¿Cómo dudar de un tipo que saca un billete de $50 mil cuando solo le pido plata para chicles?, ¿cómo sobrevivir sin "el estilo de vida que merezco"?
A sus anchas en La W radio -así como en múltiples medios-, Dania nos dictó cátedra sobre la sociedad de consumo y las herencias del narcotráfico.
Después de doce días de condenas y burlas contra la joven sanandresana, vale la pena examinar el papel de los medios en este escándalo:
Empecemos por la (im)pertinencia de las preguntas formuladas por algunos tabloides: "¿Hubo amol?" (New York Post), "Did you have sex with him?" (The Sun).
Sigamos con las declaraciones de la madre de la entrevistada: "[?] Cualquier mujer soltera haría lo que hizo mi hija [?] ella no le va abriendo las piernas a todo el mundo a cambio de nada. [?] Uno como mujer se tiene que dar valor [aludiendo al dinero]". Descontando el respeto debido al dolor de la madre, de por medio se hallaba una vasta audiencia: semejante amaño merecía, por lo menos, una contra-pregunta.
Basta con imaginar: ¿Cómo recibe esa información una joven que va oyendo radio en una buseta, mientras busca (desesperada, sin suerte) un trabajo?
La función mediadora del periodista no está solo en "chiviar" y preguntar al azar?
Indigna observar a los comunicadores fingir inocencia ante la trata de personas, e igualar a quienes se prostituyen por la falta de oportunidades económicas y educativas con quienes lo hacen por el afán del lujo: ¡hambre y ambición no son sinónimos!
Lo más grave no es que un agente del servicio secreto de Obama haya metido a Dania a su habitación del Hotel Caribe, sino la irresponsabilidad de los medios al hacerla entrar, de la manera más vulgar, a nuestras casas.
Un problema social tan delicado como la prostitución merece ser tratado con decoro y respeto. No se trata de ocultar información, sino de entender que abrir micrófonos, dar voz (¡con la fuerza de un grito!) equivale a legitimar las acciones del personaje.
Hoy, Dania arroja 4.800.000 entradas en Google... y, aunque parezca una broma: el científico Rodolfo Llinás registra 16.300; Lucho Herrera, 167.000; y la gran Laura Restrepo, 190.000.
Estamos obligados a informar y divertir, pero también a educar. Los grandes perdedores con este nuevo escándalo somos los periodistas: Dania nos enredó como lo hizo con los agentes secretos (a punta de ligerezas).
La diferencia radica en que nosotros, dedicados a informar, no prestamos un servicio secreto sino público: el precio de nuestros errores lo paga la sociedad.
Dice Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo : "[?] Convertir la información en un instrumento de diversión es abrir poco a poco las puertas de la legitimidad y conferir respetabilidad a lo que, antes, se refugiaba en un periodismo marginal y casi clandestino: el escándalo, la infidencia, el chisme, la violación de la privacidad [?]".
Ya creo entender la risita persistente de Dania durante la entrevista: demasiado payaso junto en un solo circo.
As bajo la manga: Abominable el atentado en Bogotá. ¿Cuándo aprenderemos a construir país desde la diferencia de opiniones?.
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