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El presidente logró en su primer gobierno mejorar las relaciones de su país con Occidente. Su legado, sin embargo, se vio truncado por Trump.
Hubo un día, cada vez más lejano, en que el azar le sonrió a Irán. Miles de personas abarrotaron entonces las calles de Teherán celebrando el triunfo de lo casi imposible. Banderas ondeaban de la mano de jóvenes incrédulos, pitos y gritos se confundían en torno a la alegría de un documento, uno que abría la posibilidad de un futuro. El Acuerdo Nuclear que Irán comunicó la mañana de aquel 14 de julio de 2015 fue el triunfo de lo menos probable. De algo que nadie creía que podía pasar y que pasó, de la mano de Hasán Rohaní, un presidente poco esperado.
Rohaní fue la sorpresa de un sistema político que vive tensionado entre ser un Estado democrático y uno confesional, que detesta las sorpresas pero suele dejarles un pequeño resquicio de posibilidad.
“Llegó a la Presidencia en 2013 con una plataforma moderada”, explica Mauricio Jaramillo Jassir, analista internacional de la Universidad del Rosario, “Rohaní moderó el discurso de Irán frente al mundo y gestó el Acuerdo Nuclear, lo que va a marcar...