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“No es humano”: así es vivir bajo el régimen en Irán

El presidente Donald Trump aseguró que es momento de un cambio de líder. Mientras tanto, en las calles de Irán las protestas en contra del régimen continúan; pero también continúa la brutalidad, torturas, crisis y represión.

  • Desde EE. UU., Trump ha mandado su apoyo hacia los manifestantes en Irán. Incluso amenazó al régimen con bombardear si siguen reprimiéndolos. FOTO getty
    Desde EE. UU., Trump ha mandado su apoyo hacia los manifestantes en Irán. Incluso amenazó al régimen con bombardear si siguen reprimiéndolos. FOTO getty
  • Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
    Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
  • Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
    Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
  • Jey ha encontrado apoyo a través de sus redes sociales. FOTO: CORTESÍA.
    Jey ha encontrado apoyo a través de sus redes sociales. FOTO: CORTESÍA.
  • Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
    Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
  • Jey sueña con un Irán libre. FOTO: CORTESÍA.
    Jey sueña con un Irán libre. FOTO: CORTESÍA.

Mientras cientos de activistas y ciudadanos le piden al mundo que volteen sus miradas hacia Irán, el panorama que puede observarse al hacerlo es casi nulo. Los pocos videos que circulan en redes sociales son cortos, grabados de forma temblorosa por personas que huyen de plazas públicas en medio de gritos y balas.

Desde el 18 de diciembre de 2025, las calles asfaltadas de la capital y otras ciudades del país de medio oriente han quedado cubiertas por agua, escombros, palos y fuego, producto de las manifestaciones en contra del régimen dirigido por Alí Jamenei, el hombre que lleva 36 años en el poder.

Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.

Desde que iniciaron las protestas en diciembre, se estima que más de 3.000 personas han sido asesinadas (al menos 13 de ellas eran niños) y más de 18.000 han sido detenidas, pero es imposible saberlo con claridad: el 8 de enero de 2026, el Gobierno deshabilitó el servicio de internet en todo el país, y las autoridades no han hecho un reporte oficial.

Lo más cercano a ello es el discurso que Jamenei pronunció este sábado, 17 de enero, en el que culpó al presidente estadounidense, Donald Trump, por las muertes de los manifestantes: “Consideramos al presidente estadounidense un criminal por las víctimas, los daños y las calumnias que infligió a la nación iraní”.

Y es que, esta semana, el presidente Trump —quien venía con la cabeza en alto por el orgullo de haber capturado al líder chavista Nicolás Maduro— volteó la cabeza hacia oriente para lanzar una advertencia: si siguen reprimiendo a los manifestantes, habrá consecuencias.

En ese sentido, las acusaciones de Jamenei hacia él empeoraron la situación. En la mañana del 18 de enero, el mandatario estadounidense aseguró que es momento de buscar a un nuevo líder para Irán; aseguró que Jamenei es “un enfermo” y que actualmente el país que dirige es “el peor país para vivir”.

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En occidente no sólo Donald Trump volteó su mirada. Elon Musk anunció a través de X que su servicio de internet de Starlink estaría libre, gratis y disponible en todo el territorio iraní. Sin embargo, la iniciativa no dio los frutos esperados: quienes se conectaron a la red fueron perfilados y perseguidos; y la red fue bloqueada por el régimen.

A la censura se suma la crueldad: según Iran Human Rights, la fuerza pública iraní ha llegado a intercambiar balas de goma por balas comunes; ha asesinado a personas que ni siquiera estaban protestando; le ha disparado en los ojos a los manifestantes y ha capturado a miles de ellos sin justificación.

La situación es difícil de explicar, porque esto no inició hace un mes. En conversación con EL COLOMBIANO, Jey, quien abandonó Irán hace diez años, aseguró que para él y su gente el resumen geopolítico es apenas la superficie: “Los periódicos hablan de Trump, de imperialismo, de izquierdas y derechas. Para nosotros en Irán nada de eso existe, nosotros no hemos llegado a ese punto político, para nosotros se trata de libertad, de poder vivir, comer”.

Las protestas

La gota que derramó el vaso fue la caída de la moneda iraní. Actualmente, mil riales iraníes equivalen a sólo 0,02 dólares. Es decir, con un dólar, un extranjero puede obtener más de un millón de riales. Mientras tanto, el patrimonio de millones de iraníes sigue reduciéndose a nada. El escenario es trágico, pero no es el inicio, es una de las consecuencias de lo que el país ha tenido que soportar por décadas.

Desde que dejó Irán, Jey solo ha podido verse dos veces con su familia. Cuando los abrazó por última vez antes de partir, no supo que ese sería el último abrazo que les daría en casa. Y es que, contrario a muchos, Jey no salió de Irán huyendo del régimen, sino que salió en busca de aventuras: se volvió viajero. Su destino fue Latinoamérica: “Es un choque muy fuerte salir de Irán y ver todos los derechos que se te han negado en la vida y que sí existen afuera”, dijo.

Cuando Jey nació, Irán estaba en guerra con Irak: “Crecer en un sistema sustentado en una revolución islámica fue crecer aislado del mundo”, explicó. Y es que, en su país de origen, las redes sociales como Instagram, Facebook, WhatsApp están bloqueadas. Es decir, si se retrocede más en el tiempo, la incomunicación con el exterior era incluso más marcada. Para ese momento, además, el islamismo ya estaba instaurado en la sociedad tras ganar espacio en la política con la revolución de 1979.

Para Jey, la realidad era la siguiente: “No tenemos discotecas, las mujeres no pueden salir sin cubrirse todo el cuerpo, creces sabiendo que pueden multarte o llevarte a la cárcel si eres mujer y te encuentran bailando con un hombre, las mujeres no pueden cantar, no eliges cómo vestirte, no eliges a quien está en el gobierno, no puedes hablar en contra de los líderes supremos, no puedes opinar... incluso es legal que un hombre encierre a su esposa en la casa, de por vida”.

Por eso fue que, en Sudamérica, Jey vio lo que significaba libertad, y lo primero que quiso fue que su gente, cada uno de los y las iraníes, la tuviera. Él sabe que no es el único con aquel deseo. Cuando ve las noticias sobre manifestaciones en su país, sabe que la caída de la economía es la punta del iceberg: en Irán, las mujeres quieren vestirse libremente, quieren hablar, quieren elegir, quieren participar en la política y en la vida. A su lado están hombres que quieren lo mismo para ellas.

Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.

Los iraníes no sólo claman por esas libertades. La devaluación de su moneda se ha traducido en miseria. Así lo explicó Jey: “para poner en contexto a los colombianos, es como si una libra de carne les costara 500.000, nadie puede comerla”.

Algo que Jey también sabe es que quienes siguen en Irán no pueden alzar su voz, hacerlo significaría la muerte o el exilio. Los ejemplos son varios: Shadi Amin, escritora y activista por derechos de género y sexualidad, se exilió en Alemania en 1983 tras años de actividad política; Saghi Ghahraman, poeta y activista LGTBI, vive exiliada en Canadá desde 1983 por su activismo político y social; Nilufar Saberi, activista por los derechos de las mujeres, llegó a España como refugiada en 1980 y sigue denunciando violaciones de derechos humanos en Irán desde el exilio.

Las tres son gotas en un mar de voces, y solo abarcan las protestas de los ochenta, luego de la guerra.

En 1999, miles de estudiantes se movilizaron reclamando por obtener libertad de prensa. En este siglo —antes del estallido de 2025— las olas de manifestaciones más grandes han sido en 2009, cuando el Movimiento Verde hizo denuncias de fraude electoral; 2017, cuando los ciudadanos se manifestaron en contra de la subida de precios del combustible y la comida, al tiempo que aumentaba el desempleo; y en 2022, cuando la Policía de la Moral asesinó brutalmente a Mahsa Amini, una joven que se negó a usar el hiyab.

El caso de Amini fue un punto de inflexión para Jey. Para ese momento ya llevaba seis años por fuera de Irán, y conocía de cerca las libertades que gozaban las mujeres occidentales.

En aquel año, Jey había dejado su trabajo remoto en un banco y se había vuelto influencer de viajes. Pero la tortura y posterior asesinato de Amini lo hizo hacer una pausa en sus crónicas viajeras para empezar a hacer activismo en pro de los manifestantes en su país, en pro de un cambio, en pro de ver a Irán libre: “Creo que por fuera de Irán no se entiende la magnitud de lo que está pasando”, aseguró, y añadió: “yo sé que, por seguridad, no puedo volver a Irán”.

El régimen tiene un término para los que consideran rebeldes: mohareb, un concepto de la ley islámica que tipifica el delito de declarar la guerra contra Dios y se castiga con la muerte, una muerte “justa”, una muerte casi que “necesaria”, según los líderes.

Lea también: Aumenta la crisis en Irán: represión a protestas deja cientos de muertos y miles de arrestos

Es tan así que, este fin de semana, el fiscal general iraní, Mohammad Movahedi Azad, aseguró que los detenidos se enfrentarían a graves castigos por haber “ayudado a alborotadores y terroristas que atacaban a las fuerzas de seguridad y la propiedad pública” y a “mercenarios que tomaron las armas y sembraron el miedo entre los ciudadanos”. Agregó que harían investigaciones “sin indulgencia, piedad ni tolerancia”.

“La gente en mi país es muy abierta, amable y educada. Están muy cansados del régimen brutal y asesino. Pero tienen miedo”, le dijo Jey a EL COLOMBIANO. Y no es para menos.

Según reportes de Human Rights Watch, la ONU, y otras organizaciones de derechos humanos, los castigos a los que se enfrentan los presos políticos del régimen incluyen palizas, privación del sueño y exposición constante a la luz; todo sin derecho a un abogado, a una imputación de cargos que legalice su estado, sin poder llamar a sus familias, expuestos a soportar dolor hasta confesar un crimen que no cometieron.

“Ellos hacen eso en nombre de Dios, Dios no quiere eso, ellos no son musulmanes de verdad, solo usan el islam como una herramienta brutal, violenta y radical para gobernar”, aseguró Jey.

Aquel dolor lo movilizó, y es por eso que ahora es una de las miles de voces activistas sobre Irán en redes sociales. Sin embargo, no todos lo hacen libremente.

Jey ha encontrado apoyo a través de sus redes sociales. FOTO: CORTESÍA.
Jey ha encontrado apoyo a través de sus redes sociales. FOTO: CORTESÍA.

Tanto en Reddit como en X se publican a diario decenas de testimonios anónimos de jóvenes iraníes que narraron como, entre gritos y empujones, fueron desalojados de sus residencias universitarias. En casa, quienes tienen familias menos tradicionales pueden expresarse libremente, quienes no (sobre todo las mujeres) narran que deben permanecer en silencio, casi no tienen amigas y dedican la mayor parte de su tiempo a las tareas del hogar.

No es solo mirar

Para Jey, la mejor forma de ayudar a Irán es hablando sobre Irán, sobre las injusticias que atormentan a miles de ciudadanos y que a él lo llenan de dolor: “Necesitamos que pase como con Palestina. El mundo entero estaba hablando de Palestina, en redes, en medios, en todo lado, y esa presión mediática fue lo que propició cambios, lo que hizo que los líderes involucrados se sintieran observados y tomaran decisiones distintas. Eso necesita Irán”.

En aquel camino buscando amplificar las vivencias iraníes, Jey conoció a Paula, una fotógrafa colombiana que, a hoy, luego de convertirse en una de las amigas más cercanas de él, ha tomado la causa de Jey como suya.

En conversación con EL COLOMBIANO, ella explicó que es frustrante observar como a su alrededor casi nadie conoce la situación de Irán. “Los iraníes son las personas más cálidas y amorosas que puedas conocer, pero sufren mucho, y el estigma que hay en occidente hacia su país también hace que haya ignorancia acerca de ese sufrimiento”, aseguró.

Y es que Jey no es el único iraní que Paula conoce. Al hablar, recuerda a una de sus amigas. Ella, al contrario de Jey, salió de Irán huyendo. Actualmente no puede hablar con nadie porque tiene miedo de que la encuentren y haya consecuencias fatales.

Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.
Jey lleva diez años fuera de Irán. FOTO: CORTESÍA.

“Los iraníes no pueden hablar, no pueden enviarte pruebas de nada porque podrían poner a ellos y a quienes aman en riesgo. Es por eso que, lo único que puedes hacer, es creerles, creer cuando te dicen que no hay que comer, que hay represión. Las voces que logran salir son las únicas que tenemos, son voces también llenas de miedo, pero en lo posible hay que amplificarlas”.

Mientras tanto, la violencia en Irán no da tregua. Este fin de semana, la periodista y activista iraní Masih Alinejad denunció lo que calificó como una “masacre” contra manifestantes en Irán.

En las fotos que compartió se observa como las vías de Teherán están cubiertas con bolsas de cadáveres. Sobre ellas, familiares y conocidos lloran la pérdida. En un testimonio recogido por la BBC, una familia aseguró que tuvo que pagarle 7.000.000.000 riales a las autoridades para que los guiaran al cadáver de su hija. Al llegar a la morgue les dijeron: “tienen diez minutos para llorar”.

Otras familias no pueden pagar esa cantidad, por lo que quedan sin despedirse de sus seres queridos. La situación es tan grave que desde los mismos hospitales el personal ha optado por llamar a las familias de los fallecidos antes de que las autoridades puedan secuestrar el cuerpo.

Jey sueña con un Irán libre. FOTO: CORTESÍA.
Jey sueña con un Irán libre. FOTO: CORTESÍA.

En otras ocasiones, las familias optan por saquear las ambulancias. Los casos no son aislados. En este siglo, se estima que 16.000 personas han sido asesinadas mientras estaban protestando, o estaban cerca de manifestaciones; 360.000 han resultado heridas y más de 100.000 han sido arrestadas.

Jey mira la situación desde afuera, pero con el corazón en la mano:

“¿De qué nos sirve tener las reservas de petróleo más grandes (o una de las más grandes) del mundo si no podemos comer? Si vivimos en un régimen atascado hace mil años, que quiere someter a las mujeres a leyes islámicas de hace mil años: no se pueden divorciar, no pueden salir de casa sin permiso de su marido, no pueden viajar sin permiso de su marido... ni siquiera nosotros podemos entender qué nos pasó, pero estamos luchando para que cambie porque esto no es humano”.

Sin embargo, señala que no lo pueden lograr solos. Para miles de iraníes, la intervención extranjera es la única forma que les da esperanzas de poder ser, de alguna manera, libres.

“Sin esa ayuda solo somos personas contra armas y tanques. Podrán tomar nuestro petróleo y gas, pero estaremos salvando vidas”, asegura.

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