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HISTÓRICO
QUERÍA OTRO PAPA
  • QUERÍA OTRO PAPA |
    QUERÍA OTRO PAPA |
Por DIEGO ARISTIZÁBAL | Publicado el 13 de marzo de 2013

Espíritu Santo, ilumínate a ti mismo, fue lo que pedí ayer cuando veía en directo la elección del Papa. Quería que no te dejaras manipular más por los cardenales que en ese momento definían el futuro de la religión católica.

Quería que no te concentraras en un puñado de posibilidades, afuera, te aseguré, había mejores cosechas. Te rogué que rompieras con esa tradición tan selectiva, que abrieras tus alas, tu luz, lo que fuera para que huyeras pronto con la ayuda del espíritu de Miguel Ángel que siempre ronda la Capilla Sixtina.

Sé que mis palabras eran modestas y no tenía ni idea si llegarían a tiempo a tus orejas que, supongo, todo el tiempo estuvieron rojas porque durante estos días el mundo entero te evocó. ¡Espíritu Santo, trata de escapar pronto de ese cónclave…, imploraba ya sin esperanza.

Quería que llegaras adonde un hombre que admiro profundamente, un teólogo que el mismo papa Juan XXIII consultaba permanentemente en calidad de experto en tiempos del Concilio Vaticano II; por algo el Papa dijo que ese jovencito daría que hablar. ¡Y vaya que dio que hablar…

Pero el Espíritu Santo no me concedió el milagro y Hans Küng, el enfant terrible, el teólogo que yo quería que quedara como Papa, así no estuviera en el cónclave, no quedó. No es fácil que alguien que diga sin miedo, como corresponde a todo buen hombre que pregona el conocimiento: que el papa no puede seguir siendo infalible, que es necesario que la Iglesia elimine el celibato para los sacerdotes y que las mujeres hagan parte del clero, sea considerado como papa.

Sus libros "Ser cristiano" e "¿Infalible?", hicieron que Juan Pablo II lo despojara del título de "teólogo católico".

Recientemente Küng escribió un artículo en The New York Times donde decía que la Iglesia necesitaba, al mejor estilo de la "Primavera Árabe", una "primavera vaticana".

La renuncia de Benedicto XVI era entonces la oportunidad para elegir un papa abierto a la modernidad. Küng decía en ese artículo que no era cierto que la religión católica fuera como es por tradición.

En realidad, la Iglesia vivió durante un milenio sin un papado de tipo monárquico absolutista como el que conocemos.

"Fue a partir del siglo XI cuando Gregorio VII nos legó las tres características históricas del sistema romano: un papado centralista y absolutista, un clericalismo forzoso y la obligación del celibato para los sacerdotes y otros clérigos seglares".

Por eso, Espíritu Santo, no quedé muy contento con la decisión. Te había prometido que si quedaba Küng, mi candidato imposible, volvería a misa e incluso pensaría en tomar seriamente los hábitos con mi esposa en un monasterio. Ahora lo único que espero es que el papa Francisco I llame a mi candidato "terrible" y se deje orientar para que la Iglesia vuelva a decir algo lúcido y deje atrás, de una vez por todas, esa Edad Media en la que vive.