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Hay que hablar más de masturbación para derrumbar tabúes

Tiene efectos favorables en la salud y debe enmarcarse en valores como la intimidad. Hay que derrumbar tabúes.

  • Esta es la imagen de la campaña que propuso la Secretaría de la Juventud. FOTO cortesía
    Esta es la imagen de la campaña que propuso la Secretaría de la Juventud. FOTO cortesía
Laura Franco Salazar | Publicado el 17 de marzo de 2022

“Para el mal humor, hazte el amor” es la invitación que hace la Secretaría de la Juventud de Medellín en su campaña #HazteElAmor, que inició hace dos días a través de sus redes sociales.

La publicación (compartida en Facebook, Twitter e Instagram) se llenó de comentarios a favor y en contra. El psiquiatra Jorge Tamayo, por ejemplo, puso en cuestión una de las afirmaciones que acompaña a la pieza gráfica: “La masturbación mejora tu estado de ánimo”.

Según él, no hay ninguna evidencia científica que respalde que este acto mejora el estado de ánimo, nada más allá del alivio temporal de las tensiones o emociones. “Si lo que querían promover era la desmitificación de la masturbación o un alivio de las tensiones de “un día malo” con su uso, debieron asesorarse mejor”, señala en su cuenta de Twitter.

A la psicóloga Dibymar Botero, de la IPS Creciendo con Cariño, le preocupa que al tratarse de una campaña con alcance masivo pueda llegar a menores de edad que “no tienen el contexto ni el conocimiento suficiente para comprender la intencionalidad del mensaje”.

Por otro lado, estuvieron quienes celebraron el abordaje público del concepto aduciendo que se trata de una actividad fundamental para el autoconocimiento, el fortalecimiento de la autoestima y la salud sexual.

Una historia de negación

La masturbación −entendida como la autoestimulación sexual− es un acto que persigue un objetivo principal: sentir placer.

Fue considerada, hace más de 300 años, como una práctica despreciable hasta por las mentes más liberales −se asociaba con una falta de autogobierno entre los progresistas y se le llamaba pecado entre los conservadores−, reseña el historiador Thomas W. Laqueur en su libro “Sexo solitario, una historia cultural de la masturbación”.

A día de hoy, sin embargo, el autoerotismo es entendido por los profesionales en salud sexual como una parte sana y natural de la vivencia humana. “Es una dimensión más de la sexualidad que permite, por ejemplo, el autoconocimiento y la mejora de la autoestima”, explica Gabriel Montoya, médico psiquiatra, experto en salud sexual y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. “De hecho, no es solo un asunto de la adolescencia como erróneamente se cree: un ser humano que lleva una vida sexual en pareja también puede vivir esa experiencia”.

El rechazo a la masturbación tiene su origen en la negación de la función placentera de la sexualidad, explica el psicólogo Bernardo Useche, PhD en Sexualidad Humana y Salud Pública. “Si se mira exclusivamente desde la perspectiva de la función reproductora, la masturbación no juega ningún papel, pero si se mira desde la función erótica de la sexualidad, cobra pleno sentido”.

En un término figurado, coinciden ambos expertos, puede incluso concebirse como un acto de amor con uno mismo, pero “en realidad es un acto para procurarse placer. Ese placer sexual qué tanto se niega y a la vez se practica con una doble moral”.

Hablar de la masturbación

Llevar el tema a lo público es una tarea necesaria para superar el tabú. “Un hecho muy grande es poder hablar del tema, hay que promocionarlo en términos del amor que uno mismo se da y de la posibilidad de autoconocimiento”, apunta Montoya.

Así mismo, desde la salud pública, la autoestimulación como práctica puede tener incidencia en la prevención de embarazos adolescentes, además de efectos positivos en la salud sexual, especialmente de las mujeres, apunta Useche: “Entre los hombres es una conducta casi universal, mientras que entre el sexo femenino sigue encontrándose una menor prevalencia. Diversos estudios, incluyendo algunos realizados en Colombia con estudiantes universitarias, demuestran que hay una asociación entre no masturbarse y la dificultad para alcanzar el orgasmo durante el coito, o incluso entre no masturbarse y nunca haber experimentado un orgasmo”.

En términos de salud pública, se trata de una práctica segura, enfatiza Montoya, pues para una persona que tenga alta tensión sexual, será más sano liberarla a través de del autoerotismo sin tener que exponerse necesariamente a contextos de explotación sexual o tener situaciones de sexo no protegido por encuentros ocasionales.

Ahora bien, entre los menores de edad, el abordaje de esta práctica debe iniciar desde el hogar según su edad (ver Para saber más). En general, explica el docente, “se trata de transmitirles valores: que el cuerpo es sano, limpio, bello, que esas prácticas pueden desarrollarse de manera privada y que ninguna otra persona puede ejercer ese tipo de estímulos sobre ellos”.

Los beneficios de tocarse

La autoestimulación es entonces una manera sana para liberar tensión sexual, proporcionarse placer y tener autorreconocimiento. No obstante, también se asocia con beneficios adicionales como la disminución de la intensidad del dolor que puede asociarse a los síntomas premenstruales, “también se ha visto que ante ciertos dolores crónicos, como los casados por la fibromalgía, las mujeres que se masturban y obtienen orgasmos, alcanzan una mejoría en términos de dolores musculares”, ejemplifica Montoya.

Del mismo modo, ayuda a mantener en los hombres la fisiología y el funcionamiento del pene, y en las mujeres a fortalecer los músculos que rodean la vagina. Finalmente, puede ser una estrategia de aprendizaje en pareja para conocer cómo estimular las zonas erógenas del otro, con qué técnica y con qué intensidad.

La frecuencia para autocomplacerse dependerá de cada individuo según su nivel de tensión sexual, añade el psiquiatra, lo importante es que no se convierta en una conducta disfuncional, que le impida cumplir con compromisos laborales o académicos. Así mismo, “debe concebirse como una modalidad íntima y privada, no debe obligarse a nadie a practicarla o ver el propio acto”.

Contexto de la Noticia

radiografía conversar con los más pequeños

Para tratar temas de sexualidad con niños entre los 0 y los 6 años, los psicólogos recomiendan llamar los genitales por su nombre (vagina y pene) y explicar sus funciones. Además, hay que darles autonomía y enseñarles que no deben aceptar ayuda de nadie para hacer tareas íntimas como bañarse o vestirse. Entre los 7 y los 10 años, hay que resolver sus inquietudes con naturalidad y en palabras que entiendan, esto les dará confianza en caso de estar alguna vez en peligro. Con aquellos entre los 11 y los 13 años ya pueden abordarse conceptos como relaciones sexuales, masturbación, menstruación, etc. Esto será sencillo si se estableció una relación de confianza en los primeros años. Finalmente, con quienes están entre los 14 y los 18 años, es importante hablar sobre métodos anticonceptivos, términos como el afecto y el respeto propio y hacia los demás.

Laura Franco Salazar

Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.


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