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Competencias académicas, claves para mejorar inclusión laboral

  • FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
    FOTO JULIO CÉSAR HERRERA
06 de febrero de 2020
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La Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) dio a conocer el informe sobre inclusión laboral en Colombia para 2018 y 2019, que desarrolla, entre otros, de la mano con la Fundación Corona. Los retos más grandes, de acuerdo con la organización gremial, giran entorno a la necesidad de potencializar las competencias de la mano de obra que se va a necesitar en el país con empleos más sofisticados a razón de la aparición de la Cuarta Revolución Industrial.

Y como el trabajo debe ser articulado, y hacerse de la mano con el Ministerio de Educación, es importante que el país cuente con oportunidades de inyección de capital en mejorar las competencias de los estudiantes, incluso desde los últimos año de educación secundaria.

Se lee en el informe consolidado que la diferencia de competencias se puede incluso distinguir entre hombres y mujeres luego de analizar los resultados de las pruebas Saber 11 (o Pisa): “en estas últimas, la brecha a favor de los hombres en los puntajes de matemática y ciencia fue de 11, 14 y 15 puntos en Bogotá, Manizales y Medellín respectivamente. En Cali, esta brecha llegó a 19 puntos, lo que equivale a más de medio año de escolaridad”, dice la Andi en el documento, citando también estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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Esto trae como consecuencia, según la agremiación, una caída en el interés y en las oportunidades para acceder a un empleo formal competitivo. Lo que lleva a las personas a buscar vías de ingreso salarial con trabajos no formales, afectado, entre otros, el ahorro para la jubilación y servicios obligatorios de salud.

La situación es crítica sobre todo en un momento en el que la tasa de desempleo alcanzó máximos de siete años durante 2019: 10,5 %, es decir 2,6 millones de desempleados, según datos del Dane. “Se estima que para las mujeres esta tasa alcanza el 13 %, jóvenes el 16 %, afrodescendientes el 10,3 %, víctimas el 63 %, desplazados el 35 %, migrantes el 14 %, personas en procesos de reintegración 18 % y para el caso de la población con discapacidad se reportó que tan solo el 27 % trabajó por lo menos una hora en una actividad que le generó algún ingreso”, añade el informe.

La tarea que hay por hacer

Se crea de esta manera un doble reto para el país, de acuerdo con el informe entregado por la Andi: generar educación de calidad, con mano de obra capaz de satisfacer la demanda de las nuevas tecnologías; pero también liderar oportunidades de empleo atractivas para que los jóvenes que se van sumando a la nueva población productiva encuentre trabajos competitivos, bien pagos y con oportunidades de crecimiento.

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De ahí que sea muy importante generar iniciativas para que la cifra de aquellos ciudadanos que ni estudian ni trabajan (NINIs) se reduzca considerablemente. Datos oficiales dan cuenta de que la cantidad de jóvenes considerados como NINIs descendió, entre 2010 y 2015, cerca de un 20 %, al llegar a los 2,52 millones. Sin embargo la tasa ha vuelto a crecer desde ese año: para 2018 el dato ya iba en 2,7 millones de personas.

“Las cifras reiteran también la necesidad de brindar alternativas reales que permitan en la práctica que los jóvenes, en especial aquellos de los quintiles más bajos de ingresos, puedan estudiar y trabajar de manera simultánea”, pide la Andi en el informe.

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