"El mejor homenaje que le pueden hacer a uno es este", señala el cardiólogo Alberto Villegas, arropado por un saco de cremallera azul. Ese "homenaje" corre, salta, juega, vive, estudia preescolar y se llama Emanuel Torres Mazo.
Villegas dirigió el equipo médico que realizó, en la Clínica Cardiovascular, en 1985, el primer trasplante de corazón del país. Emanuel tiene ya cinco años y fue, en su momento, la persona más joven en Colombia en haber recibido un trasplante de corazón. Dos meses y un poco más tenía cuando lo operaron.
"Ya clínicamente no hay nada más para hacer. Se le aplicaron todos los tratamientos, nada ha dado resultado y un trasplante es casi imposible por no decir que imposible del todo", sentenció el médico Carlos Garcés el 14 de noviembre de 2006. Un día después ese imposible no lo fue más: un corazón trasplantado latía en el pecho de ese bebe melenudo.
Para Claudia Mazo , su madre, Emanuel volvió a nacer ese día. Cinco años y unos cuantos meses han pasado desde la intervención que estuvo a cargo del equipo de trasplantes de la Cardiovascular.
De trasplantes y vida
Antonio Yepes fue el primer colombiano viviendo con un corazón prestado. El doctor Villegas recuerda con emoción ese caso y también el de Emanuel, quien está "de paseo" en la casa campestre del director emérito de la Clínica Cardiovascular, donde pasa sus años de retiro rodeado por manojos de hermosas orquídeas cymbidium en compañía de su esposa y un labrador cariñoso color chocolate.
"¿Usted se imagina cuántas personas hay esperando un órgano?", recuerda Claudia Mazo que fueron las palabras del doctor Garcés.
La situación no era fácil. Emanuel sufría una insuficiencia cardiaca congestiva y una cardiomiopatía, aparentemente de origen viral, que mantenían su vida pendiendo de un hilo.
"Aquí no se ha hecho un trasplante a un bebé y nunca ha resultado un donante tan pequeño", le dijeron a Claudia. "¡Ay, señor!", fue su oración "tú nos lo prestaste, nosotros te lo devolvemos".
Juan Carlos Jaramillo, Juan David Montoyay Alejandro Ramírez , los médicos que estuvieron al frente del trasplante, calculaban que el riesgo de que Emanuel falleciera en la operación llegaba al 90 por ciento y así se lo hicieron saber a sus padres. "Si se ha de morir, que se muera en las manos de los médicos", decía Jáider Torres , su papá.
Solo por si acaso incluyeron su nombre en las listas de pacientes que esperan un órgano, "para no cerrarle las puertas del todo". "Ese es el problema", añade Villegas, "a veces encontrar un donante tan pequeño no es fácil".
Pero el milagro ocurrió, sigue ocurriendo. Lo advierte el médico cuando desde el comedor que da al patio trasero de su casa se distrae con el juego de Emanuel, quien cruza el pasamanos sobre el que tanto han jugado sus 15 nietos.
"Oiga", le dice a Claudia mientras empina la mirada sobre sus lentes, "pero se ha desarrollado muy bien". La mamá de Emanuel asiente, luego cuenta que de los 16 medicamentos que debía tomar recién salió de la operación, su hijo ahora solo tiene que ingerir cuatro.
Uno de ellos le dejaba un sabor desagradable en la boca. Emanuel se resistía a tomarlo y por eso Claudia le advirtió sobre las consecuencias de no hacerlo.
-Mami -le dijo el niño- ¿Entonces si yo dejo de tomarme esa pastilla maluca me muero?
-Sí, mi amor. Te mueres porque esa es tu vida.
-¡Ay no mami!, dame esa pastilla. Yo no me quiero morir. Yo no los quiero dejar, yo a ustedes los quiero mucho.
Chocolates y orquídeas
Como su corazón, Emanuel no descansa. Corre tras Chocolate, el labrador del doctor Villegas, salta en una cama elástica, trepa un lizadero amarillo, monta en columpio y mataculín. En pocas palabras, como explica su mamá, lleva una vida completamente normal.
-Él es una obra maestra de Dios y las manos benditas de los médicos -complementa.
-Son cosas que Dios permite. Uno no es más que un instrumento -responde con humildad Villegas.
-Es un milagro, definitivamente la mano de Dios está ahí presente. Que don tan hermoso el que le da Dios a ustedes. Salvar vidas: que cosa tan maravillosa.
Ese don ha sido la gran alegría de Alberto Villegas . "A mí me queda la enorme satisfacción de haber podido hacer algo positivo por estos pacientes, de haberme podido realizar como cirujano cardiovascular porque, al fin y al cabo, para mí el trasplante era una realización de mi especialidad".
Una mirada retrospectiva de su vida deja complacido al pionero nacional de los trasplantes cardiacos, no solo en la parte profesional. Dos de sus ocho hijos siguieron sus pasos en la medicina.
Familia o profesión, ¿qué lo deja más satisfecho? "Las dos son muy importantes porque he podido tener ambas cosas. Dios ha sido muy bueno conmigo", responde.
Su esposa le entrega una chocolatina a Emanuel, que sigue para un lado y para el otro a Chocolate. "Él todo lo disfruta. Emanuel es una persona que se disfruta un helado, una salida, una reunión de familia, él le encuentra gusto a todo", cuenta con convicción su mamá.
Aún hoy este milagro que a los dos meses pesaba 4,6 kilogramos debe estar disfrutando el último regalo que recibió de la familia Villegas: un racimo de orquídeas con pétalos blancos, vetas violetas y hojas brillantes.
"Emanuel es una persona superagradecida -cuenta Claudia, tal vez la persona que mejor lo conoce-. Él sí supo para qué le colocaron ese corazón, para sacarle gusto a todo".
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