Lo que faltaba para que el conflicto sirio terminara de descomponerse sucedió el miércoles. En la provincia del Idlib, el principal bastión de la oposición en ese país, un ataque aéreo de las fuerzas rusas a una escuela dejó muertos a 22 niños y a sus seis maestros.
El hecho, que la Agencia de las Naciones Unidas para la Infancia calificó como “una atrocidad” y como un posible “crimen de guerra”, es el peor vejamen contra una infraestructura educativa desde el inicio de la guerra en Siria, hace ya seis años.
Aunque 28 es la cifra oficial, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, y la Defensa Civil siria, con un equipo de rescatistas, dan cuenta de 35 muertos, de menores que estaban reunidos en el patio exterior de su institución, cuando los bombardearon.
Aunque se trataba de una zona residencial, Idlib ha sido atacada incansablemente por las fuerzas rusas, por el régimen sirio y por la coalición internacional, liderada por Estados Unidos. Allí no solo viven miembros de la opisición, sino que hacen presencia variados grupos extremistas. De hecho, se cree que solo el miércoles la zona fue blanco de 10 ataques aéreos.
¿Hasta cuándo?
“¿Cuándo se verá igualada la repulsión del mundo ante semejante barbarie por la insistencia de que esto debe parar?”, preguntó en un comunicado el director ejecutivo de Unicef, Anthony Lake.
Y es que en 2015, por ejemplo, Unicef verificó casi 1.500 casos de vejámenes contra niños, entre los que había asesinatos (591), mutilación (500), reclutamiento y utilización de menores por las partes del conflicto, secuestro, detención, ataques contra escuelas (60) y hospitales y denegación del acceso humanitario.
Preocupa también que hay reportes de que cada vez con mayor frecuenta los menores están más animados de unirse a la guerra, a cambio de “salarios” de hasta 400 dólares al mes.
A eso se suma que alrededor de 1,7 millones de niños sirios están sin escolarizar este año, otros 1,3 millones están en riesgo de abandonar las aulas este año mientras continúa el conflicto y en la sitiada zona rebelde de Aleppo, profesores y voluntarios tuvieron que armar algunas escuelas subterráneas para asegurar que las clases continúen pese al asedio.
Según comunicó a agencias internacional Juliette Touma, vocera de la Unicef en Siria, el ataque del miércoles fue el de más víctimas mortales registrado contra una escuela en 2016, ya que antes del suceso, el peor se había registrado en abril de 2014, cuando 30 niños murieron en una escuela alcanzada por un bombardeo en la zona rebelde de Aleppo.
No obstante, en 2016, el organismo ha verificado al menos 38 ataques contra escuelas en todo el país, ya fuera en zonas rebeldes o en territorio controlado por el Gobierno, y antes del miércoles, 32 menores ya habían fallecido este año en diferentes ataques contra colegios.
“En general hay una de cada tres escuelas en Siria que ya no pueden utilizarse porque fueron dañadas o destruidas o empleadas para fines militares o alojar a desplazados”, explicó Touma.
¿Cuáles son las salidas?
“Estos niños, especialmente los adolescentes, han alcanzado la mayoría de edad en un tiempo de guerra. Ellos serán llamados a reconstruir su país, pero que no están siendo preparados para hacerlo”, alerta Christy Delafield, líder de Mercy Corps, una de las pocas organizaciones que ha podido hacer presencia en ese país.
Según dice ella, Siria era un país altamente educado, un país que realmente valoraba la educación. De hecho, continúa, la generación de los padres de los niños que hoy están siendo asesinados o reclutados “se compone de brillantes doctores, ingenieros, farmacéuticos y abogados, pero estos niños no tienen ninguna de esas oportunidades”.
Como ella misma ha escuchado la petición de esos menores de que quieren regresar a casa, la solución que Delafield propone es invertir en ellos, para que puedan hacer el trabajo duro de la reconstrucción de ese país.
Entretanto, Carlos Francisco, , jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) para Siria, considera que el gobierno sirio y ruso deben detener ahora el bombardeo indiscriminado. “Rusia y los demás miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas necesitan adherirse a la resolución que ellos firmaron en relación a la protección de las instalaciones médicas. Deben detenerse los brutales bombardeos y deben ser puestas en marcha medidas urgentes para permitir la evacuación de las personas que se encuentran gravemente enfermas y heridas a zonas donde puedan acceder a una atención médica adecuada. Cualquier evacuación de residentes no justificará el bombardeo indiscriminado a más infraestructuras civiles, incluyendo facilidades médicas”, sugiere.
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