya llegué!", expresó. Del sombrero del mago salió un conejo de peluche que la asustó y la hizo reír. Otro, con morral azul, se despidió también y comenzó a subir una loma de escaleras.
Ya en la cancha de La Divisa, un grupo de estudiantes de la Institución Estela Vélez Londoño, los esperaba. Allí, otra ruta iniciaría su marcha, la de La Quiebra. Una vez se saludaron, tomaron una vía hacia la derecha y, la otra caravana, continuó por la izquierda, hacia la estación Juan XXIII del metrocable.
Las cabinas volaban sobre ellos, en una imagen que también llenó de optimismo ayer a los habitantes de este sector de Medellín.
El grupo de Buen Comienzo se hizo más pequeño. Ya faltaban unos pocos por llegar. "Así, estos caminos son tranquilos, alegres y diferentes. Todos nos animamos, ojalá fuera más seguidito", manifestaron Cristina y Johana Millán.
Desde la estación, podía verse otra ruta que avanzaba más abajo. Iban con una chirimía, igual de colorida que la de los arlequines.
"Adiós", dijo el último. Hoy volverán a encontrarse para caminar juntos o, mejor, irse al ritmo de sus saltos, esos que se salen sin querer cuando hay alegría.
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