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HISTÓRICO
Tranvía de Ayacucho dedicará plazoleta a la historia del agua
Por JOSÉ F. LOAIZA BRAN | Publicado el 31 de agosto de 2013

De aguas tomadas de la quebrada La Palencia se servía el primer acueducto de Medellín, ubicado en el sector de la actual calle Ayacucho. Con bóvedas y galerías que hacían parte de estas antiguas obras hidráulicas de finales del siglo XIX —ni más ni menos— se encontró el proyecto del tranvía que ahora las rescatará en un espacio de memoria histórica para la ciudad.

Pero, para ser precisos, si de historia se trata, cuenta Germán Suárez Escudero, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, que la quebrada, nacida en alto de Cuchillón se llamó Aná (para los aborígenes Bocaná) antes de ser La Palencia.

Medellín tenía a lo sumo 40.000 habitantes para la época de 1900, la mayoría de los cuales se beneficiaron de este acueducto cuyos desarenaderos ubica el historiador en el lugar donde hoy se encuentran Ayacucho y Villa, justo donde se planea la construcción de la plazoleta Mon y Velarde, contigua a la futura parada CEFA del tranvía.

"De este acueducto, que no sólo surtió la fuente de la Plaza, sino también la Real Fábrica de Aguardiente, en Carabobo con Boyacá, la Hospedería, el Convento de Carmelitas y la casa de don Juan Carrasquilla, entre otras, se sacó el agua para otro surtidor público, que dio origen a la famosa plazuela de San Lorenzo, hoy de San José", explica el experto.

En el sitio que señala Suárez Escudero, bajo tres casas de la década de 1940, la demolición para las obras del tranvía llevó a dar, a cuatro metros de profundidad, con estas estructuras de ladrillos de barro cocido que evidenciaban técnicas constructivas semejantes con las empleadas en obras como la Catedral Metropolitana, los edificios Vásquez y Carré, entre otras de la ciudad antigua.

La noticia del hallazgo
El arquitecto Luis Fernando González, docente de la Universidad Nacional sede Medellín, fue uno de los primeros en describir hace seis meses lo que había allí enterrado como sótanos con ventanas de arquillos rebajados en ladrillo cocido, con columnas cuadradas y túneles de adobes con arcos de medio punto. En su primer acercamiento sostuvo que las estructuras hacían parte de una red de desagües similares a los de las construcciones hidráulicas romanas, vigentes para finales del siglo XIX.

El director de Planeación del Metro, Tomás Elejalde, explica que luego de una verificación arqueológica de los hallazgos se procedió para conservar las obras originales.

"Era como un depósito de escombros. Se tenía que sacar eso y limpiar la estructura. Eso se hizo con toda la técnica".

Advierte que en los trabajos de conservación se han invertido más de 3o0 millones de pesos. Según investigación realizada por encargo del Metro y el Departamento Administrativo de Planeación Municipal, se determinó que la construcción de los desarenaderos data de 1896. Como constancia, Elejalde alude a anotaciones del Concejo de Medellín, responsable por ese entonces de las obras, que implicaron una inversión de 500 pesos.

La toma de la quebrada está registrada como "Distribución de aguas", en el plano levantado en 1889 por los alumnos de la Escuela de Minas, y como "Desarenadero", en el Plano Topográfico de Medellín publicado en 1906, ambos recogidos en la obra "Medellín, estampas y brochazos", de Germán Suárez Escudero.

"Los trabajos del Metro nos permitieron conocer la técnica de construcción de esa temprana obra de progreso, encargada por el visitador Juan Antonio Mon y Velarde a don Antonio Monzón, así como recuperar una parte de esa tubería", señala el historiador.

Para el reconocido urbanista Luis Fernando Arbeláez, el de Ayacucho y Villa (Mon y Velarde) "es un hallazgo que reviste importancia, porque sirve para contar parte de la historia del agua en Medellín".

Y esto es precisamente lo que se busca a partir de la revelación de las estructuras históricas que estaban bajo tierra a un paso del centro de la ciudad sin que la Medellín de hoy lo advirtiera.

El rediseño de la plazoleta Mon y Velarde, junto a la parada CEFA del tranvía, a cargo de EPM permitirá que en aquel sitio se encuentren la ciudad moderna y su antiguo corazón. Un espacio que según considera Arbeláez debe servir para contar, como en este texto, parte de la historia del agua en Medellín.