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Salir de nosotros mismos

¿La Semana Santa es sólo para los católicos? No hay por qué limitarla. Todos, creyentes o no, podemos superar el egoísmo y pensar en valores universales de humanidad, de solidaridad.

  • Salir de nosotros mismos | FOTO SHUTTERSTOCK
    Salir de nosotros mismos | FOTO SHUTTERSTOCK
27 de marzo de 2013
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Muchos son los que consideran la Semana Santa un mero paréntesis en los primeros meses del año, para gozar de vacaciones.

No obstante, las tradiciones religiosas no se han perdido. La devoción de millones de fieles sigue manifestándose en actos litúrgicos y procesiones que recrean la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Para muchas personas es verdaderamente un período propicio para invocar el bien y la verdad.

Sí, ha cambiado la concepción de la Semana Santa. En algunas cosas para bien, como en haber dejado atrás la pulsión tenebrosa y punitiva de las celebraciones, que se enmarcaban en un prohibicionismo medieval que llenaba de temores absurdos a los creyentes, con la amenaza de que cualquier acto o pensamiento era pecado mortal.

La Semana Mayor de los católicos corría el riesgo de limitarse a vistosas manifestaciones públicas, en calles e iglesias, donde la adoración a las figuras de las procesiones primaba sobre las hondas reflexiones que despiertan los Evangelios.

Hoy, para bien, la vivencia religiosa apunta a objetivos más trascendentales de la espiritualidad humana.

El jueves y viernes, llamados Santos, son días festivos en los países de tradición cristiana. Así, en buena parte de América Latina, en España e Italia. En nuestro país, que si bien constitucionalmente es aconfesional y respetuoso de la laicidad, considera muchas de las celebraciones católicas como parte de la cultura nacional.

¿Qué puede decírsele, entonces, a quien no practica ninguna religión y la consagración como días festivos de una conmemoración religiosa no le dice nada?

Pues se le puede decir, sin violentar sus opciones de vida o sus convicciones íntimas, que los espacios de reflexión ofrecidos en esta época no lo vinculan forzosamente con una práctica religiosa, pero sí le invitan a formularse un compromiso con principios universales de conducta, que son perfectamente asumibles -y razonables- desde una ética civil, laica.

Ayer no más, en su primera audiencia pública general -la tradicional de los miércoles en el Vaticano- dijo el Papa Francisco: "Vivir la Semana Santa quiere decir aprender a salir de nosotros mismos, ir al encuentro de los otros, ir a la periferia, ser los primeros en movernos hacia nuestros hermanos, sobre todo hacia los que están más lejos, aquellos que están olvidados, aquellos que necesitan comprensión, consuelo y ayuda".

Un católico siente que ese mensaje le llega al alma. Como también le llegará al agnóstico o al ateo. Es un mensaje universal de generosidad, predicable en cualquier parte, bajo cualquier culto.

Estos días deberían servir para hacer un diálogo consigo mismo. Trascender su propia circunstancia, salir de su egoísmo y pensar su vida en términos de todos.

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