¿Qué pasó ayer? 2, de Todd Phillips

Guayabo (in)moral

Por: Íñigo Montoya


Las segundas partes siempre levantas sospechas. Luego de que la primera entrega de esta comedia causara sorpresa por su humor irreverente y con cierta originalidad, llega la segunda con el mismo planteamiento, pero tratando de darle una vuelta de tuerca a los excesos de la primera, cosa que solo funcionó parcialmente. Aún así, no se pierde el tiempo con ella, eso si uno puede dejar de posar de intelectual con el cine.

El planteamiento en cuestión es simple, pero con fuerza y lleno de posibilidades: un grupo de amigos despierta con un guayabo físico que, a medida de que van descubriendo todo lo que hicieron en su desbocada noche, se va tornado en guayabo moral, todo esto porque, además, luchan contra el tiempo, pues tienen que llegar a una boda a tiempo.

Es la misma historia en las dos. La primera en Las Vegas y la segunda en Bangkok, ambas ciudades de licencias y excesos, ciudades que se pueden tragar a estos hombres y ellos, con la anuencia de las drogas y el alcohol, saben responderle a tanta perdición y se abalanzan sobre la gran noche y no le hacen ascos a prostitutas, travestis, criminales, motines, simios, vandalismo y hasta a lo más sacro de oriente: la espiritualidad de sus monjes y monasterios.

Si bien la cinta no sorprende ni resulta tan hilarante como la primera, sin duda está hecha de lo mismo y proporciona muchos buenos momentos, sobre todo porque su humor está fundado en la incorrección política, algo más bien escaso en Hollywood, que prefiere hacer reír con escatología y la torpeza y mezquindad de sus personajes.

Piratas del Caribe 4, de Rob Marshall

La ventura con risa paga

Por: Íñigo Montoya


Desde los años veinte Hollywood está haciendo películas de piratas. Incluso con momentos de auge a finales de los cuarenta y mediados de los sesenta. Por eso, cuando apareció la primera entrega de esta saga en 2003, fue un encuentro con la nostalgia de ese cine que solo habíamos visto como viejas películas en televisión, y para ajustar, ahora lleno de la espectacularidad que proporcionan los efectos actuales.

Sin embargo, cuatro películas después, resulta inevitable la sensación de estar ante el mismo material, pero ya con los cansados recursos y salidas de las tres anteriores. Además, las películas de piratas ya están encasilladas de por sí en su propio subgénero, el cual pertenece a uno mayor, que es el cine de aventuras. De manera que entre tanto esquema conocido, el del género, el del subgénero y el de la saga, queda muy poco para la innovación y la sorpresa.

Es por eso que una película de estas no da para hacer una crítica de cine, es decir, para reflexionar sobre su narrativa, la construcción de personajes, sus planteamientos éticos o el desarrollo de sus temas. Ni siquiera para hablar de su concepción visual, que es la misma que le vemos a todas estas superproducciones de la última década. Entonces todo en esta cinta está hecho y dicho, ahondar en ello sería infructuoso o reiterativo.

Una última consideración. Hay una razón de peso por la que no me acaba de convencer la saga, en especial esta última. Y es que, como ya se dijo, las películas de piratas pertenecen al cine de aventuras, y en estos tiempos se mezcla, además, con el cine de acción. Pero para que el espectador pueda sentir la tensión de lo que le ocurre a los personajes en sus aventuras y en las secuencias de acción, es la gravedad del drama la que se debe imponer, no obstante, en esta cinta es la comedia, de manera que, si bien para muchos puede ser entretenida, el espectador nunca se toma en serio lo que le pasa a los héroes, y eso le quita fuerza a toda la trama.

En otras palabras, Jack Sparrow nunca parece estar en peligro, porque todo es medio en broma, medio jocoso. Además, se trata de chistes flojos o recurrentes. Justo el humor plano propio de los taquillazos de Hollywood. Eso le quita peso a la historia y a sus personajes, pero sobre todo, al otrora hostil y peligroso ambiente de los relatos de piratas, y desmerece el miedo y la tensión con que, por ejemplo, muchos vimos –en distintas adaptaciones- al joven y atribulado Jim Hawkins en La isla del tesoro ante la maldad del temible pirata Long John Silver. Eso sin contar la reflexión moral sobre la ambición que estaba de fondo en el gran relato de Robert Luois Stevenson.

Thor, de Kenneth Branagh

El hombre que cayó a la tierra

Por: Íñigo Montoya


Lo primero que sorprende de esta película es saber que está dirigida por Kenneth Branagh. Inmediatamente uno se pregunta ¿Qué hace uno de los mejores actores y directores shakespereanos –inglés para más señas- dirigiendo un producto con todas las características (y mañas) de las superproducciones de Hollywood?

Seguramente quiere una mansión más grande, podría ser la respuesta, porque no veo otra razón para que haya hecho esta película el autor de algunas de las mejores adaptaciones recientes de obras de Shakespeare (Hamlet, Mucho ruido y pocas nueces, En lo más crudo del invierno), además de otras deliciosas obras como Los amigos de Peter o Morir de nuevo.

En fin, por lo que sea, su genio en la puesta en escena y dirección de actores aquí pasa desapercibido porque esta nueva cinta, sin duda, es un encargo que aceptó dirigir bajo las condiciones que rigen en Hollywood para este tipo de producciones.

El material, ciertamente, era atractivo para hacer un relato llamativo en términos visuales y de cine de acción. Y efectivamente, se trata de una película que en general no defrauda, pues tiene todos los compontes que el espectador de este tipo de cine espera: imágenes fantásticas y grandilocuentes que hagan justicia al cómic de Stan Lee (inspirado en el dios de la mitología nórdica), llamativos y convincentes efectos especiales, una historia de amor (no consumado, que son las mejores), la lucha entre el bien y el mal, y un héroe todopoderoso, noble, simpático, bien ataviado y bonito.

No es de ninguna manera una historia tediosa, ni tampoco muy obvia o llena de lugares comunes, pero la enumeración de elementos del párrafo anterior bien es cierto que evidencia su gran similitud con todas las actuales producciones de Hollywood de súper héroes y basadas en cómics de la Marvel.

Solo ese contrapunto, visual y cultural, que se da entre los dos mundos le da a esta historia un componente novedoso y crea una permanente expectativa por lo que puede surgir de este encuentro, pero por lo demás, es una cinta que irá a parar al cajón de la memoria donde uno guarda todas las de su tipo.

La chica de la capa roja, de Catherine Hardwicke

La sexy caperuza

Por: Íñigo Montoya


La directora de Crepúsculo esta vez fue contratada para hacer otro relato de cine fantástico, ahora dedicado a la contraparte de los vampiros, esto es, los hombres lobos. La novedad es que se trata de un relato inspirado en el célebre cuento infantil de Caperucita Roja, pero llevado al territorio del cine de acción y romántico.

Porque lo primero que hace esta versión es otorgarle una carga sexual al personaje central para hacerla una cinta atractiva y ponerla al día. Una rubia con generosos atributos es la caperuza roja de esta historia, quien además es pretendida por un par de galanes, el leñador y el herrero. Luego sazonan el relato con un típico conflicto medieval de cacería de brujas y listo, ahí tienen el doble conflicto, el romántico y el de acción.

Aunque descrito así suena demasiado calculado –que en efecto lo es- de todas formas la composición general de la historia funciona para crear una trama atractiva, llena de inesperados giros, narrada con la precisión que siempre caracteriza al cine de Hollywood y con una concepción visual que sabe explotar el paisaje, la época y a sus bellos y carismáticos protagonistas.

Río, de Carlos Saldanha

Los colores alzan vuelo

Por: Íñigo Montoya


Cuando Hollywood se mete con Latinoamérica, nada más sabe reproducir estereotipos y deformaciones de la realidad. Solo puede haber diferencia cuando hay alguien “de la casa” tras el proyecto, y ese es el caso precisamente de esta película, pues su guionista, director y productor nació y se crió en Rio de Janeiro, la ciudad que le da nombre a esta nueva cinta animada.

La idea de la película es muy buena, pues conecta el colorido y vivacidad de las aves tropicales con el tema ecológico, que es tan popular y “apropiado” para los niños. Su historia está planteada de forma muy inteligente a la manera de comedia romántica, incluso por doble partida: por un lado, la historia de las aves, que es la central y más original, y por el otro, la de sus “dueños”, que es más previsible.

A pesar de todo esto, su desarrollo es el de siempre: unos malvados villanos, la necesidad de los protagonistas de llegar de un punto A a un punto B franqueando todos los obstáculos posibles, un pequeño grupo de amigos fieles y encantadores, y un final feliz y aleccionador.

Esto quiere decir que es una película que tiene lo de casi todas las de su tipo, por lo que en general sorprende poco. Pero, de todas formas, los detalles y las pequeñas soluciones son originales y atractivos, además de exótico y refrescante el contexto en el que plantean su historia, esto es, la ciudad de Rio de Janeiro con todo su abigarramiento y colorido y, por supuesto, en medio del carnaval.

Lecciones para un beso, de Juan Pablo Bustamante

Tratado de torpeza y mal gusto

Por: Íñigo Montoya

Esta película es desafortunada casi por cualquier lado que se le mire. Para empezar, se supone que fue concebida como una comedia romántica –o al menos así la promocionan-, pero la gracia se le ve poco y el romance es truncado por dos extremos: la torpeza o el mal gusto. Pero más grave aún, no tiene jamás en cuenta las claves a partir de las cuales funciona una comedia romántica.

Al parecer es la historia de amor entre dos adolescentes, pero lo menos que hay entre ellos es romance, ni siquiera al final, cuando el amor se gana un premio de consolación que no significa nada y antes molesta. En torno a ella, está lo peor de la cinta, lo más forzado y de mal gusto: la apuesta de los tres adultos por, no enamorar, sino conseguir tener sexo con tres mujeres.

El mal gusto y la torpeza empiezan por la prueba que piden para la apuesta (los pantis de la víctima sellados con la marca de un beso -¡Qué originales!-), pero se torna insoportable cuando el espectador es testigo de las bajezas que estos hombres usan como estrategias para obtener su objetivo, un comportamiento que está en las antípodas del romance.

Entre el niño tonto que ni habla ni protagoniza ninguna historia de amor y sus tres atarvanes  consejeros, se dan una serie de situaciones que poco tienen de divertidas y que solo resultan una retahíla de escenas que quieren forzar un humor que no existe, a no ser que a uno le parezca divertido el machismo grosero y los engaños mezquinos.

La película es muy colorida, como Cartagena (la de los turistas) y cuenta con la belleza siempre radiante de Cristina Umaña, que bien pudo ser cualquier otra actriz. Salvo Basile haciendo de él mismo, como siempre, y casi dos horas de profundo tedio, casi de indignación.

Los ojos de Julia, de Guillén Morales

Por: Xtian Romero (cineparadumis.blogspot.com)

Los peores enemigos son a los que no se les puede ver el rostro, porque estás en desventaja, ya que no te puedes enfrentar a ellos en igualdad de condiciones. Guillén Morales tiene eso claro y lo ha demostrado en su pequeña filmografía, o sea, dos películas para ser más exactos, en donde sigue con una misma constante, casi que con las mismas inquietudes, casi que con las mismas formulas, casi que con la misma historia contada de otra manera.

Hace un tiempo me topé con su ópera prima, El habitante incierto, una película con un atractivo argumento que, después de su visionado, deja un poco incomodo, por lo inclasificable y retorcida que puede llegar a ser; y esa misma sensación la he encontrado mientras veía Los ojos de Julia, a pesar de que en este segundo round apele a formulas más comerciales.

Claro que ese extraño sabor de boca no es decepcionante, al contrario, después de ver sus dos películas, se queda con una inquieta satisfacción, pues este tipo, a pesar de algunos “peros” que no puedo evitar criticar, sabe contar una historia de suspenso claustrofóbico.

Julia, junto a su esposo, va a visitar a su hermana que sufre una extraña enfermedad degenerativa que la ha dejado ciega, pero encuentran que se ha suicidado. Contra el criterio de todo el mundo, Julia asegura que hay algo más detrás de ese suicidio, hay algo que no encaja bien, y comenzará una búsqueda implacable de ese algo o ese alguien que nadie puede ver según ella, mientras va sufriendo la misma enfermedad de su hermana y pierde la vista paulatinamente.

El arranque de la película es atrapante y el ritmo se va manteniendo, el director logra tomar el control de la historia en el momento en que piensas que se le va a salir de las manos. Lo que más aplaudo de las decisiones narrativas, es poner al espectador en los ojos de Julia, ver lo que ella puede ver, y no ver lo que ella no puede ver, pues esos momentos de ceguera en que no se pueden ver los rostros de sus interlocutores, logran transmitir esa sensación cuando no puedes saber qué es lo que te está amenazando. Todo eso se ve reforzado por una fotografía tremenda, fría, oscura, ayudada de unas locaciones que sin ser sucias, al contrario, muy cuidadas, generan angustia al ritmo de una banda sonora inquietante.

Un aplauso más sonoro por la actriz Belén Rueda, que le da vida a su personaje protagónico con una fuerza dramática impresionante. Los demás actores no se quedan atrás, pero en eso sí hay que hacer un apunte, se siente que en la película hay muchos personajes o muy gratuitos o pobremente caracterizados desde la misma creación del guion, que solo sirven para un par de trampitas en la historia, la cual se vuelve más extensa de lo necesario, pero desemboca en un final interesante, tal vez un tanto rosa y un poco forzado para un trasfondo amoroso al que no se le dio mucha fuerza desde el principio, pero al fin y al cabo, interesante.

Tal vez un poco más de rigor en la construcción del guion hubiese convertido esta película en una historia mucho mas redonda y contundente en su ejecución, pero de todas maneras, conociendo ya las dos realizaciones de este novel director, se puede decir que va a pasos agigantados en su crecimiento profesional, y ojalá nos siga regalando más sorpresas en su haber cinematográfico, que espero sea largo, pues su mirada, su forma de contar historias, y sus inquietudes, me causan un buen morbo cinéfilo.

Sucker punch, de Zack Snyder

Chicas guerreras y nada más

Por: Íñigo Montoya

Si uno lee la sinopsis de esta película, puede resultar una idea atractiva e interesante. Hay un hospital mental, un burdel-prisión, batallas en guerras de distintas épocas, mucho rock, realidades paralelas, mundos imaginarios… Pero no, en realidad, se pasa de “interesante”, pues ya la mera enumeración de elementos tan disímiles la hacen una historia excesiva, por no decir disparatada.

Y efectivamente, toda esa historia de la chica metida en un hospital mental, pero que imagina que está en un burdel, pero que se transporta a guerrear en audaces batallas con sus sensuales compañeras, es una acumulación de recursos gratuitos y giros forzados con la única intención de soportar las secuencias de acción, llenas de efectismo y visualidad, que más parecen el intro de un video juego.

Y no es que esté en contra del cine de acción, pero es que a esta cinta se le pasa la mano al subordinar todo a la glamurización de la acción. Pareciera que solo le interesa acomodar el relato de la forma más fácil para que dé lugar a ubicar a las cinco chicas sensuales, bien armadas y ejecutando las más inverosímiles y audaces acciones, que poco tienen de tensionantes porque todo se les da muy fácil.

Es cierto que como es una película a la que tanto le interesa la concepción visual (su director es el mismo de 300 y de Watchmen), tiene un acabado muy atractivo, unas imágenes impactantes y momentos de verdadera brillantez visual, pero todo se queda en el exhibicionismo.

Es que ni siquiera la buena música que acompaña las secuencias de acción termina por convencer, pues todas son muy buenas y hasta conocidas canciones de rock, pero ninguna de ellas en su versión original. Se escucha durante la película canciones de Pixis, Björk, Eurythmics, The Beatles, Jefferson Airplane… pero cantadas por otros, maldita gracia.

Matrimonio por contrato: La familia como un gran comercial

Por: Íñigo Montoya

A partir de un interesante planteamiento argumental, esta película pretende criticar el consumismo en el mundo moderno, y en especial en sociedades como la estadounidense. En medio de eso, tiene de todo un poco, un humor sutil, dramas picantes, reflexiones sobre la identidad y sobre el amor.

Se trata de una familia (que no solo un matrimonio, como lo propone su torpe rebautizo en Colombia) que es contratada para parecer perfecta y con esto vender su estilo de vida, un estilo de vida que solo es posible gracias a sus cada vez más sofisticadas y novedosas posesiones materiales. De manera que querer ser como ellos es tener lo que ellos tienen.

El planteamiento de entrada ya es atractivo y, si se piensa realmente en sus implicaciones, muy impactante y preocupante. De hecho, la película sugiere que esto realmente ocurre y no solo en Estados Unidos. Lo preocupante está en esa diferencia entre el ser y el tener, pues confundir lo uno con lo otro es una forma de deshumanización, de cambios de valores, lo cual es tan común en las sociedades consumistas, que en realidad lo son todas, solo que no todas pueden permitírselo.

Cuando esta visión materialista de la vida que sustenta a esta falsa familia empieza, inevitablemente, a ser invadida por lo que realmente es y quiere cada quien, es decir, cuando las emociones empiezan a “pervertir” los negocios, entonces la trama de esta cinta da un giro mucho más interesante y empieza a explorar con mayor profundidad, no solo a sus personajes sino lo que ellos representan.

Con la tragedia final, que trae consigo la rebelión frente al sistema de uno de los personajes, la película se muestra clara y contundente en la argumentación de su tesis, confrontando con esto dos valores universales: el amor y el dinero. Un eterno dilema que divide al mundo en tres grupos: los del dinero, los del amor y los que, según las circunstancias, dudan en su decisión.

Por todo esto, The Joneses (como es su título original), es una sorpresa de la cartelera, pues resultó una película inteligente y con una seria crítica acerca de la sociedad contemporánea, una crítica que sabe desarrollar y cuestionar con eficacia.

Marte necesita mamás, de Robert Zemeckis

Los fracasos de un director prometedor

Por: Íñigo Montoya



Hasta hace una década el nombre de Robert Zemeckis se perfilaba como el más prometedor de la industria de Hollywood. Se hablaba de él como el sucesor de Spielberg, por su capacidad de hacer películas de gran éxito, con historias bien contadas y una cierta calidad cinematográfica: la saga de Volver al Futuro, Quién engañó a Roger Rabbit, La muerte le sienta bien, Forrest Gump, Contacto, Náufrago, entre otras.

Sin embargo, en la última década, su empeño con la animación digital por vía de la técnica del capture motion (filma primero a los actores y luego los convierte en animación 3D), solo le ha significado unos irregulares resultados, tanto en la taquilla como en la calidad cinematográfica.

Ha hecho cuatro películas con esta técnica: El expreso polar, Beowulf, Los fantasmas de Scrooge y Marte necesita mamás. Esta última ha sido su mayor descalabro, sobre todo en lo comercial, pues las expectativas eran muy altas y la respuesta fue tan pobre que le cancelaron su próximo proyecto, una nueva versión del Submarino amarillo.

Y efectivamente, esta nueva cinta infantil si bien presenta un planteamiento argumental con cierta originalidad (un niño tiene que rescatar a su madre raptada por marcianos que la usan para criar a sus propios niños), termina siendo desarrollado de forma muy convencional y predecible, aunque sin llegar a ser tediosa o malograda.

Igualmente, la concepción visual es atractiva, pero todo el trabajo en que se ha puesto Zemeckis con su “nueva técnica” no se diferencia demasiado de las otras películas de animación, pues su ambición es lograr el mayor realismo posible en las expresiones y movimientos de los personajes, y si bien tiene mayores avances que la animación convencional, la diferencia no es suficiente como para que por sí sola ya tenga un atractivo superior a las demás.

No es que sea una mala película, al contrario, tiene todos los elementos de una bien lograda película infantil de animación, pero teniendo en cuenta las ambiciones, inversión y expectativas de la cinta, así como el nombre de su director, el hecho de que el resultado sea solo una película más del montón es lo que pone en evidencia su fracaso como producto industrial y cinematográfico.