La sucesión de varios días soleados después de tantas lluvias ya fue suficiente para estimular la floración de los guayacanes amarillos en el Valle de Aburrá. Un fenómeno que a pesar de repetirse por temporadas no deja de provocar admiración cada vez que un brote repentino de flores amarillas en las ramas desnudas rompe el gris que predomina en la ciudad.
“Son los árboles que uno dice que se hacen sentir: cuando están florecidos todo el mundo los nota, dice qué belleza, les toma fotos”, anota el director científico del Jardín Botánico, Álvaro Cogollo.
El experto —biólogo y especialista en manejo de herbarios y en metodología y enseñanza de la ecología en la niñez— explica que el guayacán amarillo florece cuando hay estrés hídrico, o sea cuando hay tiempo seco. Según el comportamiento histórico del clima en el Aburrá estas temporadas se dan a fin de año y hacia el mes de junio.
“Ahora, el tema del cambio climático que se ha venido dando a nivel mundial afecta. Es una realidad que se percibe en muchas partes y Medellín no se escapa”, advierte.
Normalmente la floración se da en esa época seca, luego la viene la fructificación. Todo como programado en la naturaleza para que cuando se dé la dispersión de las semillas, estas encuentren condiciones adecuadas de humedad para germinar.
Y sin embargo el biólogo señala que entre guayacanes amarillos y rosados, árboles del mismo género, hay diferencias que buscan una alternancia en sus ciclos reproductivos para evitar cruzarse y por eso no deben coincidir los periodos en los que cada especie florece en forma masiva.
Acorralado en la ciudad, por estos días floreciendo, el guayacán amarillo es un árbol que despierta admiración en los días de sol, pero que poco a poco cede terreno a la carrera urbanizadora que cubre todo el suelo con concreto.
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