La tensión diplomática entre Washington y Madrid escaló este miércoles después de que la Casa Blanca asegurara que España “ha acordado cooperar con el Ejército estadounidense” en el marco de la ofensiva contra Irán. El Gobierno español lo negó de forma inmediata y tajante, reafirmando su rechazo a participar en lo que el presidente Pedro Sánchez ha resumido en “cuatro palabras”: “No a la guerra”.
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La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, afirmó en rueda de prensa que “en las últimas horas” España se había mostrado de acuerdo en cooperar y que el Ejército estadounidense se estaba coordinando con sus “homólogos españoles”. Añadió que el presidente Donald Trump espera que “todos los aliados europeos” colaboren en la misión, argumentando que Irán representa una amenaza no solo para Estados Unidos, sino también para Europa.
Las declaraciones se produjeron en el quinto día de la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra Irán y después de que Washington expresara públicamente su malestar por la negativa de Madrid a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones ofensivas.
Minutos después de la comparecencia, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, desmintió “tajantemente” la versión estadounidense. “La posición del Gobierno de España sobre la guerra en Oriente Medio, los bombardeos en Irán y el uso de nuestras bases no ha cambiado ni una coma”, aseguró en una entrevista en la Cadena SER recogida por Efe.
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Albares subrayó que cualquier operación en instalaciones de soberanía española debe ajustarse estrictamente al convenio bilateral vigente y al marco del derecho internacional. “Fuera de ese acuerdo no va a haber ningún uso de las bases”, afirmó, y recalcó que toda actuación debe estar amparada por Naciones Unidas.
La controversia se enmarca en un contexto de creciente presión desde Washington. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, había acusado previamente a España de poner “en riesgo la vida de los estadounidenses” por su negativa a facilitar las bases. El propio Trump fue más allá y amenazó con represalias económicas, incluso con un embargo comercial, y calificó a España como un socio “terrible”.
En paralelo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, defendió desde La Moncloa que España no será “cómplice” de una guerra que considera “mala para el mundo”, aunque existan presiones o posibles represalias. Recordó además el precedente de la invasión de Irak en 2003 y advirtió sobre las consecuencias que, a su juicio, tuvo aquella decisión para la seguridad global.
A la disputa bilateral se sumó un gesto desde Teherán. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, elogió públicamente la “conducta responsable” del Gobierno español por oponerse a lo que calificó como “agresión militar” y “flagrantes violaciones de derechos humanos” por parte de Estados Unidos e Israel.
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No está claro qué efectos concretos tendrá este cruce de declaraciones en la relación entre ambos aliados de la OTAN y socios dentro del marco transatlántico. Tampoco cómo podría materializarse la amenaza de un embargo, dado que cualquier medida comercial afectaría al conjunto de la Unión Europea.
Por ahora, el choque evidencia una fractura política en medio de una escalada internacional con consecuencias imprevisibles, mientras Madrid insiste en mantener su negativa a implicarse militarmente en el conflicto con Irán.