Cada región tiene su cultura de panificación. Son el agua, la levadura y la sal, los ingredientes que por miles de años le han dado origen a esa base madre, que se enriquece según los gustos de los comensales y la época del año. En unos países se les adiciona más azúcar y huevos, en otras un poco más de mantequilla y quizás frutos secos. Durante los meses fríos es un alimento cotidiano, que se degusta sobre todo al desayuno.
En Navidad, sin embargo, los panes dulces se abren su propio espacio en las reposterías del mundo. Están el panetonne de Italia, el stollen de Alemania y la rosca de Reyes de España y Francia. Los tres convergen en largos tiempos de fermentación, un paso clave para un original sabor, la posibilidad de añadir frutas frescas...