La mayoría de las potencias del globo acudieron a la ciudad de Quebec, Canadá, con los argumentos preparados para abordar, en la cumbre de dos días del G7, vías para solucionar la creciente guerra comercial que impacta al mundo.
El mandatario del país anfitrión, Justin Trudeau, junto a los de Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, llegaban aparentemente concentrados en ese tema y otros como el del cambio climático. Pero desde temprana hora se evidenció que esas no serían las discusiones de peso en la primera jornada de la reunión.
El presidente de EE. UU, Donald Trump, propuso reinstaurar el lugar que tenía Rusia en el organismo y que le fue arrebatado en marzo de 2014, dado su papel en el conflicto ucraniano y la consecuente anexión por la fuerza de la península de Crimea.
“Deberían dejar a Rusia volver, deberíamos tenerla en la mesa de negociación. Putin tendría que estar en esta reunión”, dijo el mandatario estadounidense.
Las reacciones a favor y en contra no se hicieron esperar, en especial por parte de la Unión Europea, potencia con la que Washington tiene actualmente roces debido a los aranceles que ha impuesto Trump al comercio con el viejo continente.
“Es evidente que el presidente estadounidense y el resto del grupo siguen estando en desacuerdo sobre comercio, cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán. Pero lo que más me preocupa es que el orden internacional basado en normas está siendo atacado. Y lo que es bastante sorprendente: no por los sospechosos habituales sino por su principal arquitecto, Estados Unidos. Dejemos el G7 como está ahora”, dijo Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, en rueda de prensa.
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