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Elecciones 2023| Ni contigo, ni sin ti: la encrucijada que tiene el Suroeste con el petrismo en estas elecciones

Aunque el uribismo y los partidos tradicionales siguen siendo la voz cantante tendrán que hacerse elegir con las propuestas del Gobierno Nacional. Esta es la primera de ocho entregas midiendo el pulso electoral en las subregiones.

  • El pulso minero en Jericó sigue influenciando el panorama electoral. La visión regional de desarrollo que tiene el Gobierno riñe con el extractivismo. FOTO julio herrera
    El pulso minero en Jericó sigue influenciando el panorama electoral. La visión regional de desarrollo que tiene el Gobierno riñe con el extractivismo. FOTO julio herrera
16 de agosto de 2023
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Cuando el presidente Gustavo Petro dio un golpe en la mesa en el municipio de Támesis el pasado mes de enero, al anunciar que el Estado enfilaría toda su capacidad para alejar al Suroeste del extractivismo que lo acecha y convertirlo en distrito agroecológico y turístico, hubo quienes aventuraron a anticipar una arremetida del petrismo para apoderarse de una tajada de poder local y torcer el predominio político en la que es, tal vez, la subregión más uribista de Antioquia.

“El petrismo va por la tierra de Uribe...” Era un titular tentador, sin embargo, la realidad que se palpa en el Suroeste desvirtúa esa narrativa completamente.

El panorama, coinciden las figuras políticas de la región, es como un costal de anzuelos, pero el exdiputado Norman Correa se aventura a sintetizarlo así: “el antipetrismo se impondrá en la campaña en la región, pero quienes quieran llegar al poder tendrán que jugársela por un programa de gobierno que coincida con la agenda social y económica que defiende el Gobierno Petro”. ¿Y cómo se explica ese enredo?

Para entenderlo hay que acercar la lupa al caso de Jericó cuyo debate minero incidió en la elección de alcalde hace cuatro años y todavía sigue repercutiendo en el ambiente político de buena parte del Suroeste. En Jericó se libra a escala la pugna de modelos económicos y sociales que antagonizan en la región. Hasta ahora, Petro se ha apuntado varios triunfos, pues no solo reafirmó su rechazo a la megaminería y específicamente al proyecto de Quebradona de AngloGold Ashanti, sino que dejó a varias fuerzas políticas tradicionales sin capacidad de negociación e influencia al quitarle a Antioquia la autoridad como delegación minera para tomar decisiones en los Proyectos de Interés Nacional Estratégicos –PIME–.

El otro punto a favor se lo acaba de anotar con el borrador de decreto para declarar zonas de reserva transitorias libres de minería, con lo que, según dicen en voz baja voceros de los sectores productivos como cítricos, café, aguacate y turismo, podría generarle simpatías al Gobierno Nacional por parte de estos gremios al librarlos de los conflictos a los que enfrentaban con la minería de alto impacto.

Incluso ya hay puntos de encuentro con las fuerzas empresariales del departamento. Proantioquia ha liderado espacios de concertación en las provincias de Cartama y San Juan para la construcción del futuro distrito agroecológico y turístico.

El gran problema es que el petrismo no supo capitalizar políticamente esas decisiones. Dicen los integrantes de las fuerzas que integran el Pacto que cuatro meses atrás hacían cuentas con meter concejales en al menos la mitad de los 23 municipios del Suroeste y acumular un potencial electoral que le permitiera negociar cargos en las administraciones municipales. Sin embargo, a duras penas solo lograron presentar listas en siete municipios: tres con el Pacto Histórico y cuatro con la Colombia Humana.

Sin el petrismo pura sangre en competencia por las instancias de decisión quedó el camino libre para viejos conocidos, para los partidos tradicionales y gamonales.

En Jericó hay seis candidatos: tres que defienden la defensa del territorio, medio ambiente y un desarrollo sostenible: el exalcalde Jorge Pérez (Conservador), el exconcejal Jovany Zapata (Polo Democrático) y Wilton Chaverra (Jericó cómo te Quiero) y otros tres cuya visión de desarrollo le coquetea –sutil y más abiertamente– al extractivismo y a la transformación drástica del territorio: Sebastián Garcés, la carta continuista del alcalde David Toro; John Palacios (Aico) y Luis Aníbal Espinal, empresario y tío del representante a la Cámara del Centro Democrático, Juan Espinal.

El discurso y las propuestas de Aníbal Espinal han caldeado el debate en Jericó. Postula que el desarrollo es igual al crecimiento y en consecuencia propone explotar los recursos del territorio, una visión empresarial que, tal como ha ocurrido en otros escenarios, ha logrado calar entre la gente.

La visión que defiende Espinal y que encuentra coincidencias con algunos otros aspirantes a alcaldías de la región es criticada por Fernando Jaramillo, vocero de la Mesa Ambiental de Jericó, quien dice que un crecimiento acelerado e insostenible acabaría, entre otras cosas, con la expulsión de habitantes.

Bajo la mirada del candidato Espinal, es posible tener desarrollo sostenible en el municipio, lo que requiere abrirles las puertas a los empresarios que quieran generar empleo formal, sin desconocer el cuidado y la protección del medioambiente. “Tiene que ser un desarrollo sostenible, a través del agua, el agua es la pauta hasta donde nosotros podemos tener desarrollo. El desarrollo nos lo da el insumo, hasta donde tenemos algo, hasta ahí podemos llegar”, sostuvo el candidato.

El aspirante también indicó que su propuesta, que ha dado a conocer por medio del voz a voz y reuniones con los habitantes, busca mejorar el componente social con acciones como la creación de una casa de salud y por lo menos un médico de tiempo completo; el fortalecimiento de la atención en salud mental; la tecnificación, capacitación y acompañamiento a los campesinos en sus proyectos productivos; el afianzamiento del turismo; y la conectividad, entre otras.

Por esto, incluso los detractores de Espinal le reconocen que es uno de los pocos que en la actual tribuna electoral ha mostrado abiertamente sus cartas.

En Támesis, por ejemplo, al candidato Juan Pablo Pérez, un joven de 29 años, lo señalan de manejar un doble discurso. Pérez, de base conservadora, no figuraba entre las voces políticas de la región que le han hecho contrapeso a la megaminería. Sin embargo, durante la campaña ha decidido tomar las banderas de la defensa del territorio, por lo que algunos le señalan incluso como una “carta oculta” de los intereses extractivistas para llegar al cargo de un municipio que se convirtió en la primera línea de defensa del territorio y de rechazo a la megaminería. “La línea más importante de mi programa de gobierno, que es la número en orden de importancia, es la defensa del territorio”, dijo el candidato Pérez, que se inscribió tras recoger firmas con el movimiento Támesis Avanza y también recibió respaldo de la ASI, Cambio Radical, el Partido Liberal, el Centro Democrático y Alianza Verde.

Pérez es la apuesta contraria al candidato que aspira a garantizar la continuidad de la línea del alcalde Juan Martín Vásquez, otro joven e 33 años llamado Sergio Ruiz, y quien se la ha jugado por garantizar los postulados de Vásquez, quien se convirtió en una figura clave para cerrarle el paso a AngloGold Ashanti y que es reconocido no solo el Támesis sino en la región como un convencido defensor de la biodiversidad y el potencial agrícola que están en riesgo ante la megaminería.

El tema de los dobles discursos es álgido y tiene señalamientos de parte y parte. Ahí también cae el senador conservador Germán Blanco, el gran barón electoral del municipio y uno de los dos más grandes del Suroeste, junto con Juan Felipe Lemos (La U), a quien señalan de tener una narrativa antiminera y prodefensa del territorio por conveniencia porque la corriente conservadora fuerte en el municipio está jugada con esta visión. Lo señalan los propios conservadores del municipio.

Por cierto, estos nombres, Felipe Lemos y Germán Blanco, son claves en esa futura negociación entre el poder local del Suroeste y el Gobierno Nacional. Blanco preside la Comisión Primera, por donde pasan las reformas constitucionales y estatutarias, mientras que Lemos preside la Cuarta, encargada de las leyes orgánicas del presupuesto.

Ambos han sido férreos opositores al Gobierno Petro, pero también son ampliamente dependientes de los votos del Suroeste, por lo cual saben que en la región los evaluarán de manera implacable dependiendo de qué tantos recursos ante el Gobierno logren gestionar para impulsar a las administraciones municipales.

“En política, los contrarios son los que terminan siendo muchas veces los grandes aliados”, apunta Jhon Jairo Mejía (La U, Gente en Movimiento y Conservador), exalcalde de Andes y quien parece no tener competencia entre los otros cinco aspirantes para volver al cargo.

Mejía señala que de llegar al cargo de la capital económica del Suroeste le tocará la mejor época del gobierno Petro cuando acabe su etapa de delirio idealista y empiece a ejecutar con practicidad.

Mejía dice que aunque están en la otra orilla ideológica y política comparte darle un vuelco al agro, tecnificándolo y formalizándolo. Ahí es donde espera que, con la mediación de Lemos, se logren los acuerdos necesarios para que los miles de millones necesarios para los proyectos cafeteros, de salud, sociales y de infraestructura que tiene en su programa vean la luz en los próximos cuatro años.

Perdido el tren de ser poder local en el Suroeste en los próximos cuatro años, al petrismo le queda jugarse la carta del largo plazo. Por ahora, el premio de consolación como dice el progresismo en la región, es que los alcaldes gobiernen con los postulados que defiende el Gobierno Petro.

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Saturada “oferta” de partidos de derecha en el suroeste

Aunque históricamente el Centro Democrático, el Conservador y la U se han repartido –y muchas veces compartido– el poder en el Suroeste, para estas elecciones aterrizaron con fuerza Creemos, Salvación Nacional y Fuerza Democrática.

A diferencia del petrismo, el partido Federico Gutiérrez sí aprovechó el impulso de las presidenciales y logró armar ocho listas al Concejo con 65 aspirantes y seis candidatos a alcaldías; solo los partidos tradicionales lograron una presencia mayor en la subregión.

En contraste, aunque dicen en el Suroeste que Independientes, el partido del alcalde Daniel Quintero, se movió con fuerza desde marzo por toda la subregión buscando alianzas y “cazando” líderes comunitarios para reclutarlos a su proyecto político, apenas lograron armar listas para los concejos en Urrao, Tarso (la tierra de su secretario de Hacienda Óscar Hurtado), Santa Bárbara y Fredonia. Incluso, en esas volteretas, la gente de Independientes buscó pegársele a los liberales de Jericó, jugados con la megaminería, lo que los ponía en una orilla completamente opuesta al petrismo con el que supuestamente coinciden en sus postulados fundamentales.

Por otro lado, un dato alentador es que el 25% de los aspirantes a los concejos municipales son personas menores de 30 años, su participación en la subregión aumentó 8%, lo que a juicio del obispo de Jericó, monseñor Noel Londoño Buitrago demuestra que puede estar en marcha una lenta transformación cultural, política y social que, sin embargo, se queda todavía bastante corta en cuanto a capacidad para el ejercicio político formal y el desempeño en cargos de decisión.

Una coda más: quien llegue desprevenido a un pueblo del Suroeste como Jericó, Andes o Jardín se sorprenderá al percatarse que no hay ninguna valla o pancarta alusiva a algún candidato. Es una situación curiosa que responde a diferentes razones en estos lugares. En Jericó, por ejemplo, completan ya cuatro campañas electorales respetando un pacto que impide la utilización de esta propaganda. En Andes responde a una resolución de la alcaldía de Carlos Alberto Osorio que, según dicen en el pueblo, fue hecho a la medida para perjudicar a John Jairo Mejía, quien fuera su aliado político pero hoy no se pueden ver ni en pintura. Resulta que Mejía fue quien construyó buena parte de los edificios que rodean el parque principal y goza de simpatía del comercio que circunda la plaza. Conociendo esto, según señala Mejía, el alcalde emitió una resolución que impide esta propaganda en un intento por “borrarlo”. Valga decir que tanto en Andes como en otros municipios la U y el Centro Democrático, buenos amigos en otros tiempos en el Suroeste, rompieron cobijas.

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