En un país donde, según el Dane el 40,2 % es propietario de residencia y el poder adquisitivo se ha visto afectado por la inflación, adquirir vivienda individual resulta cuesta arriba. Ante esa realidad, unir esfuerzos con una pareja o amigos permite no cargar en solitario con el peso financiero y abrir la puerta a un sector que sigue siendo, según expertos, una de las inversiones más seguras.
De acuerdo con Carlos José Arango, asesor financiero y fundador de la plataforma Invierte en inmuebles, una de las principales ventajas de hacerlo en pareja es que se amplía la capacidad de crédito. Incluso, si uno de los dos pierde temporalmente el empleo, el otro puede sostener el pago. En el caso de los amigos, la posibilidad se centra en acceder a proyectos sobre planos, especialmente en vivienda no VIS, con el fin de diversificar el portafolio de inversión.
Ventajas de la compra colectiva
Para que la experiencia resulte exitosa, es indispensable seguir ciertas claves como calcular con precisión los costos y ganancias esperadas. Arango recomienda construir primero una base de ingresos estables y un ahorro anticipado. También sugiere educarse en conceptos básicos del sector, buscar asesoría de expertos y alinear propósitos: ¿se destinará el inmueble para renta, Airbnb, valorización o venta?
En la misma línea, Carlos Moreno, gerente comercial de la constructora Contex, resalta que toda inversión inmobiliaria compartida transita por tres fases: el pago de la cuota inicial, la consecución del préstamo con el banco y, finalmente, la venta. Para cada etapa es crucial tener objetivos claros y un plan de acción previamente definido.
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Tanto Arango como Moreno coinciden en que establecer las reglas del juego en un contrato privado es un paso obligatorio. Este debe estipular los aportes de cada una de las partes, porcentajes de participación, reglas de salida, plazos de reinversión y el destino del inmueble. Así se previenen conflictos en caso de que alguno no pueda seguir pagando, decida retirarse o haya separación por cualquier circunstancia como divorcio o defunción.
47 %
del total de las ventas de vivienda en Colombia son VIS, según el 2° Informe Trimestral de Ciencuadras y El Libertador.
Desventajas de la compra colectiva
Ahora bien, la inversión en vivienda requiere paciencia. “Es un negocio de largo plazo y no conviene angustiarse por las variaciones de corto plazo”, señala Moreno, quien además aconseja hacer seguimiento constante del proyecto y designar un interlocutor que mantenga la comunicación con el resto de los inversionistas.
Entre esos errores está dejarse llevar por la emoción y la amistad, no dejar nada por escrito, no prever imprevistos económicos o personales y tomar decisiones solo cuando el problema ya existe. En contraste, algunas buenas prácticas incluyen elaborar un plan de gastos compartidos y revisar las políticas bancarias: en Colombia, varias entidades permiten hipotecas a nombre de más de una persona, siempre que todas cuenten con capacidad de endeudamiento. Respecto a la escrituración, la ley tampoco pone límites en el número de titulares; cada uno aparece con el porcentaje correspondiente a sus aportes.
Un dato relevante es que esta modalidad aplica principalmente para proyectos no VIS, donde de acuerdo con el 2° Informe Trimestral de 2025 de Ciencuadras y El Libertador, el segmento ha mostrado un comportamiento destacado con un crecimiento del 29 % en ventas durante el primer semestre del año, en relación con el mismo del año 2024, al pasar de 23.424 a 30.167 unidades comercializadas.
Las proyecciones indican un alza del 9 % en las ventas de vivienda nueva para 2025 y 11,5 % para 2026, lo que refuerza la idea de que el inmueble sigue siendo una opción sólida para invertir.
29 %
crecieron las ventas de vivienda no VIS en el primer semestre de 2025, de acuerdo con Ciencuadras y El Libertador.
¿Cómo funciona la compra colectiva?
Para ilustrar cómo opera este modelo, miremos este caso hipotético. Dos amigos que decidieron adquirir un apartamento sobre planos. Firmaron un contrato privado en el que acordaron aportar cada uno el 50 % de la cuota inicial, con el objetivo de dejar que el inmueble se valorizara y, una vez construido, venderlo para duplicar o triplicar su inversión. Antes de que la obra llegara a su fase final de escrituración, apareció un comprador y lograron vender en condiciones favorables. Pero ¿qué habría pasado si no encontraban comprador? Ambos habían previsto ese escenario en el contrato inicial. Para evitar penalidades con el constructor, completaron la compra del inmueble mediante un crédito hipotecario conjunto. Una vez escriturada la propiedad a nombre de los dos, definieron un nuevo destino: transformar el inmueble en Airbnb. De esta forma, lograron que el arriendo cubriera la cuota del crédito y, al mismo tiempo, pudieron generar un ingreso adicional.