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“Colombia tiene 2 millones de empresas formales, pero solo 9.000 exportan”: Analdex

Javier Díaz, presidente de Analdex, analiza el estancamiento del comercio exterior colombiano, advirtiendo que la falta de diversificación y fallas institucionales limitan el crecimiento de las empresas en los mercados internacionales.

  • Javier Díaz, presidente de Analdex, se refirió a los retos de Colombia para ser global. FOTO EL COLOMBIANO
    Javier Díaz, presidente de Analdex, se refirió a los retos de Colombia para ser global. FOTO EL COLOMBIANO
hace 16 horas
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El panorama del comercio exterior en Colombia revela una estructura profundamente concentrada y un tejido empresarial que aún mira con timidez hacia los mercados internacionales. Según las cifras de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, Analdex, de los casi dos millones de empresas formales que operan en el país, apenas 9.000 logran exportar, y de este grupo, un círculo todavía más cerrado de 411 compañías concentra el 91% de las ventas externas. Esta disparidad evidencia no solo la falta de internacionalización de las pequeñas y medianas empresas, sino también la existencia de barreras estructurales, desde la rentabilidad del mercado local hasta un sistema sancionatorio que castiga con severidad los errores formales, desincentivando el salto al exterior.

A pesar de este complejo escenario, el potencial de Colombia sigue siendo inmenso, especialmente si logra capitalizar su ubicación geográfica estratégica y la creciente demanda de productos no tradicionales. Javier Díaz, presidente de Analdex, señala que, aunque el sector manufacturero permanece anclado en renglones históricos, el campo colombiano ha comenzado a abrir oportunidades significativas con productos como el aguacate Hass, frutas y hierbas aromáticas. La clave del futuro, según el dirigente gremial, no solo reside en diversificar qué vendemos, sino en entender hacia dónde lo enviamos, apuntando a una estrategia más agresiva hacia la cuenca del Pacífico y defendiendo con rigor mercados naturales como Estados Unidos, Venezuela y Ecuador.

En entrevista con Visión Estratégica, el presidente de Analdex analiza las razones detrás del rezago institucional de los últimos años, el impacto de la crisis logística global en los precios internos y los retos que el próximo Gobierno deberá asumir con urgencia. Díaz plantea una hoja de ruta centrada en la diplomacia comercial técnica, la modernización de la infraestructura multimodal y la desregulación del sector.

¿Cuál es el balance que hace de estos cuatro años de Gobierno en materia de comercio exterior?

“El balance no puede ser positivo. Considero que el Gobierno no desarrolló una gestión adecuada en materia de comercio exterior. Si analizamos el componente institucional, teníamos una expectativa muy alta frente al proceso de modernización aduanera que, lamentablemente, no se concretó. Por el contrario, se suspendió el proceso de adopción de una plataforma electrónica y la modernización tecnológica quedó paralizada. Es frustrante porque se había superado el obstáculo histórico de la falta de recursos mediante un crédito con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por 250 millones de dólares, pero esa oportunidad se perdió.

Asimismo, observamos un deterioro institucional en el Ministerio de Comercio. Estos cuatro años han sido fatales en ese sentido; se desplazó al personal técnico que poseía el conocimiento especializado para traer personas que no cuentan con las habilidades requeridas. Esto explica por qué herramientas fundamentales como la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE) atraviesan momentos tan complicados.

En cuanto a la estrategia, el presidente Gustavo Petro afirmó que se basaría en la reindustrialización bajo la premisa de que ‘para exportar necesitamos producir’. Sin embargo, tras dedicar el primer año al diseño de la política y el segundo a elevarla a un documento Conpes, la ejecución —que es lo fundamental— fue inexistente. Las cifras son elocuentes: la política minero-energética de restringir el petróleo, el gas y el carbón golpeó severamente las exportaciones de este sector. Como resultado, no hemos logrado superar la barrera de los 50.000 millones de dólares en ventas externas. Si nos comparamos con el promedio per cápita de la región, Colombia debería estar exportando más de 100.000 millones de dólares; actualmente estamos en la mitad de nuestro potencial”.

Más allá de la coyuntura de este Gobierno, ¿cómo avanza la tarea de diversificar la canasta exportadora, particularmente en 2025?

“Se ha logrado avanzar parcialmente en el sector agrícola. Hemos visto un desarrollo interesante en nuevos renglones, liderados por el aguacate Hass, que ha demostrado todo su potencial. También destacan las frutas, las hierbas aromáticas y algunos productos de la pesca. No obstante, en el sector de manufacturas no vemos el mismo dinamismo; seguimos anclados en los productos tradicionales y no han surgido nuevos renglones de exportación con peso significativo. Si hay un avance real en diversificación, este se concentra casi exclusivamente en el campo”.

En su momento se habló mucho del concepto de nearshoring para Colombia. ¿Esta estrategia se ha materializado o se quedó solo en el discurso?

“No se ha avanzado lo suficiente. Aunque ha llegado algo de inversión extranjera, las cifras generales muestran una tendencia a la baja, explicada en gran medida por la desinversión en el sector minero-energético. No hemos aprovechado el potencial de nuestra localización geográfica.

La mayor dificultad reside en el relacionamiento con los Estados Unidos. Sin una relación bilateral sólida y fluida con ellos, es imposible establecer reglas de juego que favorezcan la atracción de capitales bajo el modelo de nearshoring. Otros países de la región, como Argentina o Ecuador, nos han tomado ventaja. Ni qué decir de México o Canadá, que están renegociando el T-MEC desde una posición de fortaleza. La diplomacia comercial y una Cancillería más orientada a estos temas nos han hecho mucha falta”

¿Dónde identifica hoy las oportunidades para los empresarios que desean empezar a vender en los mercados internacionales?

“Colombia mantiene sus mercados principales para productos minero-energéticos en Estados Unidos, Europa y Asia. Sin embargo, para las manufacturas, el foco prioritario sigue siendo Estados Unidos y los países de la región, que son destinos naturales y fundamentales.

En el ámbito agrícola, Europa es un destino clave, pero deberíamos ejecutar una estrategia mucho más agresiva hacia la cuenca del Pacífico. El Gobierno planteó la adhesión de Colombia a la Franja y la Ruta de la Seda, pero más allá de la firma, no se concretaron proyectos específicos. Tuvimos el logro del acceso de la carne colombiana al mercado de China, pero poco después el presidente sugirió suspender esas exportaciones. Ese tipo de mensajes son profundamente contradictorios y confunden al mercado”.

¿Cuántas empresas exportadoras tiene mapeadas Analdex y cómo lograr que más compañías se sumen a este panorama?

“Ese es uno de nuestros mayores retos. En Colombia existen casi dos millones de empresas formales, pero tan solo 9.000 de ellas son exportadoras. Lo más preocupante es que, de ese grupo, apenas 411 empresas concentran el 91% del valor total de las exportaciones. Es una base extremadamente estrecha.

Necesitamos vincular a muchas más empresas, pero enfrentamos barreras estructurales. El mercado local, debido a las dificultades del comercio internacional, suele ser más rentable para el empresario promedio. Nuestra economía sigue siendo cerrada y el costo de internacionalizarse es alto, no solo por la logística, sino por el rigor sancionatorio. Un error formal en un trámite aduanero conlleva sanciones desproporcionadamente duras, lo que desincentiva a las empresas, que prefieren quedarse en la seguridad del mercado nacional”.

En los últimos años hemos visto tensiones. ¿Cómo está cambiando este entorno el comercio exterior colombiano?

“A veces percibimos los conflictos en Medio Oriente como algo lejano que no nos afecta, pero la realidad es distinta. La crisis logística derivada de estas tensiones impacta directamente los fletes y los costos de transporte, además de deteriorar los niveles de servicio.

Aunque Colombia no es un jugador de gran escala en los mercados globales, sufre las repercusiones en los costos de energía y fertilizantes. Esto termina impactando los precios de los alimentos y la inflación interna, lo que a su vez obliga al Banco de la República a ser extremadamente cauteloso con la reducción de las tasas de interés. Somos vulnerables a la volatilidad internacional y a sus efectos en la cadena de suministros”.

¿Cuáles son los productos y destinos con mayor potencial a futuro para los despachos desde Colombia?

“Colombia debe defender a toda costa su participación en el mercado de Estados Unidos y buscar activamente negociaciones bilaterales allí. Espero que el segundo semestre de este año sea más positivo en ese frente.

Por otro lado, mercados como Venezuela y Ecuador son vitales para nuestras manufacturas. Mientras que a Asia o Europa les vendemos materias primas, a nuestros vecinos les vendemos productos con valor agregado. Defender nuestra presencia en estos mercados regionales es fundamental para la industria nacional. En el caso de Venezuela, aunque hay un panorama de reactivación tras las decisiones de Estados Unidos, todavía falta claridad en las reglas de juego. Debemos actuar con mucha paciencia y cautela para evitar errores o sanciones, pero sin olvidar que es un mercado natural donde podemos llegar casi directamente al consumidor final”.

Finalmente, ¿cuáles deberían ser las prioridades en comercio exterior para el nuevo Gobierno que asuma en agosto?

“Identifico tres prioridades inaplazables. Primero, definir una política exportadora clara que fomente el crecimiento del volumen de ventas y una mayor presencia de empresas en el exterior. Esto implica desregular el sector, simplificar trámites, facilitar la operación y crear incentivos reales.

Segundo, la logística. El sistema actual de costos de transporte nos castiga y resta competitividad. Es fundamental desarrollar el transporte multimodal: integrar el ferrocarril, el río Magdalena y el transporte por carretera de manera eficiente. Además, debemos renovar el parque automotor de carga; tenemos la segunda flota más antigua de América Latina y así no podemos competir.

Tercero, la diplomacia comercial. Necesitamos una apertura real que vaya más allá de la reducción de aranceles. El trabajo debe centrarse en alcanzar protocolos fitosanitarios que nos den un acceso real y efectivo a los mercados. Si el nuevo Gobierno se enfoca en estos tres pilares —facilitación, logística y diplomacia técnica—, Colombia podrá finalmente aprovechar su potencial exportador”.

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