Faltan 68 días para elecciones. En menos de dos meses tendremos la oportunidad de renovar concejos, alcaldías, asambleas y gobernaciones.
¡Gracias, democracia, por traernos de nuevo de tanto en cuento el chance de cambiar!
Pero, como esta tierra macondiana es experta en cosas raras, sencillamente, se prende el ambiente electoral y caemos en lo mismo de antes.
Como decía una amiga: "ahí vuelve el borrachito con lo mismo?".
Gracias a la posibilidad de llegar al poder por la vía del voto popular, un montón de personas tratan de pescar en río revuelto. Claro, es que la vuelta suena muy sabrosa: tener el dominio sobre recursos públicos bastante suculentos, organizar fortines políticos, cuotas burocráticas y coger la sartén por el mango en función de sus intereses, suena muy tentador, más aún cuando los partidos políticos terminan siendo parte del tema (por acción u omisión), sin medir las consecuencias para una sociedad.
517 candidatos del Partido Liberal descabezados, 500 del Partido de la U, 400 del Partido Conservador, 308 de Cambio Radical y 16 del Polo Democrático, para una linda sumatoria final de 1.741 avales revocados, no es una cifra que nos haga sentir muy orgullosos que digamos.
Les estábamos abriendo las puertas de la representatividad a personas que deben responder por condenas disciplinarias, fiscales o penales, casos de falsedad en documento público, porte ilegal de armas, peculado, vínculos con grupos al margen de la ley y hasta inasistencia alimentaria.
Esto marca un campanazo de alerta para las directivas de los partidos.
¿Qué clase de directorios locales tienen? ¿Dónde está la capacidad de filtrar y seleccionar sus miembros?
Aquí es cuando nos damos cuenta de que el cálculo electoral reina en este país, todo un arte, que los griegos nunca abrían pensado en esa dimensión cuando inventaron la política.
¿Será muy difícil entender que los avales políticos son la primera tranca que se pone para evitar los golazos que algunos saben meter? Queda, hasta finales de septiembre, la oportunidad para que los partidos hagan actos de contrición y midan bien ese cálculo político.
Deben tomar decisiones necesarias para otorgar definitivamente el aval a gente que renueve la política y no a quienes terminan siendo joyitas. Tristemente quedarán muchos colados que no tienen sanciones ni están condenados, pero sí tienen una trayectoria como rara y padrinazgos de esos que ninguna mamá quisiera para sus hijos.
Obviamente, se vendrá una cascada de tutelas y artimañas jurídicas por parte de los descabezados a quienes supuestamente se les estaría coartando su derecho constitucional a ser elegidos.
Ahí les queda tarea al Consejo Nacional Electoral y a la Procuraduría para que resuelvan el asunto.
En resumen: la cosa es muy sencilla, ojalá que no nos metan goles. Y no necesitamos decir ni un solo nombre para que, los partidos no se embalen con quien avalen.
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