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“Si no clausuramos camas, nos tocaría cerrarlo”: directora del Hospital Infantil Santa Ana en El Poblado

Directora del Hospital Infantil Santa Ana habla del déficit y de las salidas para este centro que ha sido referente.

  • El Hospital Infantil Santa Ana queda en el barrio Manila, de El Poblado. Atiende anualmente a 12.000 niños y fue por mucho tiempo referente regional en manejo de desnutrición crónica infantil. FOTO Camilo Suárez.
    El Hospital Infantil Santa Ana queda en el barrio Manila, de El Poblado. Atiende anualmente a 12.000 niños y fue por mucho tiempo referente regional en manejo de desnutrición crónica infantil. FOTO Camilo Suárez.
hace 2 horas
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En 83 años de vida, el Hospital Infantil Santa Ana en El Poblado ha tenido tiempos económicamente regulares, malos y peores, pero no se puede decir que jamás haya sido boyante. El presente no es precisamente la mejor época. Es la razón por la que las directivas decidieron que la única manera de no morir es reducir una parte de sus servicios y diversificarse hacia otros que antes no prestaban.

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Recientemente anunciaron que el próximo 12 de junio cerrarán el área de hospitalización, en la cual mantienen entre 12 y 20 camas dispuestas. La directora, Paula Andrea Trujillo, explica las causas, la magnitud de la crisis y las posibilidades de solución.

¿Qué porcentaje de su operación representa el servicio de hospitalización?

“El Hospital Santa Ana tiene 83 años de fundado. Inicialmente funcionó como hogar y hospicio, recibiendo niños de todo el departamento de Antioquia, incluso de zonas de conflicto, para su recuperación nutricional; ese fue el lema de su fundadora. Con el tiempo, se fue transformando según la normatividad en salud.

Con la Ley 100, las normas de habilitación y de sismorresistencia, hace unos 14 años, surgió la necesidad de tener un servicio de hospitalización moderno. Gracias a una donación de la Fundación Sofía Pérez de Soto se construyó la sede actual. Sin embargo, los recursos siempre han sido limitados y dependemos de la buena voluntad de particulares y fundaciones”.

¿Quiénes han sido sus principales benefactores?

“La fundación Sofía Pérez de Soto ha sido nuestra gran benefactora. También, la Fundación Fraternidad y los descendientes de la familia Echavarría siguen apoyándonos, pero ante el aumento desmedido de los costos de los servicios de salud, las donaciones se quedan cortas”.

¿Por qué siempre ha tenido que subsidiar la atención?

“Porque lo que se asigna por los servicios de la UPC (Unidad de Pago por Capitación) es insuficiente. Mantener nuestros servicios de hospitalización y consulta cuesta mucho más de lo que ingresa.

Por ejemplo, las aseguradoras pagan unos $170.000 por una estancia hospitalaria, mientras que al hospital le cuesta entre $295.000 y $300.000. El hospital ha subsidiado esto por años, pero en los últimos cuatro años el costo en salud se incrementó un 35%, limitando nuestros recursos al punto de que la pérdida nos supera”.

¿Cómo se han financiado si la UPC no alcanza?

“A través de donaciones y el alquiler de espacios”.

¿Qué pasaría si no se cierra el área de hospitalización?

“Si no tomamos esta decisión, nos tocaría cerrar todo el hospital. Buscamos alternativas con las Secretarías de Salud de Medellín y de Antioquia el año pasado, pero la inversión necesaria es muy alta y nadie ve cuándo será autosostenible”.

¿Por qué en otros hospitales sí es sostenible esa área?

“Hospitales como el San Vicente tienen servicios de alta complejidad (UCI, quimioterapia, trasplantes) que ayudan a sostener la hospitalización.

Nosotros, como hospital de primer nivel, no tenemos esos servicios ni ayudas diagnósticas propias que generen excedentes. Por eso, solo el servicio de hospitalización no puede mantenerse. Mantendremos la consulta externa porque es la puerta de entrada y nuestro programa misional requiere pediatras, nutricionistas y psicólogos”.

¿Cómo es eso de que no habrá despidos masivos pese al cierre?

“Así es. Estamos haciendo un esfuerzo grande por no salir del personal. Queremos ser responsables ante la situación de desempleo, que en el sector salud es complicada”.

¿Cuántas camas se cerrarán y a cuántos niños afecta?

“El cierre oficial es el 12 de junio y comprende las 20 camas con las que contamos. En meses pasados ya habíamos bajado a 12 camas por el tema del déficit, aunque habilitábamos más cuando hay picos respiratorios altos”.

¿Tienen alianzas con otros hospitales para remitir a los niños o cómo van a hacer?

“No hay una alianza formal, pero siempre hemos contado con el Hospital General y la Clínica Rosario del Tesoro. El problema es que los niños con infecciones respiratorias moderadas que antes atendíamos nosotros ahora tendrán que ir a instituciones de alta complejidad, ocupando camas que podrían necesitar niños más graves, ya que en la ciudad casi no hay instituciones pediátricas de baja o mediana complejidad”.

¿Ha influido la baja natalidad en la demanda del hospital?

“Medellín tiene cada vez menos nacimientos, lo cual es una noticia positiva en el caso de los embarazos adolescentes. En el hospital no hemos sentido tanto la disminución en consulta porque atendemos muchas infecciones respiratorias, pero la ocupación hospitalaria se mantiene entre el 79% y 80%, que curiosamente son los niveles ideales para la seguridad del paciente”.

¿Sigue siendo pertinente y necesario el hospital para la ciudad?

“Totalmente. El problema es que el recurso es insuficiente tanto para las EPS como para las IPS. Necesitamos una intervención importante en el sistema de salud porque los costos actuales son insostenibles para servicios que no son rentables por sí mismos”.

¿A cuántos niños atienden anualmente y bajo qué diagnósticos?

“Atendemos más de 12.000 niños al año en consulta, la mayoría por infecciones respiratorias. En 2025 atendimos solo 31 niños por desnutrición; esa cifra hace diez años era el triple o cuádruple; se mantenían permanentemente siete u ocho niños hospitalizados por desnutrición. Las administraciones recientes han trabajado mucho en el tema con programas como “Hambre cero” y eso se ha notado”.

En términos económicos, ¿cuál es el déficit actual?

“En lo que va de este año, la pérdida es de unos $700 millones y el déficit acumulado está cerca de los 2.200 millones. Para una fundación sin ánimo de lucro, una pérdida de esta magnitud es muy significativa y pone en riesgo a todo el hospital”.

¿Qué alternativas han planteado para no cerrar lo que queda?

“Estamos buscando fundaciones o empresas internacionales que nos vean como una entidad a la que pueden aportar mediante donaciones. También le apostamos a nuevas líneas de servicios, como el de vacunación, que acabamos de habilitar.

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El hospital no puede apartarse de su misión, que es la labor social con la población infantil. Continuamos con la consulta especializada en pediatría; hoy tenemos un programa de endocrinología pediátrica importante donde vemos alrededor de 800 niños mensuales.

No obstante, estos seis meses que restan del año tenemos que hacer un alto en el camino con el servicio de hospitalización para disminuir la pérdida. Para el próximo año miraremos qué decisiones tomar o qué aliados estratégicos buscan hacer alianzas con nosotros para fortalecer los servicios”.

¿Qué harán con la gente que sobra?

El Hospital Infantil Santa Ana tiene 100 empleados directos y tres por prestación de servicios en cargos administrativos.

Y aunque con el cierre de camas de hospitalización lo natural es que sobraran algunos, la directora Paula Andrea Trujillo anunció que no habrá despidos masivos.

Estos se emplearían en nuevos servicios. “Hoy tenemos habilitada la modalidad de hospitalización parcial en el día, donde el paciente no se queda más de 12 horas y estamos estudiando la posibilidad de habilitarla también en la noche. Ahí hay una opción para ocupar a todo el personal que tenemos”, dijo la directora.

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