Desde febrero del año 2016, con la crisis migratoria europea en pleno apogeo, la organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) decidió destinar algunos barcos de su flota a ayudar en algo a paliar, en el mar Mediterráneo, la tragedia que siguen viviendo cada año cientos de miles de migrantes provenientes del África subsahariana, Siria o Afganistán.
Uno de esos barcos, el MV Aquarius, empezó desde entonces a rastrear precarias balsas, siniestros y más que nada sobrevivientes que rescatar, con o sin ayuda de patrulleras europeas. En la noche del pasado sábado 9 y madrugada del domingo 10 de junio, ya como rutina, realizó seis operaciones de rescate.
A pesar de no ser muy grande, tenía tras estas maniobras a 229 migrantes a bordo. Pero la situación empeoró tras una solicitud de la Coordinación de Rescate Marítimo Italiano (Imrcc), para que el barco recibiera a otras 400 personas que estaban en cuatro navíos de la Guardia Costera. Siguiendo sus principios, MSF los recibió, pero pronto se percató de que Italia no se comprometió a brindarles ayuda en puerto seguro.
Tal como relató a EL COLOMBIANO David Cantero Pérez, director de Médicos Sin Fronteras para Suramérica, “el navío tuvo que permanecer casi tres días en mar abierto con los migrantes afuera en la borda, expuestos al clima, y tan hacinados que no se podían acostar para descansar. Por primera vez se nos negó la entrada en Malta e Italia. Antes había dificultades, pero nunca antes nos rechazaron”.
El activista recalcó el “importante gesto de humanidad” que tuvo el gobierno del socialista Pedro Sánchez en España, de abrirles la puerta que otros les habían cerrado. No obstante, recordó que resta un viaje de tres días (1.300 km) con cientos de migrantes para los que escasearán los víveres.
Ayer, tal vez por la indignación mundial suscitada por su negativa a ayudar, el gobierno italiano permitió que dos barcos de la Marina recibieran de nuevo el transbordo de los 400 migrantes que el Aquarius en principio había aceptado llevar, y con ellos escoltar al navío en su camino al puerto español de Valencia. Pero el daño ya está hecho y los efectos parecen ya estar dados según los expertos.
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