De Amor y Otras Adicciones, de Edward Zwick

Un giro para la comedia romántica

Por: Íñigo Montoya

La comedia romántica es el único género que no se ha desgatado después de setenta años. Sus componentes y esquema siguen sin modificaciones sustanciales, y aún muchas todavía logran el efecto deseado. Claro que todo depende de cuáles giros y variaciones le introducen al conocido esquema.
Una de esas características del género es que el humor y la trama son disparados porque alguno –a veces ambos- de la pareja protagónica oculta algo o miente. En Cómo perder a hombre en diez días, por ejemplo, los dos ocultan el hecho de que se interesan por el otro solo para ganar una apuesta. De acuerdo con esta característica, entonces, las comedias románticas siempre pasan por una fase de drama cuando se descubre la mentira o el secreto.
En esta película de  Edward Zwick (a quien se le conoce más por cintas de acción y bélicas como Días de gloria, Estado de sitio, Valor bajo fuego, El último samurái o el Desafío), junto con su guionista, en lugar de una mentira o un secreto introducen como componente dramático la grave enfermedad de uno de los personajes.
De esta manera, la historia empieza como cualquier comedia romántica (un chico encuentra a una chica) y está poblada de situaciones y personajes jocosos, pero de fondo está siempre este asunto del Parkinson que ella padece, que si bien primero sirve también para crear humor, luego se pone seria la situación para transformar la cinta en un drama de significativas connotaciones, con personajes que ganan profundidad y un final que apela al tono de los relatos románticos.
Esta mezcla parece algo extraña, no obstante, realmente funciona en sus intenciones y componentes: cuando debe ser cómica causa gracia, cuando se torna en un drama resulta reflexiva, y cuando es romántica deshace a todos los espectadores. Eso porque todo en la historia está planteado en su justa medida, de manera inteligente y sin abusar de las emociones del espectador con salidas fáciles.
Además, la pareja protagónica, interpretada por Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway, cumple con el requisito de toda comedia romántica, que haya química entre ellos y conformen una buena pareja emocional y fotogénicamente.

El gran concierto, de Radu MIhaileanu

Una película estorbo

Por: Íñigo Montoya

Con esta película se me ocurrió que, por sus características, es un tipo de cine que le hace más daño a la cartelera y a la cinefilia que la más comercial de las basuras de Hollywood. Y es que es una película que pasa por “cine arte” o por ser un filme con un alto contenido artístico, sin llegar a ser tal cosa, y con esto ocupa los espacios que son dedicados a un cine diferente, al cine de calidad que realmente es una alternativa entre tanto producto empaquetado.
Se trata de una historia que cuenta la suplantación de la Orquesta Bolshoi por parte de los viejos integrantes, caídos en desgracia en la época de la Unión Soviética. De entrada este planteamiento, junto con la reunión de los 55 integrantes en dos semanas y el viaje a París, ya se pasa de forzado e inverosímil. Pero todavía falta el toque sentimental, pues a la mejor manera de las telenovelas mexicanas, aparece en la trama la  hija  perdida  de  unos  personajes  importantes  para  la  orquesta.
Cuando la orquesta está en París, empiezan a suceder una serie de situaciones absurdas, que no concuerdan con la lógica planteada por la historia (el amotinamiento reclamando el dinero, la huída de los músicos, el ensayo con los gitanos, etc.). Pero es de ese absurdo que hace fruncir el ceño por la incomprensión de lo que sucede y no el que causa gracia.
Entre estas situaciones absurdas y los momentos sensibleros relacionados con la hija sin padres, la película avanza hacia un final absolutamente predecible y del todo complaciente con el espectador, que quiere ir al cine a que le cuenten historias que lo hagan reír y emocionar fácilmente, no importa que sea a partir de forzados recursos.
De manera que esta película, que está exhibida en las salas en que normalmente presentan un cine alternativo y más inteligente, no está haciendo otra cosa que estorbar, porque está ocupando el espacio en el que deberíamos estar  viendo un cine que de verdad le haga contrapeso a películas como El Paseo o Los viajes de Gulliver.

Skyline, de Colin Strause, Greg Strause

De la forma sin esencia

Por: Xtian Romero – cineparadumis.blogspot.com

Hace poco District 9 puso la bandera muy alto en el tándem de películas de extraterrestres con su novedosa propuesta y de nuevo la temática se puso de moda. Como espectador uno ya espera cintas de esta línea, que si bien no tienen que ser superiores a la ya citada, sí por lo menos sean entretenidas. El tráiler de Skyline promete, promete mucho, pero no es más que una trampa para enganchar espectadores  desprevenidos  para ir a  ver otra tonta película con un muy buen empaque.
De entrada lo único que se puede aplaudir es lo bien resulta visualmente. Unos muy buenos efectos especiales, unos muy buenos diseños de alienígenas y naves, un muy buen maquillaje, y unas muy buenas piruetas de acción, hacen que lo que se vea sea espectacular. Por ejemplo, la nave gigante en el cielo es una imagen hermosa, pero stop!, la cosa no pasa de ahí.
Al guion le hace falta algo importante, alma, porque está repleto de unos personajes tontos, mal interpretados, e inclusive, hasta irritantes, que no generan en ningún momento empatía. Sus diálogos son bastante pobres, y refuerzan más la estupidez de estos chicos adinerados y rebeldes viviendo una vida lujuriosa de rockstars, y sus intentos de dramatismo son facilones, ilógicos y hasta chocantes.
Los guionistas quisieron enfocarse en el drama de unos pocos intentando sobrevivir en medio de este contexto, sin importarles si el mundo se salva o no, primando más sus historias personales que la supuesta invasión, pero les quedó grande jugar a M. Night Shyamalan, que sin necesidad de contar con todos sus efectos, logra una historia impecable, profunda y hermosa en Señales.
Otro tonto producto para niños chiquitos apasionados de los videojuegos, seguro que disfrutarán todos los digitalismos visuales, pero bueno, no me canso de decirlo, repetirlo, y volverlo a decir, en el cine, lo que debería importar es la esencia, no la forma.

Los pequeños focker, de Paul Weitz

Más de lo mismo… pero conocido

Por: Íñigo Montoya

A “veces más de lo mismo” no necesariamente significa un defecto en una película. Hay ocasiones en que realmente uno quiere más de los mismo: Terminator, Volver al futuro, el Batman de Christopher Nolan, Toy story, en fin. Eso es cuando “más de lo mismo” no alcanza a agotar la fórmula, cuando a los esquemas y elementos conocidos todavía se les puede sacar provecho de una forma original o novedosa. Pero tal no es el caso de esta película.
La cinta muestra de nuevo las vicisitudes del torpe y siempre con mala suerte Gaylor Focker, interpretado por un Ben Stiller que se repite en cada película cómica donde él es el protagonista. Parece siempre el mismo personaje puesto en distintas películas con variaciones de argumento: el vigilante de un museo que es divorciado, el hombrecito que está loco por Mary, el inseguro novio de Polly, el recién casado que descubre que su esposa es casi una sicópata, el amigo de un inventor de mal gusto, etc.
La esencia de esta saga está en la relación tensionante entre el casi pusilánime Gaylor Focker y su rígido suegro ex agente de la CIA. En la primera entrega este planteamiento fue realmente original y divertido, mientras que en la segunda funcionó muy bien traer como refuerzos a los dos padres Focker, sin embargo, en esta tercera ya no hay novedad. Prácticamente el conflicto y su planteamiento es una mala mezcla de las dos cintas anteriores.
No se trata tampoco de una cinta tediosa o detestable, porque algunos buenos momentos tiene, como cuando Gaylor pone una inyección a su suegro o cuando el mismo Gaylor es acosado sexualmente por Andi García. Pero a pesar de esos momentos, la mayor parte de la película transcurre sin sorpresas ni situaciones que ya no hayan ocurrido antes o que el espectador no pueda anticipar. Esto porque es más de lo mismo pero ya conocido (dos veces).

RED, de Robert Schwentke

Acción, humor y espionaje con estilo

Por: Íñigo Montoya


En el cine no existen leyes que determinen la forma de hacer buen cine o mal cine. De ser así todas las películas serían obras de arte y/o éxitos de taquilla. Con esta película se puede comprobar esa premisa, pues tiene todos los elementos típicos del cine comercial más gastado y predecible, pero aún así, resultó ser una entretenida y divertida cinta que alcanza a sorprender al espectador.
Es un filme que combina los populares géneros de la acción y la comedia, los cuales siempre resultan difícil mezclar a la hora de mantener la tensión y verosimilitud que requiere la acción, al tiempo que poseer la chispa de gracia que exige la comedia. Esta película consigue tener éxito con dicha combinación sin afectar las cualidades de cada género. Y hablando de géneros, hay uno de ñapa: el cine de espionaje.
Así que tenemos tres esquemas por vía de los géneros: acción, comedia y espionaje. Pero hay uno más por cuenta del argumento: el esquema de “solos contra el mundo”, donde el antagonista es una gran conspiración del gobierno.
Como se puede ver, todo parece conocido y poco original, sin embargo, los realizadores supieron presentar esos elementos de una manera original y divertida. Entre tanto lugar común de sus componentes consiguen hacer unas variaciones ingeniosas y unos giros que sostienen la atención y el interés.
Pero tal vez lo más atractivo de todo es ese reparto de súper estrellas: Bruce Willis, Helen Mirren, Morgan Freeman, Mary-Louise Parker y John Malkovich, todos ellos (un poco menos Willis) interpretando unos personajes, incluso un tipo de cine, en los que nunca se les ve y aquí lo hacen con gran naturalidad y eficacia.
No es una obra maestra, ni entre sus líneas se puede leer el significado de la existencia, pero sí es una cinta que casi cualquier espectador que no tenga prejuicios para con el cine comercial, va a disfrutar y gozar muchísimo.

Los viajes de Gulliver, de Rob Letterman

Hollywood, el anti Rey Midas

Por: Iñigo Montoya

Es cierto que a una película que fue diseñada para ser simple entretenimiento de vacaciones no se le puede pedir mucho, pero la verdad es que hay unas a las que, de acuerdo con ciertas circunstancias, si habría que exigirle un mínimo de nivel y de buen seso.
Esta película, por ejemplo, cuenta con una de las más importantes estrellas de Hollywood de la actualidad (Jack Black), así como con un gran presupuesto y, sobre todo, está inspirada en una de las más celebradas obras de la literatura universal, escrita por el genio lúcido y agudo de Jonathan Swift. Con esos tres elementos, esta cinta no tenía por qué ser el relato banal, de mal gusto y medio tonto que fue.
En primer lugar, tenemos a un Jack Black que lo vemos haciendo el mismo personaje que ha hecho desde Escuela de rock: un adulto superficial e inmaduro que se mueve en el mundo con la pinta y las actitudes de un quinceañero vulgar y egoísta.
Pero lo que más desentona es lo que le hicieron al clásico de Jonathan Swift, un libro que, aunque se cree que es infantil, fue escrito como una aguda crítica a la naturaleza humana y a la sociedad. Esta película, en cambio, desaprovecha todas las posibilidades que brinda el personaje y su aventura para, además de tratar de hacer una cinta divertida y entretenida, crear también un relato inteligente y con un trasfondo, porque lo uno no excluye lo otro (hay que ver el primer Shrek, por ejemplo).
Y es que finalmente todo termina siendo, ni siquiera un relato infantil (que por lo general gozan de unos planteamientos más sólidos) sino una película adolescente, con chistes fáciles, con doble sentido, escatológicos y heroísmos de high school.
De Hollywood sale el mejor cine del mundo, pero también el peor, como en este caso, en el que una obra que es el equivalente al oro en la literatura, el espíritu superfluo y mercantil de la industria la convirtió en basura.

El turista, Florian Henckel von Donnersmarck

Una burla a la inteligencia

Por: Xtian Romero – cineparadumis.blogspot.com

Me estaba resistiendo mucho a escribir algo sobre esta película, era tal el desinfle que motivación no había, además no quería empezar el año con una reseña de esta decepcionante producción, y lo que acrecienta mas este sentimiento, es saber quiénes eran las mentes tras las bambalinas, su director y co-guionista, y pues como mi noble labor es recomendarles buen cine, de hablarles de las películas que mas me gustan, caí en la cuenta que también debería ser la de hablar de las que no han sido de mi agrado, hablar mal de vez en cuando.
Un guion que absurdamente se burla de la inteligencia del espectador, con unos puntos de giro demasiado forzados, demasiado manipuladores y convenientes y un desarrollo argumental lleno de baches e incongruencias, pretendiendo darle un tono thriller al asunto y de repente maquillándolo con toques de humor recurriendo a chistes fáciles, con unas líneas sosas, sin sabor, sin fuerza y muchos clichés cinematográficos, como por ejemplo que metan al protagonista al calabozo donde reposa un ogro que seguro lo hará pasar muy mal. Y que este guion también lo haya firmado el guionista de The usual suspects, un delicioso banquete cinematográfico con uno de los mejores finales que he visto, me desconcierta demasiado.
Pero más desconcertante aun, es que la haya dirigido el mismo que movió la batuta en esa joya fílmica alemana llamada La vida de los otros, ganadora del Oscar en el 2007 a mejor película extranjera. Una puesta en escena básica, simplista, sin espíritu, como si la hubiera dirigido cualquier director de bajo costo gringo. Después de ver su primer film, una cinta tan profunda psicológicamente y tan bien lograda en sus actuaciones queda esperar mucho de este hombre, pero me dejó en una sola pieza al ver esta realización. Tal vez movido por la presión de los estudios norteamericanos, muy seguramente, pero que su talento sea tan desaprovechado, todavía más, espero que se levante de este fracaso y nos vuelva a regalar otra belleza como su opera prima.
Vámonos a sus actuaciones. El gancho de este film definitivamente era esa combinación de estrellas, Jolie-Depp que por supuesto, haría pensar a cualquiera que sería algo bien candente, de hecho este servidor lo pensó, pero lamentablemente, el as bajo la manga, no les funcionó. Depp con sus intentos cómicos no fue capaz de darle vida a un personaje tan mal creado desde la misma escritura del guion; y Jolie, me estresó con su impostada sonrisa de femme fatale durante todo el metraje. Par personajes mal actuados, mal llevados, sin alma, sin que de verdad hagan creíbles sus peripecias y esa supuesta conexión sensual entre ellos dos. No les achaquemos toda la culpa, el conjunto de toda la película es realmente el problema.
¿Qué esto es un remake?, pues sin ver la película original, la francesa El secreto de Anthony Zimmer, estoy completamente seguro que es mil veces mejor, aunque según mis fuentes más confiables, es otra cinta sin ton ni son así que no me interesa pasar mis narices por ahí. Lo único que se puede rescatar de este film es su excelente fotografía que te mostrará majestuosamente dos de las ciudades más hermosas del mundo y su música podría llegar a ser interesante hasta cierto punto, pero se vuelve empalagosa hasta decir no más.

El paseo, de Harold Trompetero

La tarea maluca

Por: Íñigo Montoya

Cada año la misma tarea que hace Dago García al estrenar una película el 25 de diciembre, el cinéfilo colombiano la debe de hacer también al verla. El problema es que cada vez resulta una tarea más tediosa y obligada, porque los tiempos de buenas comedias como La pena máxima o Te busco, ya pasaron. El común denominador en los últimos años ha sido el sentimiento de extrañeza y estupefacción ante lo que este productor, y su director contratado de turno, piensan que es el humor.
El caballito de batalla de la cinta de este año es la road movie, un subgénero que normalmente se presta para  contar historias muy dinámicas y en las que suceden muchas cosas. Pero por dentro de este envoltorio, todo lo de siempre, y de más dudosa calidad cómica, esto es, una familia semi disfuncional pero que también “tiene su corazoncito”, la clase media bogotana como representación del “colombiano común y corriente”, más chistes verbales que visuales (gran error en la comedia cinematográfica) y un humor creado en general a partir de salidas fáciles y populistas.
El hilo conductor, además del viaje, es la verborrea del incomprendido y pusilánime padre de familia, interpretado por Antonio Sanint como si fuera uno de sus números de stand up comedy, cosa que muy pocas veces funciona, sobre todo porque el espectador nunca se identifica cómicamente con él y porque sus chistes casi siempre son clichés o predecibles.
Luego viene sus reforzados giros argumentales, como la reiterada presencia del jefe o el secuestro por la guerrilla zen (!). Es cierto que la comedia puede dar lugar a situaciones absurdas o disparatadas, pero aún así estas deben ser coherentes con una lógica impuesta por la película. Pero no es este el caso y el resultado es todo lo contrario al humor, esto es, el desconcierto y la estupefacción.
Y lo peor llega al final con el final. Un giro meloso y sin ninguna fuerza que deja es aburrido al público que ya está hastiado con ese vaso gigante de crispetas. Entonces todos salimos del teatro y, paradójicamente, una película que no fue hecha para dejarlo pensando a uno, lo pone a pensar, porque es un poco inexplicable esa concepción del humor de quienes, sabemos, conocen la industria, tienen talento y manejan el oficio.
Sin embargo, hay algo que no me deja muy bien parado: que soy uno de los pocos que piensa esto, porque ésta y a sus antecesoras, son películas a las que les va bien en taquilla, y ese –en promedio- medio millón de personas que las ven y se ríen y se carcajean y vuelven al siguiente año y toda la cosa, toda esa gente, seguramente no se pone a pensar en nada de esto.

Tron, de Joseph Kosinski

Tron y la relación con los gamers

Por: José Manuel Vélez

En la mente de todo gamer solo puede haber una gran fantasía: el anhelo y ensueño de fundirse con el gran universo virtual, esa quimera que en el arrobamiento del usuario final y sin moverse de su silla, permite viajar por el infinito e inconmensurable mundo de los bits, las ecuaciones y algoritmos. Una realidad tan maleable y versátil como la mismísima mente de cualquier artista, pero a la vez casi tangible y veraz como cualquier determinación física.
Eso plantea Tron, la nueva película de Disney en formato 3D, o por lo menos es el aspecto que a los gamers puede llevar a conmover. En principio puede parecer una película como todas las demás, con trágicas historias y un drama que a lo mejor no sentiremos muy profundamente. Pero solo es llegar al punto cumbre, donde el “usuario” se introduce en aquel universo sintético, lleno de colorido y de unos aspectos visuales no mas que excelentes en su
representación o recreación, entonces llegará el impacto, el nuevo universo ahora está aquí para salvarnos, cada efecto nos hará recordar el Tron 2.0. que, a pesar de sus desmejoradas gráficas y grandes bugs, es una experiencia memorable.
Quizá el gran punto débil del film sea su contenido, ¿pero acaso hay algún interés en un contenido mas allá de efectos e innovación en lógica visual? Desde el inicio se sabe que es una película para pasar un buen rato, y sobre todo para aquellos que estando acostumbrados al mundo de los videojuegos, saben que muy poco contenido productivo encuentran, por ejemplo, en los entretenidos Postal II o Alpha Protocol (que, por supuesto, más contenido tiene una bolsa de basura). Ya sería otra cosa quizá ver una adaptación milimétrica de Half life 2 o de Fallout 3.
Por eso afirmo que esta película en los gamers puede tener un gran significado, como en alguna medida lo tiene Resident evil o El príncipe de Persia, incluso la mismísima y desvalorada Doom. Quizá la gran diferencia es que Tron es una película sobre un videojuego, que puede que trate de dar un argumento en torno a las realidades y la ficción, algo que no se ha abordado en un videojuego existente, porque las mencionadas anteriormente fueron películas adaptadas de los videojuegos al cine.
Los gamers de cine no saben más que cualquier crispetero como yo, o cualquier otro que se le ponen los pelos de punta con solo ver un enfoque de cámara virtual o la imitación de las cámaras de plataforma de los videojuegos. Tron cuenta con lo que un gamer puede esperar de un film, aunque en ocasiones hace falta más de interacción con ese universo, mas acción quizá, pero eso debilitaría, por ejemplo, la relación de padre e hijo que intentan desarrollar de forma progresiva. Otro aspecto fuerte es el acompañamiento sonoro por parte la banda Daft Punk, una compenetración bastante buena y más aún con el guiño del bar de Sussan, donde aparecen los dos integrantes de dicha banda animando el lugar con su música.
Así pues, Tron puede representar más el ideal común de videojuego, mostrando un juego de estereotipo, el juego conocido por explotar la realidad virtual en su máxima forma, definiendo elementos claramente futuristas y quizá inexplicables a algún juicio lógico, sociedades avanzadas o búsquedas de perfección. Esto es lo que hace grandiosa la idea de que un usuario se enfrente, como humano, ante su propia creación irreal y a su universo. Es el juego que muchas veces nos hace trastabillar entre la realidad real y la realidad virtual cuando pasamos tantas horas intentando superar un nivel.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, de David Yates

Lleve la de moda

Por: Iñigo Montoya
La primera razón que se me ocurre para el éxito imparable y en línea de esta saga es un asunto extra cinematográfico, esto es, todo el aparataje publicitario del que viene siempre precedida cada entrega y, como se sabe, la fama trae más fama, sin que necesariamente haya que hacer méritos para tenerla, solo hay que ver a esa gente de la farándula que no hace nada ni tiene ningún talento, sino que son famosos por ser famosos.
El libro tiene el récord de ser el más rápidamente vendido de todos los tiempos: once millones de copias en un día (la marca la tenía el libro anterior de Harry Potter con nueve millones). Es decir, aquí estamos hablando, más que de una película, de un producto de masas que está de moda, hasta el punto que es evidente que su consumo no necesariamente tiene que ver con las características de su contenido, sino con la marca misma.
De no ser por esto, sería otra película más de fantasía protagonizada por jóvenes magos, quienes emprenden una cruzada para recolectar unos poderosos objetos de los que depende la lucha entre el bien y el mal. Toda la película es una seguidilla de conflictos fácilmente planteados y luego fácilmente solucionados, como la pelea entre Harry y Ron, o como cuando son capturados y luego salvados por un ser que sale de la nada.
Tal vez sea una película muy apasionante para quienes crecieron con ella, y por eso la quieren y la apoyan sin importar de qué y cómo está hecha, pero lo cierto es que, si uno no es uno de sus seguidores, encontrará en ella muy poco que sea verdaderamente elaborado o estimulante.