En octubre de 2014, el precio del dólar estaba cercano a los 2.000 pesos, cifra manejable para los importadores de vinos. El techo estaba bien, podían mantener los descuentos y asimilar la fluctuación, sin embargo hoy la situación es muy diferente.
Para octubre de 2015 el cambio era inimaginable, el precio de la divisa americana por encima de los 3.000 pesos obligó a las compañías de importación a hacer grandes esfuerzos para mantener precios razonables y evitar que los consumidores migren a otros nichos de mercado.
¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Será posible que el trabajo realizado durante estos años se vaya al traste por culpa de los precios en contraposición con el poder adquisitivo de los amantes de la bebida?