Sirven las encuestas para medir las tendencias y auscultar los estados de ánimo del país. No son un retrato exacto de la realidad, pero para sociólogos, políticos y, por supuesto, medios de comunicación, son útiles herramientas de análisis y seguimiento de la situación.
La encuesta Gallup Colombia realizada hace dos meses fue un ruidoso campanazo político: mostró el desplome de la favorabilidad del presidente Juan Manuel Santos y el aumento de la calificación negativa de más de la mitad de las grandes políticas de su administración.
Ayer publicamos la más reciente encuesta de Gallup, y salvo un ligero repunte de favorabilidad presidencial y de la disminución del pesimismo generalizado, no hay grandes novedades que estremezcan el ambiente político o social.
Este mes que comienza es relevante porque el presidente de la República deberá confirmar lo que todos sabemos: que se lanza a una nueva elección, "pensando en la patria". La encuesta, si bien pregunta es por imagen favorable y no por intención de voto, no es muy propicia para dicho propósito. No obstante, ante una irreprimible ambición de poder una medición como esta no implica un obstáculo insalvable para poner a funcionar las turbinas de la maquinaria reeleccionista.
De los diez grandes problemas por los cuales se les pregunta a los encuestados, solo cuatro obtienen calificación positiva: construcción de vivienda popular; relaciones internacionales (se produjo en este período la decisión de no ejecutar, por "inaplicable", el fallo de La Haya sobre el mar territorial en San Andrés); asistencia a la niñez; y asistencia a la vejez.
La persona más popular sigue siendo el Vicepresidente, Angelino Garzón. Eso muestra que muchos colombianos agradecen las declaraciones que se acerquen a los anhelos populares, así quien las haga no tenga la más mínima posibilidad de hacerlos realidad. Y eso no se aplica sólo al señor Vicepresidente y a su permanente disidencia retórica con el Gobierno. También se aplica al propio Jefe del Estado, quien en sus discursos presenta unas realidades y unas ejecutorias que millones de colombianos no vemos por ninguna parte. Pero que, al parecer, le sirven para sumar ocho modestos puntos de imagen favorable.
El Congreso de la República, desprestigiado siempre sin atenuantes, ahora sale aún peor: 71 por ciento de imagen negativa, mayor que la de la última medición. Ningún parlamentario tendrá que inmutarse: se les recuperó su prima especial de servicios de 8 millones de pesos mensuales, y en las próximas elecciones obtendrán sus tradicionales votos sin mayor afán. Los colombianos reniegan de sus congresistas, pero reeligen a casi todos disciplinadamente cada cuatro años, sin cobrarles -políticamente, se entiende- ni uno solo de sus desatinos.
Las Fuerzas Militares son la institución con mejor opinión para los ciudadanos, seguidas por los medios de comunicación. Las peor valoradas vuelven a ser -cuáles otras si no- la justicia, el Congreso y los partidos políticos. Y las Farc obtienen el repudio del 93 % de la gente: de esa cuyas bases aquellas dicen defender. Ojalá no las defiendan tanto, y más bien opten por dejarlas vivir en paz.
Nuestros gobernantes locales, como es habitual, salen bien calificados. Parece ya una constante histórica para los antioqueños, más inclinados hacia la autosatisfacción y el conformismo. No parece despertar, tampoco esta vez, una opinión crítica frente a gestiones más bien rutinarias.
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