Un mes antes de que Donald Trump llegara a la presidencia, capturaron a un civil con un rifle de asalto, una pistola y 29 rondas de munición. Edgar M. Welch, un ingenuo padre de familia de 28 años, pretendía liberar a unos niños secuestrados por el Partido Demócrata en una pizzería. Según leyó en Facebook, los rehenes eran víctimas de una red de prostitución infantil. Él quiso liberarlos.
Aunque suena a disparate, la noticia de este asalto es real y se conoce como el “pizzagate’”. Un ejemplo de cómo la realidad puede ser tocada por noticias falsas que se difunden sin escrutinio en internet.
Estos contenidos afectan la opinión pública y sus decisiones. Entre los casos que han dado más de qué hablar están el Brexit, en Europa, y la campaña presidencial de Trump, en Estados Unidos, que estuvo cargada de chismorreos, vituperios, falsas declaraciones y engaños.
En Colombia se vivió el fenómeno de la desinformación en ambas campañas, a favor y en contra, del plebiscito por la paz. El jefe del No, Juan Carlos Vélez, le dijo al diario La República en octubre de 2016 que la estrategia era que “la gente saliera a votar verraca”. La forma de hacerlo, según él, fue a través de contenidos indignantes virales, segmentándolos por estrato social.
“Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y ‘Timochenko’ con un mensaje de por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo la publiqué en mi Facebook y el siguiente sábado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas”, comentó Vélez el 6 de octubre de 2016.
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