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María Mercedes buscó durante media vida a su hijo hasta que la JEP la ayudó a encontrarlo

A sus 90 años por fin conoció el paradero de su hijo que salió a buscar empleo y jamás regresó.

  • La señora Mercedes sostiene el documento de constancia de inhumación y custodia de los restos de su hijo Germán. FOTO Camilo Suárez.
    La señora Mercedes sostiene el documento de constancia de inhumación y custodia de los restos de su hijo Germán. FOTO Camilo Suárez.
  • María Mercedes no quiso depositar la camisa y la peinilla de Germán en su bóveda. No se siente capaz de desprenderse del poco testimonio material que dejó en vida su hijo. FOTOs camilo suárez
    María Mercedes no quiso depositar la camisa y la peinilla de Germán en su bóveda. No se siente capaz de desprenderse del poco testimonio material que dejó en vida su hijo. FOTOs camilo suárez
  • La única foto existente de Germán adulto se la tomó a los 18 años. Por eso le cuesta recordar con detalle qué tanto había cambiado su rostro el día que salió de casa a los 20 años.
    La única foto existente de Germán adulto se la tomó a los 18 años. Por eso le cuesta recordar con detalle qué tanto había cambiado su rostro el día que salió de casa a los 20 años.
  • María Mercedes buscó durante media vida a su hijo hasta que la JEP la ayudó a encontrarlo
Por Juan Felipe Zuleta Valencia | Publicado el 22 de mayo de 2022

Entre los 20 y 25 años tal vez Germán alcanzó a conocer un par de ciudades. Quizás amó a una mujer y madrugó muchas mañanas a ganarse la vida en un trabajo que le gustaba. También es posible que esos cinco años no existieron para él.

A veces María Mercedes intenta llenar con imaginación ese espacio de tiempo hipotético que nunca podrá ocupar con certezas. Pero casi siempre prefiere la realidad. Amarrar los recuerdos de los 20 años que lo tuvo a su lado.

María Mercedes es pequeña y tiene una mirada en la que caben, al tiempo, todas las tristezas y esperanzas. Tiene manos finas y el pulso intacto como su memoria, que carga el peso de una vida acostumbrada a recordar con el mayor detalle posible a quienes se fueron a deshoras.

A las 8 y 30 de la mañana del viernes 13 de mayo de 2022, María Mercedes salió de su casa, junto con sus cinco hijos y nietos, a encontrarse con su hijo Germán, Germancito. Ella llegó con 90 años a esa cita postergada por cuatro décadas. Él llegó con los mismos 20 años.

La verdad de un exsoldado, la labor de la JEP y la búsqueda incansable de María Mercedes hicieron posible que los restos de Germán Darío Flórez Jiménez recuperaran su nombre. Su cuerpo es el más antiguo que hasta ahora ha sido identificado en Dabeiba y una de las víctimas más antiguas del conflicto armado en recuperar su identidad.

Allí, en el cementerio Las Mercedes, permaneció enterrado desde un día indeterminado de la década del 80 hasta que fue recuperado en 2020 junto con 75 cuerpos, víctimas de una práctica sistemática de desaparición forzada que tuvo lugar en Dabeiba a partir de 1982.

La única foto existente de Germán adulto se la tomó a los 18 años. Por eso le cuesta recordar con detalle qué tanto había cambiado su rostro el día que salió de casa a los 20 años.
La única foto existente de Germán adulto se la tomó a los 18 años. Por eso le cuesta recordar con detalle qué tanto había cambiado su rostro el día que salió de casa a los 20 años.

***

María Mercedes se casó en Urrao con Joaquín Emilio. “Que Dios lo perdone”, dice ella sobre el cura que bendijo su matrimonio y le negó un entierro digno a su padre.

Su papá era un buen hombre. Era liberal. Por ser liberal lo mataron. Y por la misma razón el cura que bendecía desde el púlpito le negó un pedazo de tierra en camposanto para descansar en paz. Fue un tío conservador de María Mercedes quien intercedió para que evitar que su padre fuera un muerto desarraigado.

Corriéndole a la violencia, ella y Joaquín llegaron hasta La Clara, una vereda de Urrao. Pero la violencia los alcanzó hasta allí. La metralla afuera sonó cuando ella estaba en la cocina. Ella tenía 19 años; Joaquín 23 años y era liberal y por eso murió.

Dolly, la hija de ambos, llegó a Medellín con 16 años a trabajar en casas para recoger algunas monedas con las que su mamá, Fabio, su otro papá, y sus hermanos lograran viajar a hacer vida en la ciudad.

Más por azar que por otra cosa terminaron en Santo Domingo Savio. Allí María Mercedes y Fabio, su segundo esposo, criaron a cuatro mujeres y tres hombres. De todos, Germán siempre fue el más callado. Nunca hubo una sola queja en la escuela. Tampoco hubo quien le metiera mano a su pelo, pues él mismo se acicaló toda la vida con su infaltable peinilla. Y mucho menos hubo quien lo hiciera ampliar sus gustos musicales restringidos a dos únicos artistas: Raúl Santi y José Miguel Class.

A Germán siempre la bastó un puñado de palabras y un par de gestos para que su mamá lo entendiera a la perfección. Por eso el 14 de mayo de 1982, un viernes en la mañana, solo agachó la cabeza cuando se despidió de ella.

Era la primera vez que se alejaba de casa. Esa mañana le pidió a su hermana Fabiola que le planchara una camisa, empacó tres mudas y dejó una camisa nueva en el afán. Se fue con un amigo. La carretera los llevaría hasta el Valle del Cauca. Una vez se ubicara con empleo recogería platica para ayudar a la familia. El 13 de agosto celebraría lejos de casa los 21, pero no importaba. En diciembre iría a visitarlos. Esos eran los planes.

Cuando los meses pasaron y la llamada no llegó, la familia Flórez Jiménez intentó convencerse de que Germán había hecho vida y un día se acordaría de llamar. Fabio, su papá, inexpresivo y silencioso como Germancito, hizo público el dolor por su ausencia el primer año y después asumió una idea que le permitiera seguir viviendo, al menos de dientes para afuera: si en tantos años no se había acordado de sus papás era porque seguramente estaba muerto...

Con María Mercedes fue distinto. Se entregó a la fe; le ofreció varias veces la novena de los 33 pasos de Jesús Crucificado que ayuda al ausente, aún en tierras extrañas, a salir con felicidad. Y mientras tocaba puertas de oficina tras oficina sin recibir respuesta visitó por toda la ciudad a quien le dijera tener los dones suficientes para mostrarle el camino hacia su hijo.

—Un día, hace como 10 años, un funcionario de Medicina Legal me dijo: ‘entonces usted se dedicó fue a los brujos’. ‘Yo me dediqué a buscar a mi hijo’, le respondí.

Y en ese hilo de años que se fueron juntando mientras buscaba también tuvo que dedicarse a sus otros dolores, como la pérdida de un hijo asesinado, de apenas 24 años, en 1992, sin recibir siquiera justicia como consuelo a pesar de que en el barrio era un secreto a voces quiénes eran los responsables.

***

Era hora de otros aires. Llegaron a Caicedo a montar casa cuando casi todo alrededor todavía era morro virgen.

Ahí creció la familia. Además de Dolly, Hilda, Fabiola, Girlesa y Jorge, Fabio y María Mercedes se rodearon de nietos. En todos esos años María Mercedes y su familia siguieron dejando pistas: muestras de ADN, denuncias, angustiantes mensajes por emisoras...

También conocieron las trampas del Estado. Hace seis años a Dolly la Fiscalía le aseguró que Germán figuraba con una demanda por falsificación de documentos en Bogotá. Luego la misma JEP les confirmaría que esto era falso.

Mientras tanto, en otros lugares se alineaban la cadena de hechos necesarios para que finalmente los Flórez Jiménez pudieran llegar hasta Germán. En agosto de 2020 la JEP impuso medidas cautelares sobre el cementerio Las Mercedes, el primer paso para desenterrar la verdad allí oculta.

El testimonio de un exmilitar dentro del caso 03: Asesinatos y desapariciones forzadas presentados como bajas en combate por agentes del Estado, así como el caso 04, que priorizó los hechos del conflicto armado ocurridos en Urabá desenredó el nudo.

La información del exmilitar del batallón contraguerrilla 79 –cuya identidad está reservada porque su vida corre grave riesgo por su aporte a la verdad– condujo al Grupo de Apoyo Técnico Forense hacia la fosa 20 en Las Mercedes donde exhumaron el cuerpo de un hombre cuya muerte, según determinó Medicina Legal, se debió a múltiples heridas con arma de fuego. Ese era Germán, y su muerte ocurrió en algún momento entre los 20 y los 25 años, eso les dijo la JEP.

Aún faltaban piezas por juntar. María Mercedes reconstruyó para el equipo jurídico de la Personería la historia de la búsqueda de Germán desde el día en que salió de casa. A partir de ahí el proceso se destrabó, en un engranaje entre la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, Medicina Legal, la la JEP y la Alcaldía de Medellín.

María Mercedes buscó durante media vida a su hijo hasta que la JEP la ayudó a encontrarlo

Pero Fabio no alcanzó. Lo enterraron en el cementerio San Pedro un día antes de que llegara la llamada definitiva de la JEP, aunque a María Mercedes le da por pensar que su esposo se reencontró con Germán antes que ellos.

—¿Será que se encontraron en el Reino? ¡Quién sabe! Uno los entierra pero no sabe a los cuántos minutos, horas o días llegan donde el Señor.

A las 8 y 30 de la mañana de un viernes frío salieron de Caicedo hacia la misa en el Seminario Pasionista Santa Cruz, en Las Palmas. María Mercedes llevaba aferrada a su cuerpo una bolsa con la camisa nueva que Germán olvidó, la peinilla y su foto.

Los magistrados Alejandro Ramelli y Nadiezhda Henríquez presidieron el acto y el Jefe de la Misión de Apoyo de la OEA al Proceso de Paz, Roberto Menéndez, viajó para acompañar a la familia.

Germán estaba en la urna de madera. Hilda, la hermana que jugaba fútbol con él cuando eran niños, se encargó con sus propias manos de formar a su hermano dentro del cofre, hueso por hueso para su última morada.

Sonaba Mi despedida de Raúl Santi mientras caminaban hacia el Mausoleo de las Ausencias que se Nombran, en el cementerio Universal. María Mercedes le echó la bendición con un clavel a la lápida.

***

La historia que ella está contando va por la mitad, pero es necesaria una pausa. Un funcionario de la Alcaldía acaba de llegar con un papel en la mano. Es la constancia de inhumación y custodia de los restos. Tiene el número de certificado de defunción, los datos de ella, los de Germán y la ubicación que ocuparán sus restos en las Ausencias que se Nombran.

María Mercedes lo firma y el funcionario se despide llevándose consigo un abrazo maternal. Ella tiene el papel en la mano, pasa sus dedos por los bordes de la hoja y lo mira. Cuando vuelve a alzar la vista advierte el largo silencio que se ha asentado en la sala. Es el último documento que tiene que guardar de la búsqueda. El último de un largo arrume de papeles.

— Ahora que ya encontró a Germán, ¿qué otras razones la mantienen con ganas de vivir?

Yo quiero vivir otros diítas más...

María Mercedes sueña desde hace años poder hacer un viaje a Tapartó, en las montañas de Andes, y volver a ver a sus dos sobrinas, las últimas familiares que le quedan por parte de su papá y que perdieron sus piernas luchando contra una enfermedad.

Sueña con tener la forma de embellecer la bóveda de Germán. Marcar su nombre en letras brillantes. Visitarlo los domingos.

Pero no son días sencillos. La pensión de Fabio se ha tardado en llegar y a Jorge, el único hijo hombre que le queda y que es su compañía infaltable en la pequeña casa, la pandemia le arrebató la herramienta con la que aprendió a ganarse la vida.

— Que sea lo que mi Dios me permita, pero hasta el momento todavía tengo cositas que hacer.

María Mercedes se para en la mitad de las escalinatas y se despide en silencio y sonriente, agitando un brazo. En esa mano, todavía empuña doblado el último papel.

Juan Felipe Zuleta Valencia

Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.


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