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HISTÓRICO
Pensiones para todos
  • Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
    Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
Andrés Felipe Arias | Publicado el 11 de marzo de 2011

En 1967, el Instituto de Seguros Sociales (ISS) entró a funcionar en pensiones de vejez, invalidez y muerte para todos aquellos trabajadores que no fueran empleados públicos. Estos últimos tenían su propio régimen de pensiones con Cajanal desde 1945. El régimen del ISS entró a funcionar como un sistema de prima media. En inglés esto se denomina Pay As You Go. Es decir: pague a medida que va pasando. Esto quiere decir que las personas que hoy están trabajando hacen aportes para pagar la pensión de quienes ya salieron del mercado laboral. Nótese que ese tipo de sistema nunca está financiado y depende de un crecimiento demográfico piramidal.

Cuando el sistema fue creado en Colombia (1967) se proyectaron aportes tripartitos (trabajador, empleador y Gobierno) y crecientes en el tiempo. La meta era alcanzar una contribución de 22% sobre el salario de cada persona en 1992. Pero el Gobierno nunca asumió los aportes y muchos empleadores evadieron. Tanto así que en 1992 la tasa efectiva de contribución por trabajador era sólo de 6.5% (y debió ser 22%).

Todo esto sin hablar de los regímenes especiales (Ecopetrol, Magisterio, Cajanal, etc.) que impusieron una carga enorme sobre el sistema pensional colombiano.

La Ley 100 de 1993 creó un sistema completamente financiado hacia el futuro -de ahorro individual- en el que la pensión de la persona depende de lo que esa persona pudo ahorrar y acumular. Pero el déficit que se arrastraba de atrás con el sistema de prima media nunca pudo corregirse y, por lo tanto, las reservas pensionales públicas se agotaron hace años.

Debido a esto, cada año el Gobierno debe desembolsar 22 billones de pesos para honrar las pensiones. Esto equivale al déficit fiscal de la economía colombiana. Así las cosas, si el hueco pensional no existiera, casi que podría darse una reforma tributaria en Colombia eliminando buena parte del IVA o del impuesto de renta. O, alternativamente, la inversión pública se podría casi que duplicar. En fin, el sistema presenta un gran desequilibrio originado en el pasado. Las generaciones que en este momento trabajan y son productivas no sólo tienen que ahorrar para su propia pensión, sin ningún tipo de apoyo del Estado, sino que, además, llevan sobre sus hombros, vía impuestos, las pensiones de las generaciones anteriores.

Pensiones que nunca fueron fondeadas completamente, ni por el Estado, ni por los empleadores, ni por los trabajadores. Pensiones que, además, dejan por fuera a la mayoría de colombianos en edad de jubilación, especialmente los más pobres.

En consecuencia, a futuro se requiere una reforma que haga sostenible y justo el sistema.

Una propuesta es que el Gobierno haga un aporte mínimo mensual (por lo menos 50 mil pesos) por cada colombiano que llega a los 18 años de edad y hasta que cumple 22. Ese ahorro individual, aunque parece poco, invertido durante 40 años a tasas de retorno conservadoras, garantizaría una pensión mínima a cada colombiano cuando tenga 62 años de edad.

Quien aporte más por su propia cuenta a lo largo de su vida laboral tendrá una pensión superior a la mínima. Pero en el peor de los casos, cada colombiano tendrá garantizada una pensión de salario mínimo. La inversión para el Gobierno no es exagerada y el beneficio social para los colombianos del futuro sería enorme.

Pero como esta propuesta hay muchas más, incluida la de aumentar la edad de jubilación a hombres y mujeres. Ello para darle sostenibilidad al sistema de ahorro individual, que hoy parece completamente financiado, pero que también podría colapsar por la mayor expectativa de vida de los colombianos.

Que empiece el debate.