Para hablar de poder y amor, como las bases sólidas de una paz duradera, regresó al país el reconocido facilitador canadiense de escenarios para resolver conflictos y crisis, Adam Kahane.
El analista, que ya había participado en la experiencia Destino Colombia, que entre los años de 1997 y 1998, realizó ejercicios encaminados a encontrar un escenario factible de paz y reconciliación, dialogó con EL COLOMBIANO. Kahane habló sobre su experiencia en el proceso de paz sudafricano y de cómo sería posible un diálogo en el país. De igual forma, presentó su último libro, Poder y amor, teoría y práctica para el cambio social , texto en el que colaboró el presidente de la República, Juan Manuel Santos, al escribir el prólogo.
Usted vive en Sudáfrica y pudo participar activamente en el cambio social que se vivió, ¿cómo fue el tránsito del conflicto a la democracia?
"Todos los conflictos son diferentes. Sudáfrica venía de un régimen colonial y fue atravesado después por el apartheid. Aunque había un conflicto nunca estuvo en guerra como Colombia. Había opresión. Es una nación donde sólo el 20 por ciento gobernaba al 80 por ciento. Las negociaciones comenzaron abiertamente en 1990 cuando Mandela fue liberado de prisión, pero la primera elección en que todos podían votar fue en 1994. Ese año fue una transición hacia la democracia".
El deporte en Sudáfrica, en este caso el rugby, fue un elemento integrador y un motor para lograr el acercamiento, ¿cree que en Colombia hay algún integrador que permita que el conflicto pase a escenarios de paz?
"El Mundial de rugby fue un gran momento para los sudafricanos y fue un gran ejemplo de lo que llamo en el libro, amor. La capacidad de lograr la unidad entre las partes. Fue un logro de Mandela al transformar este evento en un evento de esperanza. La pregunta que hay que hacerse en estos procesos, es ¿cómo cambiar? Me confunde en Colombia si el conflicto es un síntoma de que el sistema que no funciona, o si es una revolución, una actividad criminal o un problema de narcotráfico".
¿Cuál es el camino para lograr la solución del conflicto en Colombia?
"Siempre tenemos dos caminos, la fuerza o el diálogo. Básicamente se escoge uno de esos dos. Voy a cambiar la situación con la actividad militar o voy a hablar contigo. No es que uno esté bien y el otro esté mal, es una decisión política".
¿Qué le dejó la experiencia de Destino Colombia?
"Para mí, Destino Colombia probó que es posible tener un diálogo abierto y auténtico entre personas que no confían unas a otras y se tienen odio. Fueron nueve días de diálogo con las Farc, el Eln y las autodefensas. El método que se usó fue el de crear un espacio seguro, no sólo físico sino también intelectual y políticamente seguro. Allí podíamos a hablar, no de lo que se debía a hacer, sino qué es lo que realmente está pasando. El síntoma típico del conflicto es que no hay un punto de encuentro ni siquiera entre los civiles. Usted dice que es un problema criminal, yo que es un problema social, otros que es un problema internacional y nadie tiene la razón sobre cuál es el problema".
¿Qué tan fácil es llevar a actores permeados por el narcotráfico a los escenarios del diálogo?
"Siempre tienes la opción del diálogo o la fuerza. Debes elegir, pero a veces pasa lo siguiente, si puedo lograr lo que quiero unilateralmente, lo haré. Pero si no, no tengo otra opción más que dialogar. En Destino Colombia recuerdo las preguntas: ¿debemos incluir a los narcotraficantes? ¿debemos incluir a las Farc y el Eln? ¿Incluimos los sindicatos? Al final, el Gobierno y los narcotraficantes fueron excluidos, pero los guerrilleros fueron invitados. Allí surgió otro interrogante, ¿cómo deciden los organizadores quiénes son los actores legítimos? Cuando hay actividades criminales puede que la única solución sea la fuerza y la acción policial y militar. Nunca excluyo esa posibilidad pero estoy más interesado en el diálogo, directo y sincero".
¿Cuál es el papel del ciudadano en el conflicto colombiano?
"Son situaciones muy complicadas y muy importantes para dejárselas solo al Gobierno. Hay que fortalecer el papel del ciudadano para resolver problemas difíciles con soluciones agresivas. Hay tres sectores fundamentales en la solución de conflictos: los empresarios, el Gobierno y la ciudadanía".
Una de las grandes críticas es el funcionamiento del sistema judicial y la aplicación de las leyes para judicializar a los criminales y para reparar a las víctimas, ¿cómo hacer para que sean efectivas y para que haya un componente de perdón y olvido?
"Creo que una de las razones por las que este tema es tan complicado es que para avanzar se deben conseguir compromisos y en el tema de la justicia es fundamental. En Sudáfrica se ofreció amnistía a cambio de verdad y fue muy controversial. Mucha gente pensó que fue una idea terrible. La transición en Sudáfrica ha sido todo un desafío. Cada paso hacia la paz es un compromiso. Si puedes ganar eliminando a tu oponente, inténtalo. El problema es que eso casi nuca funciona y esos actos con el tiempo se te devuelven. En Colombia hay una tensión entre las personas que quieren justicia y las que quieren la paz. Ese asunto lo trato en el libro".
El presidente Santos continúa su lucha contra la guerrilla, pero reitera estar abierto a un diálogo verdadero, ¿cómo cree que el Presidente enfrenta el conflicto en Colombia?
"El diálogo jamás significa la rendición. Creo que él está intentando aplicar los dos caminos al mismo tiempo. Al parecer, los colombianos ya no creen en las Farc. El argumento entre las izquierda y la derecha en Latinoamérica es un asunto sin terminar. No hay una fórmula sobre cómo nivelar el éxito económico y social. En el libro utilizo una definición de amor que tiene que ver con la capacidad de crecer para unificar. El conflicto siempre va a estar presente. Tenemos conflictos económicos y sociales, pero hay que preguntarnos si las sociedades tienen la capacidad de resolver sus conflictos de forma pacífica, o si la sociedad siempre recurrirá a la violencia".
¿El poder del dinero es uno de los grandes obstáculos para la paz?
"El caso colombiano siempre será difícil porque la guerra se autofinancia. Usualmente las guerras se acaban porque a algunas de las partes se les agota el dinero. Lo que siempre me pregunto, en la guerra con el narcotráfico, es ¿cuál es el papel de Estados Unidos? Nadie lo discute. El dinero para ambos bandos viene de ese país. Creo que el problema narco que afecta no sólo a Colombia sino en una medida más severa a Centroamérica y México, no puede ser resuelto sin la intervención de E.U. En este tema, la criminalización de las drogas no está funcionando y ha creado toda una industria criminal".
Si Latinoamérica está en el mejor momento de su historia en términos de crecimiento, ¿por qué observamos tanto inconformismo con los gobiernos?
"Si tienes más dinero, tienes mayores expectativas y surgen movimientos como los indignados en Europa o Wall Street en Estados Unidos. Por eso, hay que entender que el conflicto está siempre ahí, la cuestión es cómo enfrentarlo. Alguien, alguna vez, me dijo que los disturbios en los barrios de inmigrantes en Inglaterra podían ser entendidos, no como una mala señal, sino como un buen síntoma, porque antes estaban muy asustados para protestar y ahora, tienen la capacidad y la voz para decir qué es lo que quieren. Hay que entender que con más voz vienen más conflictos".
¿Cómo hacer para que las personas se involucren en la solución de conflictos y no sean indiferentes?
"Creo que la indiferencia no es buena y en el libro uso la palabra amor para mostrar la esencia de estar conectados. En una sociedad donde no hay sentido de conexión, el resultado siempre será la fuerza. Todos hacen lo que quieren. Lo interesante es encontrar una acción simbólica que cree un sentimiento de unidad. Un indígena que abrió una conferencia en Vancouver (Canadá) dijo que 'no es sólo que estemos conectados, sino que de hecho somos uno' y dio un ejemplo muy simple, 'al final del día todos tendrán en sus cuerpos la respiración de todos los que estamos en este lugar'. Ese es un gran ejemplo, no es que debamos unirnos pues ya hay una unión. En una situación en que todos trabajan separados y sólo se preocupan por sí mismos, habrá una sociedad violenta".
En ese sentido, ¿la corrupción hace mucho daño?
"La corrupción es un buen ejemplo de indiferencia. No me importan las leyes ni ninguna otra persona, lo único que me importa es que estoy bien. Este libro está basado en una frase de Martin Luther King Jr., quien decía que 'el poder sin amor es peligroso y abusivo, el amor sin poder es sentimental y anémico'.
¿Cómo enrutar entonces ese camino que nos lleve a la paz?
"Lo que es importante es todos los instrumentos para la unidad. En este caso la cultura es uno, el sentido de la conexión y las leyes que son importantes para que las personas no hagan lo que quieran. No hay que comenzar con la solución del problema. Es incorrecta la frase de que si no eres parte de la solución eres parte del problema, más bien, si no eres parte del problema puedes ser parte de la solución. Cuando se comienza un diálogo no puedes sentarte a la mesa pensando que si las demás partes cambian, todo estará bien. Si todos nos sentamos a la mesa no puede ser alguien más, somos nosotros. Cuando yo entienda que puedo hacer algo diferente, la situación puede cambiar".
¿Cuál debe ser el papel de los medios de comunicación en el camino a la paz?
"Explicar y despolarizar. Amo los periódicos. Me encanta leerlos, sobre todo, las páginas de opinión. Me gustan las opiniones agresivas, pero no son útiles. Esta polarización y demonización, son enemigos del entendimiento. Creo que los periódicos serios tienen el papel de ayudar a que las personas reconozcan sus roles. También mostrar que hay verdad de ambos bandos y despolarizar. La demonización es un problema y si quieren un ejemplo extremo miremos a Venezuela. Una completa polarización y demonización. Esto es muy peligroso porque si yo creo que eres el demonio, debería matarte".
¿Cómo observa la relación entre los presidentes Chávez y Santos?
"No sé muchos detalles de esa relación, pero en general soy un tipo de diálogo y encuentro la demonización innecesaria y peligrosa".
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