Cuando Ángela María Gil recibió el mensaje se sintió pasmada. No podía creer tanta crueldad y decidió movilizarse. A su cuenta de WhatsApp llegó una cadena que advertía que una camada de perros de raza husky siberiano iba a ser sacrificada. Los cachorros serían arrojados a la quebrada de Santa Elena, si a determinada hora los supuestos dueños no alcanzaban a entregarlos, ya que no podían tenerlos.
Ángela Llamó a sus amigos, “sensibles con el tema de los animales”, dice ella; su propósito era conseguirles al menos un hogar de paso, y todos “respondieron positivamente”. Llamó al número del aparente dueño, pero nunca contestó. Se comunicó con su hija que, sorprendida, decidió llamar “al concejal de los animales”. Fue él, Álvaro Múnera, el que les...