Ha descubierto la Policía que los combos delincuenciales, además de buscar "mano de obra" cada vez más joven, les imponen a los muchachos una obligación ominosa: no tener documentos de identidad (es decir, ni siquiera pedirlos) para así, en caso de ser capturados, dificultar al extremo su identificación. Está dentro de su lógica criminal no dejar huellas, no facilitar pistas.
Tenemos, entonces, que hay jóvenes que además de una vida lastrada por el delito, la ausencia de juicio moral y de sentido existencial, vienen a convertirse en una especie de "no-ciudadanos". No les dejan sus implacables jefes acceder a un derecho fundamental: tener una identidad civil. Al privarlos de ello, les niegan no solo su valor como personas, sino de miembros de la sociedad.
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