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Un estudio hecho en Sabaneta y Medellín descubrió las cinco claves para reducir el riesgo de demencia

Después de dos años de monitoreo con pacientes en riesgo, un estudio encontró cinco prácticas que mejoran la vida del cerebro.

  • La actividad física es una de las cinco prácticas que disminuye el riesgo de la demencia. Otras: alimentación saludable, estimulación cognitiva, control de factores de riesgo cardiovascular e interacción social. FOTO cortesía GNA
    La actividad física es una de las cinco prácticas que disminuye el riesgo de la demencia. Otras: alimentación saludable, estimulación cognitiva, control de factores de riesgo cardiovascular e interacción social. FOTO cortesía GNA
hace 1 hora
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¿Qué pensaría si se diera cuenta de que cinco cambios en su rutina podrían reducir hasta un 55% de las probabilidades de demencia en la vejez? No se trata de llevar una existencia compleja, regida por normas de hierro. Se trata simplemente de incorporar al día a día la actividad física, la alimentación saludable, la estimulación cognitiva, el control de factores de riesgo cardiovascular y la interacción social.

Sobre estos elementos versa una investigación hecha por equipos científicos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay, en la que participó el Grupo de Neurociencias de Antioquia (GNA), adscrito a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

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La investigación fue financiada por la Alzheimer’s Association y se llevó a cabo en el marco de la iniciativa Latam Fingers, una red integrada por equipos científicos. En total ingresaron al estudio 1.200 personas entre los 55 y 75 años. Tras el proceso de seguimiento y las exclusiones previstas en el protocolo, el análisis final incluyó a 1.065 participantes, de los cuales el 82,3 % completó los dos años de intervención. Colombia participó a través del único equipo del país vinculado a la investigación. El grupo realizó el seguimiento y la evaluación de 100 habitantes de Medellín y Sabaneta.

Los resultados fueron presentados el 13 de julio durante la Alzheimer’s Association International Conference, realizada en Londres, y publicados en la revista científica The Lancet. David Aguillón Niño, coordinador del Grupo de Neurociencias de Antioquia, le contó a EL COLOMBIANO que la iniciativa comenzó a consolidarse entre 2019 y 2020 con el objetivo de determinar si era posible desarrollar ensayos clínicos no farmacológicos a gran escala en América Latina.

Hasta ese momento, investigaciones similares se habían realizado en Finlandia y en Estados Unidos. Sin embargo, los investigadores buscaban establecer si un modelo de intervención podía implementarse en una región con características demográficas, sociales y económicas diferentes. “Queríamos mirar, considerando las condiciones de Latinoamérica, el tipo de población que hay tan diversa y las condiciones socioeconómicas y sociodemográficas también tan diversas, si podríamos llevar a cabo este tipo de estudios a gran escala”, explicó Aguillón.

La selección de participantes estuvo dirigida a personas entre los 55 y los 75 años con riesgo de deterioro cognitivo, pero sin presentar aún deterioro cognitivo leve. Los investigadores buscaron adultos mayores con factores de riesgo modificables, entre ellos el sedentarismo, la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado o un rendimiento cognitivo inferior al esperado para su edad, aunque sin cumplir criterios diagnósticos de demencia.

En Colombia, la selección se concentró en habitantes de Medellín y Sabaneta debido a las condiciones logísticas del estudio. Aguillón explicó que el Centro del Adulto Mayor de Sabaneta permitió desarrollar las intervenciones porque facilitaba el acceso de los participantes y ofrecía espacios adecuados para las diferentes actividades programadas durante los dos años de seguimiento.

“Necesitábamos un lugar donde la gente pudiera asistir a hacer actividad física, actividades sociales y estimulación cognitiva. El Centro del Adulto Mayor fue un gran aliado porque ya contaba con una población que podía acceder fácilmente al programa”, indicó.

El primero correspondió al grupo de intervención sistemática. Sus integrantes realizaron actividad física cuatro veces por semana, sesiones de estimulación cognitiva mediante la plataforma BrainHQ, seguimiento nutricional basado en una adaptación de la dieta mediterránea a las condiciones alimentarias de cada país, actividades sociales y control médico periódico para enfermedades como hipertensión, diabetes y alteraciones del colesterol. Además, contaban con acompañamiento permanente para favorecer la asistencia y continuidad del programa.

El segundo grupo recibió una intervención flexible. En este caso, los participantes asistieron a charlas trimestrales sobre estilos de vida saludables, sin un seguimiento continuo ni supervisión permanente para verificar el cumplimiento de las recomendaciones.

Durante el estudio, ambos grupos fueron evaluados cada seis meses mediante pruebas neuropsicológicas, exámenes de laboratorio y controles médicos para medir el estado cognitivo y la evolución de sus enfermedades crónicas.

Al finalizar los dos años de intervención, los investigadores encontraron que quienes participaron en el programa sistemático presentaron una reducción del 55 % en el riesgo de progresar hacia un deterioro cognitivo en comparación con quienes recibieron únicamente recomendaciones generales.

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Según Aguillón, los resultados obtenidos en América Latina muestran un efecto superior al reportado en investigaciones similares realizadas en Finlandia y Estados Unidos.

El investigador señaló que una posible explicación es que la población latinoamericana presenta una mayor carga de factores de riesgo modificables, por lo que intervenir simultáneamente sobre ellos produce un impacto más amplio.

Aguillón indicó que la investigación demuestra que modificar hábitos cotidianos puede convertirse en una estrategia para retrasar la aparición del deterioro cognitivo sin recurrir a tratamientos farmacológicos.

Tras concluir la fase inicial, los investigadores continúan el seguimiento a los participantes para evaluar cuánto tiempo se mantiene el efecto observado. Actualmente completan dos años adicionales de observación y esperan extender el monitoreo hasta cumplir cuatro años de seguimiento, con el propósito de conocer la permanencia de los beneficios registrados durante la intervención.

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Preguntas

¿Cuáles son los cinco hábitos que podrían reducir el riesgo de deterioro cognitivo o demencia?
La investigación evaluó una intervención que combinó cinco componentes: actividad física regular, alimentación saludable adaptada de la dieta mediterránea, estimulación cognitiva, control de factores de riesgo cardiovascular (como hipertensión, diabetes y colesterol) e interacción social. Los investigadores concluyeron que la combinación de estas medidas redujo el riesgo de progresar hacia un deterioro cognitivo.
¿El estudio demuestra que estos hábitos previenen por completo la demencia?
No. El estudio encontró una reducción del 55 % en el riesgo de progresar hacia un deterioro cognitivo en comparación con un grupo que solo recibió recomendaciones generales. La investigación no afirma que estos hábitos eliminen por completo el riesgo de desarrollar demencia.
¿Los resultados significan que no serán necesarios medicamentos para prevenir la demencia?
No. La investigación muestra que modificar hábitos cotidianos puede ayudar a retrasar la aparición del deterioro cognitivo sin recurrir a tratamientos farmacológicos dentro de esta intervención. Sin embargo, el estudio no concluye que estos hábitos sustituyan los tratamientos médicos cuando sean necesarios.

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