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El egoísmo ¿cuestión de supervivencia?

La psicóloga del Fútbol Club Barcelona maneja los egos y las envidias que amenazan la dinámica del grupo.

  • ilustración Elena ospina
    ilustración Elena ospina
  • IMMA PUIGPsicóloga clínica
    IMMA PUIG
    Psicóloga clínica
06 de noviembre de 2017
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Imma Puig se dedica a cuidar a la gente. Por dentro. Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona, profesora en el departamento de recursos humanos de la escuela de negocios IESE, estudiosa de Freud y Jung y seguidora de los métodos del psicoanalista húngaro Michael Balint, esta barcelonesa de 64 años es experta en gestión de las emociones.

El liderazgo, el comportamiento y la excelencia no tienen secretos para ella. Tampoco las envidias, los celos y los acosos que suelen sobrevolar toda dinámica de grupo. Por eso la fichó el equipo de fútbol F. C. Barcelona hace 15 años: desde entonces, allí comparte con Iniesta, Messi y las demás estrellas que han pasado por este club, los técnicos y los directivos (es también experta en psicología deportiva).

¿Cuál es el punto de partida para prevenir y solucionar conflictos?

Hay que entender a las personas. Y para eso, como para subir a una montaña, hay dos caminos: uno es largo y fácil, el otro es más corto y difícil.

¿Cómo es el corto y cómo es el largo?

El corto es ponerse en el lugar de la otra persona. Esto es difícil, pero entrenando se llega. El otro, el largo, consiste en seguir la anatomía. Tenemos dos oídos y una boca, así que, si queremos entender al otro, tenemos que escuchar el doble de lo que hablamos. Y con un oído hemos de escuchar lo que nos dicen y con el otro lo que no nos dicen..., que a veces es más importante.

Pues ahora no parece estar muy de moda escuchar...

En las escuelas hay cursos de cómo hablar en público, pero no de cómo escuchar. Hay conversaciones que consisten en que solo estamos esperando a que el otro acabe para soltar lo que teníamos preparado.

Lo no dicho. A menudo, mucho más importante que lo dicho, ¿no?

En un equipo de trabajo, lo peor es lo no dicho, eso sí que es complicado de gestionar. Todo lo dicho, por duro que sea, se puede gestionar.

Se diría que ocurre lo mismo en las rupturas amorosas.

Exactamente. “Yo pensé, yo ya vi que, aquello no me gustó... Yo ya sabía que tú...”. ¿Y por qué no me lo decías? El peor regalo que le puedes hacer a tu pareja es no decir cómo te sientes y no escuchar cómo se siente. Es la base. Pero vivimos en una sociedad en la que mostrar tus sentimientos equivale a ser vulnerable. Y no es verdad, es ser más fuerte.

En sus charlas con futbolistas estrella, ¿qué valor otorga a los detalles, a lo trivial?

En lo trivial hay muchas claves. Por ejemplo, lo primero que pienso cuando veo a alguien que va superseguro es qué inseguridad está intentando esconder. Hay quienes parecen ogros y son unos trozos de pan. Nos pasamos el día emitiendo señales de cómo somos, de cómo queremos que nos traten, que nos cuiden, que nos quieran, que nos valoren..., pero para detectarlas hay que estar en la misma onda que esa persona.

¿La clave es la mirada?

Si a ti te miran con ojos de que confían en ti, de que vales, de que tú puedes..., tú, por agradecimiento, das lo mejor. Pero cuando alguien te mira como si fueras un inútil hagas lo que hagas, cada vez vas haciendo menos y peor.

¿Algún ejemplo?

¿Trabajé mucho tiempo con el entrenador que formó a los mejores tenistas españoles. Un día le pregunté: “¿Quién crees que destacará de estos?”. Y me lo confesó, y acertó. “Yo nunca me equivoco”, me dijo. Y yo le contesté: “Los que no se equivocan son ellos. Si tú pones la mirada en uno y le das confianza es lógico que sea el mejor. Tú lo haces con algunos, sí. Pero a otros los destrozas”. Me respondió que nunca lo había analizado así y que le acababa de dejar fatal.

Ese maltrato puede resultar paralizante, pero ¿el éxito no paraliza también?

Sí, puede ser anestesiante, y más en deportistas de elite. Nos preparan para el éxito, no para el fracaso. Todo el mundo persigue el éxito, pero nadie sabe cuánto puede dañar a la persona. Carl Jung decía: “Cuando alguien viene a contarme un éxito, siempre le digo que espero que no le haya dañado demasiado”. A veces es más difícil recuperarse de un éxito que de un fracaso.

No debe ser fácil ser una estrella del fútbol 24 horas al día 365 días al año.

Eso es una visión parcial. También tienen que vivir con la envidia de todo el mundo a cuestas. Viven con la admiración de muchos, claro, pero a veces es envidia encubierta y puede tornarse en odio.

© EDICIONES EL PAÍS, 2017.

Para un club de fútbol de élite es rentable invertir en tener contento a su personal.

No demasiado, aunque cada vez más. Cuidar es una inversión, no es un gasto. Y es prevenir.

Es de suponer que sus clientes no cuidan a sus equipos por altruismo, sino por buscar ser eficaces.

Lo hacen aunque solo sea por egoísmo. Claro, yo no sé por qué el egoísmo tiene tan mala prensa. Solo los egoístas sobreviven

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