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EE. UU. en Oriente Medio: la visita incómoda que no quiere irse

  • Unas 27 bases militares norteamericanas, entre propias y compartidas, rodean Irán. FOTO AFP
    Unas 27 bases militares norteamericanas, entre propias y compartidas, rodean Irán. FOTO AFP
Sergio Andrés Correa | Publicado el 14 de enero de 2020
Infografía
EE.UU., visita incómoda que no quiere irse

Fue el pasado 2 de agosto cuando el presidente Donald Trump dio la orden a su secretario de Estado de “acabar con las guerras interminables” y alardeó con haber reducido en al menos el 10 % el número de soldados estadounidenses desplegados en Afganistán. Cinco meses después, el viernes pasado, el mismo Departamento de Estado publicó una declaración en la que afirma que “EE.UU. es una fuerza de bien en Oriente Medio” y anuncia que no retirará sus tropas de la región.

Esta aparente contradicción da pistas sobre los nudos que atan al país norteamericano, no solo en la reciente escalada de violencia con Irán, a la que Trump quiso bajarle el tono, sino en los múltiples conflictos internos de los países de la región, en los que EE.UU. ha sido actor, a veces tras bambalinas y a veces protagonista. En su libro “El nuevo imperialismo”, el geógrafo y teórico social David Harvey define la avanzada sobre países como Irak como “una ofensiva neoconservadora, un intento de controlar el grifo mundial del petróleo y con él la economía global mediante el dominio sobre Oriente”.

Entonces, en términos prácticos, ¿por qué Estados Unidos mantiene su costosa inversión en tropas y arsenal? De la mano del analista español de Inteligencia y Seguridad Nacional, Fernando Cocho Pérez, exploramos esas razones, por las que ni Trump ni sus antecesores han contemplado una posibilidad sería de retirada.

Contexto de la Noticia

Israel y Palestina, una disputa territorial de cerca de medio siglo

La creación del Estado de Israel, el 15 de mayo de 1948 y la posterior ocupación territorial fue el punto de partida del que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) considera “el primero de los conflictos poscoloniales en el Medio Oriente”. 72 años de enfrentamiento árabe-israelí dejan cerca de cinco millones de refugiados palestinos en el mundo y, según el Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados (B’tselem), un saldo de 3.512 palestinos muertos por fuerzas de seguridad israelíes y 68 efectivos israelíes por palestinos, en los últimos 10 años. Aunque se trata de una confrontación mayormente política, conjuga elementos religiosos, culturales y étnicos. Sobre él, Fernando Cocho, analista español de Inteligencia y Seguridad Nacional, explica que “Israel ha abogado por la colonización de los territorios palestinos, porque no logra calmar, a pesar de su potencial y de sus excelentes servicios de inteligencia y de información, al grupo yihadista Hamás, que toma cada vez más fuerza en Líbano y por tanto, está consolidando apoyo a los palestinos desde ese país”.

Israel es el principal aliado económico y militar de Estados Unidos en la región desde la Guerra Fría, una relación que el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ferrán Izquierdo, describe como “simbiótica” (las dos partes ganan) y señala que se debe a que “Israel y los grupos de presión prosionistas han ganado influencia en la política doméstica de EE.UU”.

Irak, Un campo de batalla con muy débil soberanía

La historia reciente de Irak es quizá una de las pruebas más claras de la forma como Estados Unidos establece alianzas temporales por conveniencia geopolítica con actores que posteriormente pasan a ser sus enemigos. Así ocurrió con Sadam Husein en los años 80, a quien Washington se unió para contrarrestar el triunfo de la revolución islámica en Irán. Dos décadas después, el entonces mandatario iraquí se convirtió en objetivo de la Segunda Guerra del Golfo. Tierra fértil para la violencia, el más reciente conflicto armado en Irak estalló en 2014. La ocupación de Mosul por el Estado Islámico no solo generó un fenómeno de desplazamiento y muerte sin precedentes, sino que abrió de nuevo las puertas a Estados Unidos bajo la bandera de la lucha contra el terrorismo. Pero como señala al respecto Fernando Cocho, “la reforma democrática que impulsó Estados Unidos tras la caída de Sadam Husein fracasó estruendosamente. Irak es en este momento un país dividido en tres facciones: los chiíes (que por afinidad religiosa apoyan a Irán), al sureste; los suníes al centro y noroeste; y la frontera en la que se ubican los kurdos, los cuales ayudaron a Estados Unidos a atacar a Estado Islámico y sin embargo han sido abandonados una vez más a su suerte tras el acuerdo que logró Estados Unidos con Turquía por conveniencia geopolítica”. Adicionalmente, la reciente escalada violenta entre EE.UU. e Irán, que tuvo a Bagdad por escenario, puso en tela de duda la fortaleza del gobierno iraquí y su capacidad de ejercer soberanía.

Siria, o la burbuja que hace nueve años se rompió

Hasta 2011, el convulso contexto de Oriente Medio parecía no afectar a Siria. Pero fue en el marco de la Primavera Árabe en que las protestas contra el presidente Bashar al Asad, que en un principio fueron pacíficas, desataron una violencia sin precedentes en el país. Varios analistas han argumentado que el conflicto fue orquestado por Estados Unidos para salvaguardar sus intereses, tras las declaraciones de la secretaria de Estado Condoleeza Rice en las que sentenció que de Siria surgiría “el caos creativo”.

Pero además de los enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno y los opositores de al Asad, un nuevo foco de conflicto puede desarrollarse en ese país: los Altos del Golán, que en parte permanecen bajo soberanía de Siria y en parte están ocupados militarmente por Israel, pueden ser motivo de una nueva confrontación. Al respecto, Fernando Cocho explica que “en Siria nos encontramos con tres escenarios: allí hay alrededor de 80 milicias independientes luchando contra el régimen de al Assad y algunas de ellas son chiíes proiraníes. Y por otro lado, el dictador sirio está siendo apoyado por Rusia, que es aliado de Irán. Todo esto significa, que lejos de convertirse en una zona en que va a bajar la tensión, cada vez va a haber más guerras focalizadas que ya no van a beneficiar a las empresas armamentítsicas, sino que van a propiciar el estancamiento de la región en materia económica. No olvidemos que estaba ya bastante normalizada la economía en la zona, Siria tenía un potencial económico importante antes de la Primavera Árabe”.

Afganistán, el país siempre ocupado por otros

Primero fueron los soviéticos y después los estadounidenses. Desde las guerras civiles que azotaron Afganistán en los años 70, el país se ha debatido entre sucesivas ocupaciones militares extranjeras. El establecimiento de Estado Islámico (EI) en su territorio a partir de 1992 y la llegada al poder de los talibanes en 1996 convirtieron su territorio en un objetivo para la Otan, cuya ofensiva se desató a partir del atentado contra el World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. La intervención de la coalición logró dar de baja al líder de los talibanes, Osama Bin Laden, el 2 de mayo de 2011, pero fracasó en el intento de dar estabilidad al país por medio de una transición a la democracia. Azotado además por sequías, en 2008 Afganistán se sumergió en una crisis de inseguridad alimentaria. Hoy es considerado como el segundo país más peligroso del mundo después de Siria según el Índice Global de la Paz, donde pierden la vida alrededor de 2.000 civiles por año según cifras de la ONU. Al respecto, Fernando Cocho señala que actualmente “los talibanes están volviendo a tomar fuerza, sobre todo en la frontera con Pakistán y están negociando, así de directo, con el gobierno apoyado por Estados Unidos. Por tanto, podemos decir sin lugar a dudas que aquella gran avalancha para eliminar los talibanes de la faz del planeta ha fracasado. Y un país como Afganistán, que recibió promesas de estabilización de parte de Occidente hoy no está calmado ni mucho menos”.

Irán, potencial líder económico y ruta de salida del petróleo

Inmerso en una creciente tensión con Occidente desde 2018, cuando Estados Unidos salió del Pacto Nuclear, y en una violenta escalada a raíz del cruce de ataques entre fuerzas de ambos países, que tuvo como escenario Bagdad y que cobró la vida del general Qasem Soleimani, Irán prometió vengarse. Para el analista Fernando Cocho, “no hay duda de que ahora va a sufrirse una escalada de guerra asimétrica por parte, no de Irán directamente, sino de sus aliados. No olvidemos que el general Soleimani estaba fuera de territorio iraní cuando fue asesinado, estaba en Irak visitando al líder y número dos de las milicias chiíes que por su filiación religiosa apoyaban a Irán en la lucha contra el Estado Islámico”.

Para el experto, “independientemente de que consideremos que Irán está detrás de acciones terroristas o no, el bombardeo en que murió el general es una acción militar en suelo extranjero que no se justifica según el Derecho Internacional”.

Agregó el analista que el papel de Irán es clave para comprender por qué la zona conocida como el Mashreg, entre Egipto y Pakistán, “lejos de tranquilizarse, es cada vez más convulsa” a pesar del régimen de apoyo económico que han conformado China, Rusia e Irán: “Uno no rodea de al menos de 27 bases militares un país que no tenga un potencial económico y militar. Irán no es tan fuerte como Estados Unidos, pero económicamente su potencial es espectacular. No olvidemos que tiene las segundas reservas de petróleo sin explorar más importantes del mundo”.

Yemen, víctima de una guerra civil en la que nadie quiere mediar

Hay pocos horrores comparables al que ha vivido Yemen en los últimos cinco años. Una guerra civil en la que la facción religiosa rebelde de los hutíes se alzó contra el gobierno, ha generado lo que Naciones Unidas califica como “la peor catástrofe humanitaria de nuestro tiempo”, dejando a 22 millones de personas en necesidad de recibir ayuda humanitaria y unos 250.000 muertos a la fecha. Con sus fronteras cerradas desde 2017, el país se debate entre la inflación y la desnutrición, por la que se calcula que cada 10 minutos muere de hambre un niño en ese país. Y las razones del conflicto, según explica Fernando Cocho, no son solo internas. “La guerra en Yemen afecta la parte baja de la península Arábiga y esa es una zona que Arabia Saudita necesita controlar como sea. Pero a pesar del apoyo militar de Estados Unidos, los Saudíes no logran poner freno a las milicias hutíes”, señala. El experto también explica que “es cierto que las milicias hutíes cuentan con el apoyo de Irán para operar y es justo por eso que Estados Unidos decide seguir teniendo tropas en Yemen, para ayudar a sus aliados saudíes, que son dueños de nuevos yacimientos de petróleo potencialmente ricos”. Pero un ingrediente adicional podría empeorar el panorama: La población de Arabia Saudita es de mayoría chií, al igual que Irán, y “es posible que muchos saudíes no estén de acuerdo con lo que ocurre, por tanto en ese país puede haber una división interna por razones políticas, que influya en cómo se desarrolle en adelante la ofensiva contra las milicias yemeníes”.

Libia, el vecino magrebí más violento y complicado

Geográficamente ubicada por fuera de Oriente Medio, pero puerta de entrada desde éste hacia el Magreb, Libia recibe una fuerte influencia de problemáticas de la región, como el accionar de Estado Islámico. Actualmente, en su territorio se libra una guerra civil que empezó en 2014 y combina todos los ingredientes necesarios para poner en vilo a las potencias europeas.

Los grupos armados que derrocaron a Muamar el Gadafi en 2011 se pelean desde entonces por hacerse con el control del país, geoestratégico por sus reservas de gas y petróleo. Según cifras de la ONU, los ataques a su capital, Trípoli, ya dejan 75.000 desplazados, 500 muertos y 2.400 heridos. Para contener la situación la ONU impuso un embargo de armas que no ha sido efectivo y mientras el gobierno intenta sostenerse con el apoyo de la comunidad internacional y especialmente Turquía, que esta semana envió refuerzos militares, las milicias de Jalifa Haftar, apoyadas por Rusia, Egipto y Emiratos Árabes avanzan en su intención de derrocarlo.

Al respecto, Fernando Cocho explica que “Libia era un país normalizado hasta que Muamar el Gadafi llegó al poder y empezó a abrir su mano para impulsar reformas que limitaban la injerencia de Occidente. Pero antes de que pudiera hacer cualquier cambio, Gran Bretaña y Estados Unidos hicieron una campaña de apoyo a la rebelión contra él. Y aunque lograron derrotarlo e incluso matarlo, el proceso en general fue un fracaso, así como fue un fracaso la revolución que se azuzó en Túnez con propósitos similares”.

Sergio Andrés Correa

Tengo la maleta siempre hecha y mi brújula, que por lo general apunta al sur, me trajo al periodismo para aclarar mi voz. Busco la pluralidad y no le temo a la diferencia.

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