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La misteriosa desaparición del 67% de los anfibios en una reserva natural en Nariño preocupa a los científicos

Durante cuatro décadas, una enfermedad causada por un hongo microscópico ha provocado la desaparición de dos de cada tres especies de anfibios de la Reserva Natural La Planada, en Nariño.

  • Esta es la ‘Pristimantis chalceus’, una especie que habita en La Planada. FOTO: Claudia Lansac
    Esta es la ‘Pristimantis chalceus’, una especie que habita en La Planada. FOTO: Claudia Lansac
hace 4 horas
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El 67% de las especies de anfibios de la Reserva Natural La Planada, ubicada en Ricaurte, Nariño, ha desaparecido. Así lo concluyó un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), una de las instituciones de investigación científica en ciencias naturales más importantes de Europa, tras comparar los resultados de las campañas realizadas en 2021 y 2023 con el muestreo que una integrante del equipo llevó a cabo hace 40 años.

La investigación ha documentado una pérdida de biodiversidad sin precedentes en este bosque nublado de los Andes colombianos, que también es hogar de 240 especies de aves y aproximadamente 300 de orquídeas. Además, se han reducido drásticamente las poblaciones de los anfibios que todavía sobreviven.

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La principal causa de esta caída es un hongo microscópico llamado Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), responsable de una enfermedad conocida como quitridiomicosis. Este patógeno, considerado una de las mayores amenazas para los anfibios, ha provocado el colapso de poblaciones de ranas y salamandras en distintas regiones del planeta.

El hallazgo, publicado en la revista Biodiversity and Conservation, fue posible gracias a una rara coincidencia científica. La investigadora Patricia Burrowes, codirectora del estudio, había realizado un inventario de anfibios en La Planada en 1986, antes de que el conflicto armado hiciera prácticamente imposible el acceso de los científicos a esta zona durante décadas.

Casi 40 años después, el equipo logró repetir ese mismo muestreo y reconstruir cómo ha cambiado la comunidad de anfibios con el paso del tiempo. El contraste fue contundente: mientras en 1986 se habían registrado 39 especies, las expediciones realizadas entre 2021 y 2023 solo lograron identificar 13. Además, en la mayoría de ellas se observó una marcada disminución en el número de individuos.

“Nunca esperamos encontrar un escenario tan devastador. Hemos pasado de una comunidad extraordinariamente diversa a un sistema empobrecido y homogéneo”, explicó la investigadora del MNCN, Claudia Lansac, en un comunicado.

Los investigadores no encontraron evidencias de que la desaparición de los anfibios estuviera relacionada con la deforestación, los cambios en el uso del suelo o una degradación significativa del hábitat. Este resultado refuerza la hipótesis de que el principal responsable del colapso es la quitridiomicosis, la enfermedad causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis.

De acuerdo con las estimaciones del equipo, este patógeno habría llegado a la Reserva Natural La Planada a finales de la década de 1980, coincidiendo con el inicio del drástico declive de las poblaciones de anfibios en la región.

“Aunque cada especie reacciona de forma variable a la enfermedad, hemos detectado una prevalencia de infección del 30% en las especies actuales. Es alarmante el efecto de este hongo incluso en bosques bien conservados donde no hay señales de deforestación”, señala Ignacio De la Riva, también del Museo.

Pero el impacto va más allá del número de especies perdidas. El estudio muestra que en La Planada desaparecieron familias enteras de anfibios, un fenómeno que supone la pérdida de millones de años de historia evolutiva, así como de distintas estrategias de supervivencia y adaptaciones desarrolladas por estos animales.

La consecuencia de esto es que unas pocas especies predominan en comunidades que antes eran mucho más diversas y complejas, lo que significa que se está simplificando el ecosistema: se están reduciendo las funciones que cumplen los anfibios en ese contexto, al igual que la capacidad del bosque para mantenerse saludable y resiliente.

“No se trata solo de la pérdida de especies, que también, sino de la simplificación que eso supone para el hábitat. Una pérdida que se traduce en una disminución de su resiliencia para enfrentar los cambios ambientales que están por llegar”, alerta desde el MNCN Marta Miñarro.

Para los investigadores, la existencia de registros históricos fue clave para dimensionar la magnitud de la crisis. “Sin los datos de 1986, este colapso habría pasado desapercibido”, explica el biólogo Fernando Lansac. El fenómeno, conocido como “síndrome de referencia cambiante”, hace que cada generación asuma como normales ecosistemas ya degradados. “Hoy veríamos una reserva con poca diversidad, pero no sabríamos que hace cuatro décadas sufrió una pérdida catasrófica”, añade.

El estudio también encontró que algunas especies que todavía son relativamente abundantes, como Pristimantis laticlavius e Hyloscirtus alytolylax, actúan como reservorios del hongo. Aunque son capaces de convivir con la infección, continúan propagándola en el ecosistema y contribuyen a mantener activa la enfermedad.

A esto se suma un factor adicional: el cambio climático. Desde la década de 1980, la región ha registrado un aumento cercano a un grado centígrado en la temperatura media y una disminución significativa de las lluvias. Según Patricia Burrowes, estas nuevas condiciones podrían estar favoreciendo al patógeno y, al mismo tiempo, sometiendo a los anfibios a un mayor estrés, lo que agrava aún más la situación.

Pese a lo alarmante del panorama, los científicos creen que aún hay motivos para investigar con optimismo. Algunas especies supervivientes podrían estar desarrollando mecanismos de resistencia o tolerancia al hongo, una adaptación que podría ofrecer pistas valiosas para diseñar estrategias de conservación más eficaces.

“La comunidad actual, aunque mucho más empobrecida, puede ayudarnos a entender cómo algunos organismos logran sobrevivir a enfermedades emergentes. Ese conocimiento será fundamental para proteger a otras especies amenazadas”, concluye el investigador Carlos Miñarro.

La historia de la Reserva Natural La Planada

Los primeros pasos para que La Planada fuera considerada reserva natural se dieron en 1981, cuando un grupo de investigadores visitó la finca Buenos Aires La Planada, en Ricaurte, y encontró 13 especies de aves endémicas y una amplia diversidad de anfibios y reptiles.

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Ante esto, la World Wildlife Fund (WWF) –la mayor organización internacional independiente dedicada a la conservación del medio ambiente– inició la gestión para comprar el primer lote de la finca: La Fundación FES Social puso la plata y en 1984 inició la historia de la primera Reserva Forestal Protectora privada del país. Sin embargo, en 2007, todo el personal de La Planada tuvo que abandonar la zona por la violencia producto del conflicto armado.

Tres años después, el cuidado de la reserva fue encargado al Resguardo Indígena Awá Pialapí Pueblo Viejo, que actualmente sigue protegiendo uno de los ecosistemas más biodiversos de Colombia.

*Con información de Agencia Sinc

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