Como en el caso de la pólvora, que muchos no caen en la cuenta de sus horribles efectos sino hasta cuando queman a alguien (y tantas veces a niños que ven destrozadas sus vidas), nuestro país es uno de los que mayor número de víctimas causa por balas perdidas. Balas que cientos de insensatos disparan sin importarles a quién o a dónde irán a impactar. Y sin modo de decir que ignoran que esos disparos pueden hacer daño, porque todo quien acciona un arma sabe que ese proyectil impactará, siempre, en alguna parte, en alguna víctima, que puede ser un menor de edad.
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