La cifra provisional de fallecidos en el fuerte terremoto que sacudió la provincia turca de Van este domingo subió a 269, según fuentes oficiales citadas por el diario Today's Zaman.
Las autoridades turcas tienen constancia de que por lo menos 366 personas se encuentran aún bajo los escombros y falta además información sobre la situación en los pueblos y las aldeas de montaña, a donde los equipos de rescate comenzaron a llegar este lunes.
La cifra de heridos es ya de 1.300, según el viceprimer ministro Besir Atalay.
Los equipos de rescate, que estuvieron trabajando toda la noche, siguen esforzándose en localizar a personas atrapadas bajo los escombros, principalmente en Van, capital de la provincia del mismo nombre, y en la localidad de Ercis, donde por lo menos 80 edificios se derrumbaron.
Según explicaron los expertos a la cadena NTV, resulta de extrema importancia acelerar los trabajos de rescate porque, aunque una persona puede aguantar hasta una semana atrapada en los escombros sin alimento ni agua, las bajas temperaturas y la nieve reducen las posibilidades de supervivencia.
Además, existe el peligro de más réplicas, como las más de 200 que ya se han producido, algunas de ellas de 5,7 grados, que los expertos prevén seguirán al menos durante dos semanas.
El milagro de la vida
Emine, una joven de 20 años que quedó atrapada en el hueco de la escalera de un edificio de 5 plantas, se convirtió en el primer "milagro", al ser rescatada con vida en la noche.
Otro joven, Yalçin Akay, de 19 años, adquirió categoría de héroe al haber alertado por el celular a la policía y guiar a los equipos de rescate entre las ruinas de un edificio de 6 pisos, lo que permitió rescatarlo a él y localizar a muchas más personas.
Medios turcos como la emisora NTV criticaron que las malas condiciones de construcción son la causa del alto número de víctimas.
También se dieron casos de personas que no recibieron la ayuda de los equipos de rescate y tuvieron que ser liberadas por sus amigos y familiares.
En la ciudad de Van, algunos doctores se quejaron de que falta material adecuado y de que los hospitales están muy dañados.
De momento, el operativo de rescate se centran en las ciudades de Van y Ercis, aunque el Gobierno asegura que la ayuda llegó ya a todos los lugares afectados.
"Hay rumores de que no hemos llegado a algunos pueblos. No es cierto. Hemos llegado a todas partes. Tenemos información clara sobre las aldeas", aseguró el viceprimer ministro Besir Atalay.
El responsable indicó que hay grandes daños en las viviendas pero que "al haber ocurrido el seísmo durante el día, la situación es relativamente positiva en cuanto a la vida de la gente", e informó de que se han comenzado a enviar tiendas de campaña y mantas a los pueblos y a evacuar a los heridos.
El Gobierno anunció una moratoria de un año para el pago de deudas e impuestos de los pequeños negocios y artesanos y que se otorgarán créditos urgentes de interés cero a las pymes.
Solidaridad
Por el momento, los equipos de la Media Luna Roja (Cruz Roja) repartieron 8.000 carpas, más de 25.000 mantas y unas 4.000 estufas ya que uno de las principales preocupaciones es proteger a los damnificados de las bajas temperaturas y las previsiones de nieve para los próximos días.
Según explicaron los expertos, resulta de extrema importancia acelerar los trabajos de rescate porque, aunque una persona puede aguantar hasta una semana atrapada en los escombros sin alimento ni agua, las bajas temperaturas y la nieve reducen las posibilidades de supervivencia.
Aún así, los turcos se volcaron en la ayuda a sus compatriotas y, según pudo comprobar la agencia Efe, las redes sociales hirvieron con mensajes e informaciones sobre los puntos de recogida y envío de ayuda al este de Turquía, la parte más pobre del país y donde habita buena parte de la minoría kurda. Miles de personas se acercaron a los hospitales para ofrecerse a donar sangre.
El terremoto tuvo una magnitud de 7,2 grados en la Escala de Richter y tuvo su epicentro en la localidad de Tabanli, cerca de la frontera con Irán.
El temblor se produjo a unos cinco kilómetros de profundidad y se sintió en las vecinas provincias de Bitlis, Mus, Batman, Diyarbakir y Hakkari, e incluso en zonas del norte de Irak.